25 junio, 2024

Lección no aprendida, causa jamás asimilada

“Nadie gasta el dinero de otra persona tan cuidadosamente como gasta el suyo”1. Si esta premisa fuese aceptada como cierta, algo por demás racional, la conclusión lógica a nivel macro se traduciría en que la eficiencia gubernamental se sostendría sobre la calidad (hacer más con menos) del gasto, mas no sobre la cantidad (recursos en demasía producen dispendio) del mismo. La convencional aplicación de este aforismo implicaría también ciertas limitaciones, tampoco no menos ciertas y en líneas generales, que los abultados presupuestos estatales de poco o nada han servido para remediar las penurias de la sociedad.

Si bien los socialistas son los más voraces manipuladores de los activos privados a través de sus políticas públicas, las evidencias apuntan a que todos los gobiernos, indistintamente de su raíz política, han actuado ceñidos a dicho totalitario argumento. Y lo han hecho, más que por falta de criterio, porque acabar con dicha práctica implicaría renunciar a las prebendas de un republicanismo mal entendido y erróneamente aplicado. El costumbrismo ha sido la manifestación del poder del Estado a través de sus autoridades y los fondos provenientes de los contribuyentes. El día en que los políticos entiendan que menos gobierno en la vida de la gente produce resultados más eficientes sobre sus demandas más apremiantes, entonces empezaremos a tener gobiernos más responsables y mejor sintonizados con la sociedad. Nunca estuvimos tan cerca, pero una vez más tan lejos de lo que buscábamos como aquello que debería ser.

1. Traducción literal de un extracto de una conferencia impartida por el economista estadounidense Milton Friedman, Premio Nobel de Economía 1976.

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¿Dictadura aérea?

Como Gerente de la Autoridad Aeroportuaria de Guayaquil me preocupo constantemente que TAGSA, concesionaria del aeropuerto, preste el mejor servicio posible a los usuarios de nuestro José Joaquín de Olmedo. Viajar es una experiencia traumatizante. Por más que pensemos en las vacaciones de las que vamos a gozar luego, muchos creen que “si Dios hubiera querido que voláramos nos hubiera dado alas desde el principio” y hay un temor natural a subirse en un avión. Además, hay que cargar maletas y hacer colas en el “counter” de las compañías de aviación, a veces con largos minutos de espera y largas filas. Luego está el trámite un poco inquisidor de parte de inmigración y de la seguridad del aeropuerto. Por ello es imprescindible tratar de hacer que el ambiente del aeropuerto y el trato del personal del mismo se extreme en hacer la estadía del pasajero en sus instalaciones lo menos desagradable posible.

Con orgullo tengo que expresar que hemos tenido éxito en nuestro empeño, que TAGSA está cumpliendo a cabalidad con sus obligaciones contractuales de concesionario y que la AAG fiscaliza su desempeño de manera eficiente. Lo ratifican todos los premios internacionales que hemos recibido año tras año desde la inauguración del José Joaquín de Olmedo: Mejor Aeropuerto del Mundo en la categoría de 2 a 5 millones de pasajeros anuales en el 2011 y Mejor Aeropuerto de América Latina y el Caribe del 2007 al 2009 y siempre hemos estado entre los tres mejores en estas categorías en las encuestas de la ACI. Por otro lado ya van dos años seguidos que Skytrax nos reconoce como el Mejor Aeropuerto Regional de América del Sur.

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