1 marzo, 2024

La penumbra del examen de ingreso universitario

¿Debe o no haber examen de ingreso a la universidad? La academia universal favorece una prueba que filtre a los candidatos y discrimine a los incompetentes. La respuesta social, sin embargo, se pronuncia negativamente porque en el sentido más amplio de libertades todo ciudadano debería libremente ingresar. Ese libre ingreso, empero, debería ser por cuenta propia, pero presupone que no sería el estudiante quien cubra dichos valores, sino más bien el Estado. Si así fuera, ¿debería el Estado responder por los gastos de todos, apenas de los mejores o de nadie? El debate no debería ser ideológico, pero se rinde ante la manipulación política.

La gratuidad es solventada por quienes alegan que el estudiante carece de recursos y representa a una primera generación de universitarios en su familia. Si así fuese, ¿debería acaso el Estado cubrir también los gastos de transporte, salud y vivienda? Partiendo de una premisa estrictamente económica, los recursos siempre serán escasos y lo eficiente sería no costear los gastos de todos.

El debate, políticamente manipulado, se diluye hasta llegar al mercado laboral donde por naturaleza práctica se escoge siempre al mejor candidato disponible. ¿Por qué habría el Estado de subvencionar los estudios superiores de alumnos no calificados? Se debería invertir en educación primaria y secundaria, mejorándola sustentablemente como pilares de una posterior educación técnica y académica que no puede ser indiscriminadamente gratuita. Las fallas estructurales no se resuelven mediáticamente.

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“La lealtad es un compromiso tácito o explícito de ayuda y apoyo que se establece con una ideología, norma moral o ética, personal o de grupo”.

La lealtad sirve a los humanos para apoyarse mutuamente, respaldada por la ayuda que es avalada por la lealtad.

El cuerpo necesita de esta fidelidad, porque nuestro “hombre interior”, precisa esta seguridad espiritual. Jesús llamó a este tipo de gente que no da lealtad: “muertos vivientes”.

El político, “sabe” con qué lealtades cuenta, pura o comprada, en una arriesgada maniobra política.

La renuncia del Papa

Benedicto XVI, Orando

Antonio Machado, el genial poeta español, decía en uno de sus versos
“caminante no hay camino, se hace el camino al andar”, queriendo significar
que el ser humano no viene al mundo con una ruta trazada sino que le toca
hacerla. Algunos pierden el sendero al dejarse llevar de las pasiones o buscan
única y exclusivamente su propio interés. Esos viajeros de la existencia
pueden tener éxito momentáneamente, pero, al no dejar ningún legado
espiritual, poco a poco se pierde el recuerdo de sus existencias. Otros en
cambio, como Benedicto XVI quien tuvo la valentía de renunciar al papado
pidiéndole a la Iglesia Católica que se renueve y reniegue del egoísmo,
demostró humildad y generosidad dejándonos una profunda huella.

El Papa es una persona muy preparada habla diez idiomas y lee griego
antiguo y hebreo, además ha sido reconocida su labor por ocho universidades
quienes le han entregado doctorados honoris causa. Pero lo más importante
de su misión es que cambió la forma de dirigir la Iglesia Católica y afrontó
con valentía los problemas que existen dentro de ella.

1 comentario

  1. El artículo termina por donde debió empezar: reconocer que es una falla estructural. El libre ingreso es una medida angustiosa, extrema, para no dejar fuera a quienes el propio sistema los incapacitó, los tornó incompetentes por la mala calidad de educación primaria y secundaria como lo reconoce el propio artículo.
    El debate se torna político porque es un problema de política pública. Históricamente los recortes han sido en educación en evidente contradicción con el discurso de su importancia.
    El libre ingreso es un tema no necesariamente ligado a la gratuidad. En el ámbito nacional, y hablo de mi propia experiencia, por ejemplo la EPN tenía el libre acceso a prepolitécnico -no sé siga funcionando así- y este era un verdadero colador pues era un grupo muy reducido el que lograba pasar nivelando tanto conocimientos como oportunidades, muchos estudiantes de sectores populares lograron acceder por mérito propio y ser profesionales reconocidos hoy en día. Otras universidades optaron por una «nivelación» más laxa que terminó incidiendo en la calidad.
    Reducir el tema a lo económico, a lo político e incluso a lo meramente pedagógico conlleva a soluciones parciales y discriminadoras siempre, al menos así lo confirma la experiencia nacional.

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