19 junio, 2024

La ley de la prosperidad

La izquierda revolucionaria venció en las elecciones del 2006 y sin fundamento alguno, salvo su momentánea popularidad y su pretensión de perennizarse en el poder, intentó decretar la prosperidad nacional a través de los consabidos derechos posteriormente consagrados en la Constitución del 2008.

Las seccionales del 2019, más allá del superlativo desgaste de la izquierdista clase gobernante, han confirmado que a los votantes poco o nada les interesa la ideología política de los candidatos al momento de definir su futuro. Se establece así que la filosofía es ampliamente superada por el individualismo en la conquista de un electorado en permanente búsqueda por elegir políticos que cuando menos mitiguen sus padecimientos diarios. El tercermundismo no aspira a más porque la practicidad de la inmediatez continúa primando sobre la trascendencia del largo plazo. Aquello debe cambiar y solo será posible a través de una nueva Carta Magna que trace el sendero político jurídico a través del cual la sociedad deba buscar su emancipación del cortoplacismo.

La reestructuración de la deuda externa debe ser pieza angular de cualquier plan que pretenda alcanzar un crecimiento económico sustentable. El alardido acuerdo con el FMI, más allá de que el Gobierno no podrá cumplirlo, no contempla ni lo uno ni lo otro. Las estadísticas gubernamentales son manipulables, pero la realidad en las calles es inobjetable. La circense preocupación por los más vulnerables es solo un gambito comunicacional de último recurso. ¿Hasta cuándo Lenín?

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Un máximo de prudencia

Muy pocas veces se me complica ordenar mis ideas cuando el tema a desarrollarse conlleva implícitamente matices de especiales características.

Aunque esta vez debo confesar que mi cabeza es un torbellino de ideas, reflexiones y cuestionamientos que van mas allá de querer entender los verdaderos motivos que están empujando a nuestros pueblos a la desgracia total, todo esto debido a la inefable conducta, principalmente, de un irresponsable e inescrupuloso presidente de un país como Venezuela, hasta hace poco eminentemente pacífico.

El Papa Francisco y San Francisco

VATICANO PAPA FRANCISCO

San Francisco de Asís vivió en tiempos similares a los que tiene que vivir actualmente nuestro Papa Francisco, como Pastor de nuestra Iglesia.

Es interesante ver que en los tiempos de crisis, es en la que han proliferado más los Santos de la Iglesia. En la época de San Agustín, las persecuciones a los Sacerdotes, hacía que muchos de ellos, para evitar ser asesinados, apostaten de su fe. Aquí aparece San Agustín y varios otros Santos más. Luego, en la época de San Francisco, la inmoralidad, el libertinaje en algunos Sacerdotes, creo otro nuevo grupo de Santos. Por 1540, luchando contra la corrupción que había, Lutero se separó y produjo un cisma, seguido luego por otros, que después, al perder a Dios, se dejaron llevar por lo mundano, y la Iglesia respondió con San Ignacio, San Francisco Javier y varios otros Santos. Dios siempre ha estado atento a mandar a los Santos a defender su Iglesia.

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