18 abril, 2024

A mi esposa en el día de las madres

“A veces pienso cómo sería si no nos hubiéramos conocido. No tengo ni sombra de arrepentimiento”. “Esta es la vida que amo y estoy contigo”. “Eres la raíz de todo lo que hago y lo que soy”. (Tomado del libro: “Por siempre mi esposa”, publicado por Helen ExLey).

No sabia que obsequiarle, al pasar por la librería ubicada en el 2do. piso del Riocentro, de la Av. Samborondón, encontré el regalo que requería, lleno de pensamientos con los que me identifique y la identifique a ella.

Esperé que se duerma y en una fundita Roja carmesí, se lo deje en el velador de su cabecera, para cuando ella despierte, lo vea y lo lea, al menos algunos pensamientos alusivos al tema que me ocupa. Le gusto mucho, se sintió feliz y con lágrimas en los ojos, me lo agradeció.

Aquel día, pasamos en familia, pasamos en familia en casa de mi hija Maria Fernanda. Una reunión muy linda, con los nietos/as, los consuegros -Danilo y Pachecho- concuñado, cuñadas, sobrinos/as políticos, sus hijos/as, mi hijo Gabriel, mis nueras, y mi yerno, su hermano. Billy, su esposa Avelina y sus 2 hijas.

Esta vez no hubo discursos, -que siempre, los doy-, Por ello, escribo estas letras, para dar testimonio de lo mucho que disfrutamos de esta reunión familiar.

Le debo el ramillete de flores a mi madre. Juntos, con mi hermano Vitamino, la visitamos los Sábados o los domingos. Ella nos disculpara nuestro retraso y se sentirá feliz de vernos, en su tumba, en la que descansa en paz. Que nos sigue guiando, protegiéndonos y fortaleciéndonos desde el cielo junto a mis hermanas, Ana Rosa y Matty, mi abuela Ana Muñoz, mi tía Amanda de García, mi consuegra Mariana de Portugal, mi padre, mis suegros y tantos otros miembros de mi familia, que nos sirven de escudo y protección. Que Dios los bendiga.

Este regalito tan especial, es para una amorosa esposa que comparte su amor, sus problemas y alegrías, día a día conmigo. Con esto te digo: “GRACIAS POR TODO; TU COMPLEMENTAS MI VIDA”.

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Cuando era niña solía jugar al “concurso de belleza” y también a “viajemos a Costa Rica”.

El concurso de belleza lo hacía vistiendo a mis muñecas, sobre todo a Mariquita y a Karyna, con los vestidos que mi abuela Carlota cosía para ellas. Las ponía a todas bien arregladitas, paradas, apoyadas en la pared y empezaba a discernir cuál sería la ganadora.

Viajemos a Costa Rica, lo jugaba con mis primos Rossella y Piero, cuando ellos venían de visita ya que vivían en Esmeraldas. Nos encerrábamos en el amplio closet que yo tenía para guardar los juguetes, ese era el avión. Y de ahí partíamos a Costa Rica. ¿Por qué Costa Rica? Porque ahí vivían nuestras tías, la tía Carmen y la tía Gloria, y tal vez por el deseo de ir a verlas no se nos ocurría otro destino. Pasábamos horas imaginando el viaje, “metidos en el avión”.

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