28 mayo, 2024

Olmedo y Rocafuerte, insignes federalistas y próceres de la independencia (Parte 1)

José Joaquín de Olmedo y Maruri, y Vicente Rocafuerte Bejarano, nacieron en Guayaquil el 20 de Marzo de 1870 y el 1 de Mayo de 1783, respectivamente. A su vez, Simón bolivar palacios, nació en Caracas, el 24 de Julio de 1783.

Olmedo fue amigo de Rocafuerte desde la infancia; desde jóvenes coincidieron en ideales políticos.

Pero las experiencias que recogió Olmedo despues de haber vivido cinco años en España, desbarataron por completo sus proyectos juveniles. Después de trabajar asiduamente en las Cortes de Cádiz y vagar por todas partes como prófugo de la justicia, sus ideas comenzaron a cambiar radicalmente. Ahí se había vuelto a juntar en aquellas ciegas peregrinaciones sin rumbo, con su querido amigo de la infancia, Vicente Rocafuerte. El carácter intrépido y fogoso de ese otro guayaquileño se oponía al temperamento modesto y culto de José Joaquín de Olmedo. Rocafuerte se había educado en Francia con Bolívar, llegando a ser en esos años «el mejor amigo de Bolívar», como el libertado lo había de confesar a Flores un mes antes de morir.

Pero luego entre los dos se habían abierto grandes diferencias. El libertador era un hombre de armas por convicción y para él, la fuera debía ir adelante, para luego hablar de leyes y de paz. Rocafuerte por el contrario, era «anti-militar» encarnizado. También diferían los dos en las formas de Gobierno. Bolivar quería reducir las Colonias enmancipadas en una sola República en la cual el mismo fuese su presidente vitalicio, por el contrario, Vicente Rocafuerte era «el federalista mas rabioso» que el Libertador había conocido.

Olmedo había coincidido con Rocafuerte en tales principios y se había propuesto imponerlos por medio de la «Razón y Filosofía», como lo diría en su mensaje con motivo del primer aniversario del 9 de Octubre de 1820.

Olmedo fue amigo de Rocafuerte desde la infancia, a pesar de que era tres años mayor. Difirieron en los lugares donde pasaron sus años de formación intelectual, pues Rocafuerte los pasó en Europa. Bolivar previno a Flores sobre la identidad de ideas y criterios que a favor del Estado Federalista  y antimilitarista, tenían Olmedo y Rocafuerte, divergencia absoluta con Bolivar respecto a la constitución de estados. Y es que el Libertador podía alegar derechos de enmancipación sobre Venezuela, Colombia y parte de Perú, pero Guayaquil se había emancipado  por su propia y soberana voluntad, antes de su llegada y, había contratado pagando con sus propios recursos, los servicios de Guayaquileños, Colombianos, Peruanos, hispanoamericanos, y de Sucre, para independencia de Cuenca y Quito.

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Seguramente Villamil protestaba por lo ocurrido a John Worthy, comerciante inglés a quien José Joaquín de Olmedo y Francisco Roca obligaron a bajar toda la carga de la nave para aforarla, a pesar de que apenas una parte de ella se quedaría en Guayaquil. Worthy amenazó con pedir ayuda a la marina naval inglesa. Afortunadamente Olmedo usando diplomacia logró convencer a Roca de que no era correcto que Worthy pagara aranceles sobre una mercadería que se vendería en otros países. Francisco Roca era uno de los comerciantes más grandes y ricos de Guayaquil y debió ser parte interesada en presionar para no tener competencia.

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Otro prestigioso experto en economía, en este caso guayaquileño, también rechazó los argumentos de que la carestía de la vida y el alza cambiaria, eran culpa de los banqueros y exportadores, y que el retiro del país del patrón oro, a través de la ley moratoria, causaba la emisión desenfrenada de billetes. En su sólida explicación, Víctor Emilio Estrada comentó:

“En el Ecuador no existió inflación, …ANTES de la inconvertibilidad de 1914…desde que se fundó el Banco Comercial y Agrícola hasta agosto de 1914, es decir durante 16 años el país vivió bajo el talón de oro y bajo circulación legal y franca de oro amonedado… Durante esos 16 años la moneda se mantuvo estable… el Ecuador no sufrió ni siquiera un remedo de inflación…Antes de la guerra, antes de la apertura del canal de Panamá, antes de sanearse y abrirse francamente al mercado internacional el puerto de Guayaquil, antes de elevarse los precios, antes de desarrollarse la economía del interior, antes de que el ferrocarril a Quito valorizara por su espléndida producción nueva y de intercambio a la región interandina, antes de verificarse esos verdaderos acontecimientos en la historia económica del Ecuador, éste usaba para sus cambios interiores una masa de monedas de 17.700,000 sucres y ahora que las causales arriba expresadas han hecho necesarios dos o tres sucres para adquirir o negociar lo mismo para lo que antes bastaba uno, ¿será posible que el circulante sea menor que antes? Evidentemente que no es forzoso concluir por lo tanto que falta motivo en la acerba campaña que tiene por blanco al sistema bancario del país, que precisamente es el único elemento que puede suplir la comprobada deficiencia del circulante”.

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