28 mayo, 2024

La esperanza (II)

“La esperanza es lo que nos hace seguir adelante”. Catherine Pulsifer

“Sin esperanza se acaban las razones para vivir”. Delimar Miranda Viera

“Nunca pierdas la esperanza. Las tormentas hacen a la gente más fuerte y nunca duran para siempre” Roy T. Bennet

Con la introducción de estos tres pensamientos y las definiciones de la esperanza que transcribo a continuación trataré de enmarcar la reflexión de esta, yo diría, fuerza que nos mueve constantemente en nuestras vidas: la esperanza.

Del diccionario: “La esperanza es el estado de ánimo en el cual se cree que aquello que uno desea o pretende es posible.”.

El diccionario de filosofía Walter Brugger define a la esperanza así: La expectativa de un bien deseado”.

Con estas consideraciones, cada quien tiene además su propia y particular definición, más aún, su vivencia diaria de lo que es la esperanza en sus vidas.

Para muchos, la esperanza los ayuda a no caer en la depresión y para otros, aunque parezca contradictorio, los lleva a la muerte. Es el caso del fundamentalismo y fanatismo musulmán de aquellos terroristas que además de inmolarse con una bomba, matan a muchos inocentes con la esperanza de llegar al cielo musulmán, con gratificaciones de las más mundanas, rodeadas de hermosas vírgenes.

La misma esperanza puede estar en dos bandos o actores opuestos. Por ejemplo, en dos equipos de futbol que se enfrentan tanto los jugadores, el público y varios actores de cada equipo, que tienen la esperanza de ganar.

En la política, unos esperan ganar y que pierdan sus contenedores y viceversa y así en todos los hechos de nuestras vidas.

La esperanza, en la religión, es una de las tres virtudes teologales, junto a la fe y la caridad que nos dan la confianza de alcanzar la vida eterna con la ayuda de Dios, para los creyentes.

Vivimos el día a día en lo personal, sentimental, laboral, consciente o inconscientemente movidos por la esperanza, por ello creo y considero que es un deseo, una fuerza motriz en nuestras vidas.

Aquí cabe otra reflexión y es el hecho erróneo de esperar que todo lo que deseamos se haga realidad sin esfuerzos, sin lógica y realismo en nuestras actuaciones y sin acciones.

Así, si alguien se enamora de otra persona y espera que ella le corresponda y preste atención sin hacer nada esperando un milagro, está más cerca del manicomio que de la felicidad.

Así mismo, si alguien espera superar una enfermedad sin hacer nada, ni visitar al médico y sin seguir tratamientos, está viviendo en un mundo irreal.

Podríamos mencionar muchos casos más como tantos de los que constituyen nuestras vidas, pero debemos entender que la esperanza funciona como fuerza de arranque y empuje, si nosotros actuamos y hacemos todo lo que debemos para alcanzar nuestros objetivos.

Concluyo con algunas frases famosas para que puedan ampliar sus reflexiones con la “esperanza” de que le sean útiles:

“No importa qué tipo de dificultades tengamos, como dolorosa sea la experiencia, si perdemos nuestra esperanza, ese es nuestro verdadero desastre.” Dalai Lama

“Debemos aceptar la decepción finita, pero nunca perder la esperanza infinita.” Martin Luther King Jr.

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Arrivederci

El 1 de agosto del 2014, el diario El País Internacional de España, publicó un artículo titulado “La justicia en Ecuador ensaya un lavado de cara ante su mala fama”. En él se hacía alusión a que el listado de jueces que dejarán su sillón en enero del 2015 todavía era una incógnita, mencionando que se temía que magistrados que han sido cuestionados, estén en la cuerda floja, como Johnny Ayluardo Salcedo, quien dictaminó la libertad de la líder de la Unión Nacional de Educadores, Mery Zamora.

El diario español fue adivino, pues el referido magistrado salió de la Corte Nacional de Justicia. ¡Crónica de una muerte anunciada! Resulta curioso que los magistrados que han salido son casi todos de la sala penal y los que se han quedado tienen en su mayoría más de 22 años en la Función Judicial. La comisión que los evaluó parece que no consideró los títulos obtenidos por los magistrados, al evidenciarse que jueces que no tienen ni una sola especialidad, están por encima de aquellos que tienen estudios de maestría.

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