19 junio, 2024

David contra Goliat

Por primera vez en aproximadamente 8 años (por que los dos primeros años, fueron de ingenua credulidad y esperanza), se siente una oleada de fé y esperanza  en el futuro del país, como dije en artículos anteriores, los ecuatorianos cambiamos el oro por la hojalata, buscamos lo que no se nos había perdido y en esta búsqueda perdimos más de lo que ansiábamos encontrar…entre otras cosas la muy preciada Libertad.

” Nadie sabe lo que tiene hasta que lo pierde”…

Es muy claro y veraz el proverbio; sin embargo, la eterna inconformidad del ser humano, lo hace aventurarse por caminos muchas veces escabrosos y caer en manos de parias y vándalos, que deambulan por el mundo, engatusando a cuanto mortal se cruce en su camino ofreciendo baratijas a cambio de oro, vendiendo sueños y fantasías  con discursos demagógicos cargados de burdas y almibaradas mentiras,  cuyo único propósito  en la vida es saciar su inmensurable y voraz apetito de poder y a través  del mismo lograr sus objetivos personales que por lo general están opuestos a los intereses colectivos.

En nuestra eterna búsqueda del santo grial apostamos por un  régimen no democrático, cuya característica principal es la forma viciosa del ejercicio del poder: monopolista  sin límites ni control, realizado por un grupillo de personas en su mayoría recicladas de la vieja y viciosa guardia política, que autodenominados  revolucionarios  y embarcados en mañosas “elecciones libres”, aplican la receta socialista, que no es otra cosa que la misma que aplican los regímenes no democráticos: concentración del poder en una sola persona o en un núcleo reducido de personas, sumisión de los gobernados a la persona o personas poseedoras del poder, empleo de los medios de comunicación para lanzar propaganda política, represión contra cualquier tipo de oposición, censura cultural e ideológica, inestabilidad en el sistema legal y arbitraria interpretación de las leyes, entre otras maravillas.

Cuba, hermosa Isla, cayó en las garras de  estos vándalos, en cincuenta años perdió la libertad, la fé y la esperanza y sus coterráneos deambulan por el mundo, llevando su imagen en la mente, su dolor en el alma y un puñado de tierra cubana entre sus atesoradas pertenencias.

Venezuela, otrora país que llegar ahí significaba conseguir el sueño sudamericano para muchos de la región, incluídos los ecuatorianos.

Ecuador, apostó y se equivocó, al elegido le quedó grande el sillón de Carondelet, a las puertas de cumplir los 10 años de , con todo empuje y arrojo, casi al braveo, saliendo  por sus fueros a puesto un alto a la sinrazón, tomándose las calles para manifestar su voluntad de cambio y a ejercer con total y absoluto derecho a elegir en libertad, la suerte que la vida le depare.

Ecuador es un país, de personas netamente pacifistas no beligerantes y en ese contexto, estos diez años han sido de aprendizaje,  en la tolerancia, en la austeridad al ajustarnos el cinturón, en el ejercicio de la paciencia de cada sábado, manteniendo la radio apagada y no poder escuchar nuestra música preferida, en el asombro ante tanto cinismo, en la esperanza de mejores días, en la tristeza y dolor ante el auge del consumo de drogas entre nuestra juventud, en la fortaleza, en la resiliencia, entre otros aprendizajes.

Pero es precisamente ese aprendizaje de 10 largos años, lo que le permite tomar decisiones en este momento histórico. Nadie le asegura que no se volverá a equivocar, pero es la única carta que tiene bajo la manga en este momento.

LO ÚLTIMO QUE MUERE ES LA ESPERANZA…

Esta esperanza se agigantó, el 19 de febrero en donde cual épica hazaña..David, venció a Goliat!!!

y fue creciendo como una gran marejada, hasta lo que es hoy, un sunami, con tintes devastadores, que amenaza con arrasar  todo lo que encuentre  a su paso y no dejar títere con cabeza, poniendo al oficialismo contra las cuerdas, cayendo en la desesperación , que no es otra cosa que miedo, a las consecuencias graves que dejaría el sunami para los gobernantes de turno.

“Se puede  engañar a algunos todo el tiempo, y a todos algún tiempo; pero no se puede engañar a todos, todo el tiempo”… Abraham Lincoln

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