29 mayo, 2024

La valentía, audacia, agallas… ¿Es una reacción ante el terror, miedo o pánico?

Hoy debo contradecir al autor Haruki Murakami, a quién no le gusta hablar de sí mismo, para demostrar rasgos importantes de mi propia personalidad.

En “Sputnik, mi amor”, una de las obras de Mukarami, nos confiesa a través del protagonista, un profesor de primaria, las razones por las cuales rechaza hablar de sí mismo.

El profesor dice que cada vez que le toca hablar de sí mismo se siente confuso. Se ve atrapado en la clásica paradoja a la que conlleva el contestar a la interrogante de “¿Quién soy?”.

“Si se tratara (dice) de simple información, pues nadie mejor que yo para dar todos los detalles. Sin embargo, cuando hablo sobre mí, ese yo de quien hablo queda automáticamente empobrecido, limitado y condicionado precisamente por ese otro yo, que soy yo mismo, ¿víctima de quién? Pues de mi propio sistema de valores, de mi sensibilidad, de mi capacidad de observación, y de otros condicionamientos.”

¿Hasta qué punto se ajusta a la realidad ese yo que retrato?

He visto otras personas que no parecen sentir el mismo temor cuando se trata de hablar de sí mismos. Se representan sin ningún pudor como seres sinceros y francos, y a la vuelta de la esquina esos mismos “sensibles” innumerables veces hieren los sentimientos de los demás.

Seré lo más objetivo en mi descripción para permanecer en completa armonía con lo que transmito a los demás.

En el título de este escrito: La valentía, audacia, agallas… ¿Es una reacción ante el terror, miedo o pánico? Muchos después de muchos actos intrépidos no pueden fijar que los motivó y menos considerar que fue una acción especial.

Familiares y amigos muy queridos me piden que no me meta. Empero oigo a mi Padre, tíos y amigos de ellos que desde el más allá me dicen defiende tu patria, sé leal a tus principios.

Me causan cierta hilaridad llamadas de teléfonos con identificación de código venezolano y no puedo caer en la trampa de creer en delirantes amenazas locales.

Me gusta deliberar y escuchar los puntos de vista de quien tiene la inteligencia de plantearlos y refutarme con base, pero temo que sea un imbécil el que me rete a pelear porque no conozco el basta. Doy y aguanto y hasta hoy, de hombre a hombre, siempre ha llorado el otro; y si es bajo una vil emboscada he sido programado para reaccionar y conocer a quién hay que neutralizar para que los demás corran.

Flores y palabras gentiles para las damas; respeto y admiración a mis maestros y hombres (y para ser políticamente correcto, romperé la gramática castellana agregando y mujeres que ya están incluidas en dicha designación) sabios, como los Premios Nobel con que me reuní invitado especialmente a un conversatorio del Smithsonian Museum. Pero, por favor no me pidan que pelee a pañuelitos, o batalle contra una espada (que además es mía y de mis conciudadanos) con un clavel.

Ha pasado ya mucho tiempo desde que me declaré en total oposición al comunismo, al culto a la personalidad (también culto a la persona) del que es tan apasionado el “reyezuelo” mejor dicho Su Exaltada Majestad.

Me enseñaron que para mandar más y mejor hay que respetar la ley, así lo haré; la Ley y la Ética deben respetarse, actuemos por Ecuador y su futuro.

Paz pido. Sin embargo, debo dejar en claro que solamente manda el que es respetado y sabe liderar; bien claro ¡Sin engañar! ¡Sin comprar conciencias! ¡Sin terrorismo!

Ecuatorianos, especialmente a los jóvenes (“y jóvenas”), el CD de la vida lo han dañado, algunos desconocemos si todavía queden pistas de esperanza; ustedes tienen que ser los más preocupados.

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1 comentario

  1. Estimado Antonio:
    Felicito su valor y hombría de bien en enseñarnos fortalezas para decir las verdades y borrar de nuestroi diccionario mental la palabra MIEDO. Creo que tiene toda la fortaleza para entrar en la lucha de la sucia política para convertirla en un manantial de pureza. Abrazos.

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