19 junio, 2024

«NO» a la reelección

“NO”, es el título de la película, del director chileno Pablo Larraín, basada en la obra de teatro inédita “El Plebiscito”, del escritor chileno Antonio Skármeta y su posterior novela “Los días del arcoíris”, se trata de la convocatoria a plebiscito por parte del General Augusto Pinochet, quien había llegado al poder de Chile a través de un cruento golpe militar, en 1993.

Pinochet pretendió legitimar su continuación en el poder mediante una consulta popular; sin duda, el gobierno tenía completamente asegurado el triunfo; el uso de toda la logística del Estado, la propaganda incesante, las autoridades de todos los niveles en campaña por el “SI”, por lo tanto no había el menor resquicio de un “revés”. Quienes estaban por el “NO”, es decir en contra de la continuación del régimen de facto, era una amalgama de partidos, movimientos de todo tipo, con ideologías diferentes, era difícil que se pusieran de acuerdo. Se sumaban dos factores importantes: la falta de recursos y el miedo a las represalias.

En definitiva, la película “No” es una mezcla de ficción y un retrato de la realidad de la campaña del plebiscito de 1988 que ganó el “NO” y que marcó el inicio del fin del gobierno militar de Pinochet.

Otro caso es del ex-mandatario colombiano Álvaro Uribe, quien pretendía un tercer mandato; según las encuestas, el 74% aprobaba su gestión y un 80% manifestaba que votaría por la reelección; sin embargo, la Corte Constitucional, cumpliendo fielmente la Constitución, falló en contra de la reelección; respetando la democracia, Uribe aceptó y acató el fallo.

En Nicaragua, el Presidente Daniel Ortega, torciendo sin rubor el mandato constitucional, consiguió de la Asamblea que se apruebe la reelección indefinida. Ortega lideró la llamada Revolución Sandinista que derrocó a la dinastía Somoza, un régimen totalitario corrupto y sanguinario que pretendía perennizarse en el poder; paradoja, ahora ha renacido un totalitarismo neo-somocista con Ortega a la cabeza.

Una noticia de Corea del Norte que parece broma macabra: “El líder Kim Jong Un ganó la elección legislativa sin recibir un solo voto en contra en su distrito, aunque en la boleta no había ningún otro candidato”.

En nuestro país, el Presidente Correa, luego del 23F, manifestó: “Vemos nubarrones en el frente de la revolución ciudadana (…)”, y “Es mi deber revisar la sincera decisión de no lanzarme a la reelección”. Con esta declaración se pretende seguir la franquicia de los regímenes de esa organización llamada Alba, del Socialismo del Siglo XXI.

Frente a todo esto, vale la pena releer el pensamiento de un estadista y verdadero demócrata como es el premio Nobel de la Paz y ex-Presidente de Costa Rica, Óscar Arias: “Hay en nuestra región gobiernos que se valen de los resultados electorales para justificar su deseo de restringir libertades individuales y perseguir a sus adversarios. Esta región, cansada de promesas huecas y palabras vacías, necesita una legión de estadistas cada vez más tolerantes, y no una legión de gobernantes cada vez más autoritarios. Es muy fácil defender los derechos de quienes piensan igual que nosotros. Defender los derechos de quienes piensan distinto, ése es el reto del verdadero demócrata. Ojalá nuestros pueblos tengan la sabiduría para elegir gobernantes a quienes no les quede grande la camisa democrática”.

En conclusión: los aspirantes y dictadores en funciones, pueden ser derrotados a través del arma democrática más poderosa que tiene el pueblo: el voto.

Artículos relacionados

Entre el Cáncer y el Sida (1)

Con esta dura frase, pronunciada pocas semanas antes de la primera vuelta de las elecciones presidenciales peruanas, el escritor peruano Mario Vargas Llosa definió lo que a su juicio significaría una eventual final entre Ollanta Humala y Keiko Fujimori. Aunque la frase es ciertamente desatinada por el irrespeto que implica para aquellos que sufren de estos penosos males, refleja con claridad el sentir de muchos peruanos, para ser más preciso, del 53% de los votantes que no respaldaron en la primera vuelta a los dos finalistas.

El entorno dentro del cual se están desarrollando estas elecciones, es bastante parecido al de otros países de la región. En lo político, crisis casi terminal de los partidos tradicionales, (todos prácticamente “difuntos” con excepción quizás del APRA cuya supervivencia está por verse y dependerá del futuro trabajo de Alan García), con una prensa muy crítica del sistema especialmente contra el Congreso que es prácticamente la institución más desprestigiada del Estado; finalmente, un poder judicial casi tan desprestigiado que el legislativo, en el que nadie puede confiarse y del que dicen muchos, que produce cualquier cosa menos Derecho y Jurisprudencia. Se puede aseverar que la antipolítica llegó también al Perú, quizás antes que a otros países en la que aparentemente este fenómeno ha hecho más “bulla” como Argentina, Venezuela, Ecuador, etc. Acá llegó casi en silencio, allá por 1990 cuando el pueblo escogió en las urnas a un “outsider” total, un desconocido rector universitario de nombre Alberto Fujimori que en pocas semanas arrasó con el candidato favorito, (Vargas Llosa), y se llevó la Presidencia. 11 años después, en el 2001, nuevamente el voto “antisistema” se impuso, y ésa vez el beneficiario fue un casi desconocido Alejandro Toledo.

Asamblea Nacional o mala copia del Congreso

Las leyes en trámite en la Asamblea han develado la tónica que se maneja en esta nos han dejado ver el manejo de la Asamblea y me hacen pensar que alguna vez el Sr. Cordero, estuvo junto a los Patriarcas de la Componenda. Me imagino que para los más jóvenes, esto es algo sin sentido, no lo conocieron. Solo tienen la información que se les ha vendido con el futbol o los sábados de doctrina.

El voto que escogió a los miembros de la Asamblea respondió al mismo círculo que le dio la presidencia al Ec. Correa, por lo tanto responde a su mismo plan de trabajo, visto así, podemos decir entonces que el elevado porcentaje de jóvenes que dieron el triunfo a la dupleta Correa –Asamblea, no saben que es lo que ocurría ni como era antes, por lo tanto son fácilmente impresionables, esto es, están convencidos que la Asamblea de ahora es una dechada de virtudes en relación al congreso de antes, con el cual no tiene ningún parecido. Esa es la imagen y la idea que se les ha vendido.

Pero la memoria de quienes hemos vivido mas y estamos en ese grupo de personas considerados adultos mayores si recordamos como se movían las cosas en el antiguo congreso nacional, nuestra memoria no deja olvidar ni permite vender la imagen que las cosas han cambiado, lo que tenemos es una mala réplica del antiguo Congreso.

5 comentarios

  1. con gobiernos autoritarios de De que sirven los votos? los pueblos lo queno aguantan es el hambre y que no le toquen su bolsillo y para ello totalitario o no, el que le anda por ahi al pueblo, tiene que contar sus dias de poder! este es el motivo por el cual MADURO CAERA SOLITO… YA MISMO!

  2. La reelección debe ser consultada al pueblo es decir al mandante como dice el Presidente, por favor quisiera que opine sobre el juicio a los ex mandos de las FF.AA. por lesa humanidad y hacer un llamado a los Oficiales y Voluntarios de las FF.AA. que lamentablemente impávidos miran, observan, escuchan y nada más. Que será cuando topen al ISSFA????????

  3. Excelente artículo mi Coronel Molina. Es cierto que las urnas pueden salvar a los pueblos de las tiranías, pero eso dependerá del estado en el que se encuentren sus instituciones. En el Ecuador están hecha trizas. Augusto Pinochet perdió porque el equivalente del CNE no pertenecía al régimen. Es lo que distingue a una sociedad tribal de un pueblo civilizado. Uribe acató la resolución del TC porque es un demócrata convencido.
    Jaime Nebot ganó con los votos de los que reconocen su arduo trabajo, pero también gracias a los nueve mil observadores que él puso para evitar el fraude. En el resto del país no sé cómo habrá sido, pero está vez el dictador fue agarrado desprevenido.
    Todas sus trampas fueron en vano.

  4. La ridiculez de mandar a su paje Domingo Paredes a Cuba para tomar clases de «democracia» o haber traído desde Venezuela las máquinas tramposas, junto a la tristemente famosa Tibisay Lucena, no le fue de gran utilidad al régimen. Lo bueno es que el pueblo ya despertó. Para el dictador y su banda de agentes cubanos el fin y la caída estrepitosa están cercanos. Podrán seguir levantando cortinas de humo con su adefesio de reelección, pero ya nadie les cree. Venezuela y la masacre de su pueblo está presente en la mente de todos los ecuatorianos. No le perdonamos su doble moral asesina.
    El 23/2 se repetirá.

  5. Frente a un posible(solo la idea me parece ya repulsiva) cambio de la imperfecta y ya desprestigiada constitución de Monte Cristi, para de manera (una vez mas )fraudulenta y usurpadora, esta vez legitimar la eternización de la dictadura,no queda mas que la unidad en contra del mal mayor.Sin embargo, no dejo de ver claro por ello y notar las pequeñas cosas. Creo, mi estimado Sr. ,que la dictadura de Pinochet no puede ser considerada como totalitaria,toda vez que jugaba con ciertas reglas que no le permitían el control totalitario del estado y por ende de la sociedad toda. Cuando mas,lo que se pretendió fue crear una sociedad donde el juego y sus reglas no puedan ser cambiadas por golpes de estado constitucionales,que fue lo que pretendió Allende y que lo han logrado todos los del ALBA. Saludos.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

×