15 abril, 2024

El niño y la revolución ciudadana

taxisEnLaLluvia

Hay dos hecatombes que pueden destruir la revolución ciudadana: La caída severa del precio del petróleo y los estragos del fenómeno del niño. El precio del petróleo no depende de nosotros, sino de la comunidad internacional, de la OPEP y de los Gobiernos de varios países, pero el fenómeno del Niño, si bien depende de la naturaleza (Dios perdona siempre; el hombre, a veces; la naturaleza, nunca, dice un viejo y sabio refrán), sus efectos dependen de lo que se haga en el país para atenuar la destrucción que nos amenaza y para proteger los poblados, los cultivos, las tierras y sus habitantes.

¿Qué debería hacer el Gobierno para protegernos de esta amenaza? No podemos impedir que llueva, pero podemos y es imperativo prevenir la subida de las aguas, la inundación. ¿Qué hay que hacer? Hay que dragar la desembocadura de los ríos como primera y elemental acción. Esto permitirá que el agua fluya al mar y bajará el nivel de los ríos. Segundo, hay que hacer y reforzar los muros de los poblados que están a la orilla de los ríos. Todos los años, poblados importantes como Salitre, Babahoyo y muchos más, se inundan todos los inviernos, aún sin niño e incluso en los inviernos secos y hasta ahora se hace muy, muy poco. Nuestro hermoso Río Guayas, está tan embancado que ya hasta tiene nombre el islote que formó el puente de la Unidad Nacional sobre el Daule, el Palmar (aunque no tenga una palma). Tercero, hay que hacer refugios y puestos de socorro en sitios altos cercanos a las poblaciones críticas para poder dar asistencia a nuestros compatriotas afectados cuando se presente el problema. También hay que reforzar las vías de la costa. Esperar a que venga el niño para realizar estos trabajos, será un lamento grave cuando estas obras se requieran.

La Doctrina Social de la Iglesia que nuestro Presidente dice respetar y seguir, tiene entre sus cinco Principios fundamentales, la SUBSIDIARIDAD, que exige que los Gobiernos nacionales entreguen los recursos a los Gobiernos seccionales para que hagan las obras en su sector, y tiene la obligación además el Gobierno nacional, de vigilar el cumplimiento correcto y a tiempo de estas obras y el uso adecuado del dinero entregado para las mismas, y que éstas sean bien realizadas. Esto permite la PARTICIPACIÓN (otro Principio de la Doctrina Social de la Iglesia, que indica que todos tenemos derecho a participar y a ser parte de las obras que se realizan) y que las autoridades puedan demostrar su capacidad y su afán de servir a la comunidad que las eligió. Esto, a su vez, va a permitir que los ciudadanos puedan valorar la acción de las personas por las que votó, para que pueda favorecerlas nuevamente con su voto, o pueda elegir a alguien que sí desea servir.

La inversión que se requiere es grande, pero es necesaria. Prevenir cuesta, pero su valor es de centavos, comparado con el precio de reconstruir, y las vidas humanas, desgraciadamente no pueden ser reconstruidas. ¿Qué se espera? Las mismas autoridades ya están advirtiendo que se viene un fenómeno del Niño. En el invierno que comenzó en Enero de 1982 y terminó en Junio de 1983, se perdieron valiosas vidas humanas y las pérdidas materiales fueron cuantiosas. Creo que los propietarios de plantaciones grandes deben comenzar ahora a reforzar los muros que defienden sus tierras. El Gobierno no tiene la obligación de proteger este tipo de propiedades, pero sí debe proteger poblados, carreteras y vías secundarias, para poder llegar, cuando nos encontremos con el fenómeno del niño, a los lugares que requieran atención.

¡Éste es el tipo de demagogia que requiere el país! Como muy bien lo dijo el Dr. Leopooldo Izquieta Pérez cuando fue Ministro de Salud: “¡Fácil es hablar, lo difícil es hacer!”

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