19 junio, 2024

Penas y alegrías del amor

Siguiendo con Rafael de León, hay una poesía romántica de él, una poesía de un amor secreto que ni aún su amada lo conoce, pero que él lo da por conocido. Tiene fuerza, romanticismo y sueño. Hay en él versos preciosos que vale la pena ser leídos una y otra vez. Presento a ustedes las “Penas y alegrías del amor”.

Penas y alegrías del amor

Rafael de León

Mira como se me pone la piel cada vez que te recuerdo.
Por la garganta me sube un hilo de sangre, fresco,
de la herida que atraviesa de parte a parte mi cuerpo.
Tengo clavos en las manos y cuchillos en los dedos
y en mi sien, una corona hecha de alfileres negros.
Mira como se me pone la piel cada vez que yo me acuerdo
que soy un hombre casado… y sin embargo, te quiero.

Entre tu casa y mi casa hay un muro de silencio,
de ortigas y de chumberas, de cal, de arena, de viento,
de madreselvas obscuras y de vidrios en acecho.
Un muro para que nunca lo pueda saltar el pueblo
que está rondando la llave que guarda nuestro secreto.

Y yo sé bien que me quieres y tú sabes que te quiero.
Y lo sabemos los dos y nadie puede saberlo.
¡Ay pena, penita, pena, de nuestro amor en secreto!
¡Ay qué alegría, alegría, quererte como te quiero!

Cuando por la noche, a solas, me quedo con tu recuerdo,
derribaría la pared que separa nuestro sueño,
rompería con mis manos de tu cancela los hierros,
con tal de verme a tu lado, tormento de mis tormentos,
y te estaría besando hasta quitarte el aliento,
y luego, ¡qué se me daba, quedarme en tus brazos muerto!
¡Ay, qué alegría y qué pena, quererte como te quiero!

Nuestro amor es agonía, luto, angustia llanto, miedo,
muerte, pena, sangre, vida, luna, rosa, sol y cielo.
Es morirse a cada paso y seguir viviendo luego
con una espada de punta siempre pendiente del pecho.

Salgo de mi casa al campo, solo, con mi pensamiento,
para acariciar, a solas, la tela de aquel pañuelo
que se te cayó un Domingo cuando venías del pueblo
… y que no te he dicho, nunca, mi vida, que yo lo tengo,
y lo aprieto entre mis manos, lo mismo que un limón nuevo,
y miro tus iniciales, y las repito en silencio,
para que ni el campo sepa, lo que yo te estoy queriendo.
¡Ay pena, penita, pena, de nuestro amor en silencio!
¡Ay que alegría, alegría, quererte como te quiero!
Ayer, en la plaza nueva, vida, no vuelvas a hacerlo,
te vi besar a mi niño, a mi niño el más pequeño
y como lo besarías, ¡ay, Virgen de los Remedios!,
que fue la primera vez que tú a mi me diste un beso.
Llegué corriendo a mi casa, alcé a mi niño del suelo
y sin que nadie me viera, como un ladrón en acecho,
en su cara de amapola, mordió mi boca tu beso.

Mira, pase lo que pase, aunque se hunda el firmamento,
aunque tu nombre y el mío los pisoteen por el suelo,
aunque la tierra se abra, y aún cuando lo sepa el pueblo
y pongan nuestra bandera de amor a los cuatro vientos,
¡sígueme queriendo así!, tormento de mis tormentos.
¡Ay, qué alegría y que pena quererte como te quiero!

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y parece aquella virgen que murióse de tristeza,
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No hay comentarios

  1. Que maravilloso poema Dr. realmente, a los años lo vuelvo a leer, ud. siempre tan especial con esos poemas que a uno lo hacen suspirar.

  2. ¡Ay, qué alegría y que pena quererte como te quiero!
    Qué profundidad en las palabras que tiene el gran poeta de León. Sólamente amores imposibles inspiran estas letras. Muchas gracias por hacernos partícipe a las personas que aman la poesía, gracias por darme la alegría y la pena. Es mejor vivir amando a no haber amado nunca. Aunque nos duela el alma muchas veces y nos tenemos que callar teniendo las ganas de gritarlo a los cuatro vientos.

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