15 abril, 2024

Desesperación

Escuchando la canción que maravillosamente interpretan Beto Cuevas (ex – La Ley) y Amaral, intento escribir algo interesante, pero con la canción, los sentimientos me atrapan y me cuesta dar secuencia a mis ideas.

La canción se mezcla con recuerdos de un libro que leí hace algún tiempo, tanto o más exquisito que lo que estoy escuchando: “Médico de Cuerpos y Almas. San Lucas, el Tercer Evangelista de la Roma Imperial”. Más allá de lo religioso, el libro se adentra en la intensa vida de éste, que tal como lo describe Taylor Caldwell, fue un hombre bello. Tal es la descripción que hace la autora, que no faltó imaginación para graficar a un Lucano, su nombre original, muy similar al Brad Pitt de Troya en su papel de Aquiles.

Ese físico espectacular unido a un espíritu noble, poseedor de un alma deslumbrante y de una desarrollada inteligencia. Como para querer volver atrás en la historia y ser parte de aquella vida.

En tal caso, Lucano quien no conoció “personalmente” a Jesús, fue después San Lucas, el evangelista. Su evangelio contado de boca de la Virgen María. Sus acciones dignas de un ser humano fuera de lo común. Médico en realidad, de cuerpos y almas.

En el libro se mezclan varias historias, la de la familia del mismo Lucano y la de la familia a la que su familia pertenecía, ya que eran esclavos. Su madre, Iris, termina casándose con quien fuera su “dueño”, Diodoro, luego de enviudar los dos. Un amor que trascendía lo físico. Con solo observar sus miradas, se sabía que se amaban en tal silencio, que aquel sentimiento resonaba más allá de sus atormentadas almas. Se respetaron al extremo y parece que Dios atendió aquella plegaria de dos vidas que sufrían intensamente porque lo que parecía un imposible. Lucano desde niño sintió un llamado especial. Buscaba con ansiedad al “Dios Desconocido”, a quien en secreto llamaba “Padre”. Mientras estudiaba medicina, supo de Jesús y su paso por esta tierra. Tenía dones y el poder de sanar a los enfermos. Lucano también se enamoró, sufrió y amó. Pero su mayor amor fue siempre para Dios a quien al final dedicó toda su vida.

Es maravillosa esta novela de la vida de San Lucas, yo la llamo “la biografía no autorizada de San Lucas” obviamente porque fue escrita muchísimos años después de que el evangelista muriera. Pero la sensibilidad de la autora, su manera de relatar los hechos, te atrapa y te hace vivir, re-vivir, cada instante, cada angustia, cada alegría de este gran hombre. Cuando voy a atender a algún paciente, cuando se de algún enfermo, me dirijo a él. San Lucas, le digo, otras veces le digo Lucano, ayúdame, dirígeme, que pueda hacer el bien a esta persona, en nombre de Jesús. Amén.

Pero aquí no termina mi relato. Recibí un comentario de un lector sobre alguno de mis artículos. Tuvo el señor en mención la gentileza de hablar conmigo sobre este libro, Médico de Cuerpos y Almas, me citó una frase del mismo y me pidió que hiciera un comentario. Dentro de la frase, hay una pregunta: “¿Porqué afligís a mis hermanos?” Buena pregunta que podemos hacer a Dios, de vez en cuando, si nos duele o nos perturba lo que a otros ocurre. Del mismo autor, Horacio, es esta frase, que la propongo a manera de respuesta: “Es tu asunto, cuando la pared de tu vecino se está quemando”. Siempre es nuestro asunto. Cualquier cosa que ocurra en el mundo, lo que sea que le pase a la humanidad. Necesitamos ser conscientes de esa premisa universal.

Y mientras tanto, Beto Cuevas y Amaral siguen, cual disco rayado diciendo, unidos a un suplicante susurro del corazón: “Te necesito como a la luz del sol, tus ojos el abismo donde muere mi razón…”

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