15 abril, 2024

¿Oligarcas guayaquileños o personas de éxito? – Cuarta Parte

Hacer empresa privada en Guayaquil ha sido difícil desde siempre, por la crónica inestabilidad económica y política. Lo sigue siendo en el siglo XXI. A este mal enraizado se agrega el ataque frecuente a la gran empresa. La célebre expresión de Winston Churchill sobre la empresa privada se refleja en la forma como son vistos los empresarios guayaquileños: “Unos ven a la empresa privada como si fuera un tigre depredador que hay que matar. Otros la ven como vaca lechera que hay que ordeñarla”

La falta de aprecio por el trabajo de los grandes empresarios es un fenómeno que comenzó explosivamente después de los años veinte del siglo pasado. Prueba de la afirmación es la opinión, anterior a ese período, del periodista Manuel J. Calle, uno de los más importantes de su época, sobre Amalio Puga, gran hacendado y exportador de cacao. Calle en su serie de artículos Charlas, publicados en los periódicos guayaquileños El Guante y El Grito del Pueblo, entre 1911 y 1918, se expresó de Puga en los siguientes términos: “Nos vamos a quedar sin el apreciabilísimo señor Puga como Intendente de la Policía guayaquileña, lo cual será una verdadera lástima, dados el profundo aprecio y los grandes motivos de gratitud que esta libre y benemérita sociedad tiene o debe tener para con el expresado caballero…”. Cuando Puga fue conminado a pagar 150,000 sucres al Ministerio de Hacienda, lo defendió ardorosamente: “…somos de opinión de que es más que probable que el señor Puga no deba nada al Fisco en el concepto enunciado por el periódico quiteño. Era el régimen que infamaba a sus servidores sin concederle la participación en la forma debida, ya que les empujaba a la calle con miserias y un mundo de responsabilidades encima”. Calle se refiere a que Puga era víctima de represalias políticas por haber sido Ministro de Hacienda en la Presidencia de Alfaro. Puga fue otro empresario que acumuló fortuna por sus propios méritos, sus haciendas llegaron a tener plantaciones de cacao cuya producción se encontraba entre las más grandes de Ecuador. Pero como le sucedió a los demás grandes productores, las epidemias de cacao, liquidaron su fortuna y su apellido se sumó a los tantos desaparecidos del mundo de los grandes empresarios guayaquileños.

A partir del 9 de Octubre de 1820, Guayaquil fue la fuente de financiación para la compra de armamento, sueldo, uniformes y alimentación de tropas del ejército de la Provincia de Guayas y el de colombianos de Bolívar. Los grandes empresarios, por patriotismo o extorsión, tuvieron que hacer enormes contribuciones económicas para liberar a las demás provincias que conformaban la Audiencia de Quito. Más de un préstamo jamás fue cancelado. Uno de los perjudicados fue Miguel de Anzoátegui, quien prestó 50,000 pesos, inmensa cantidad de dinero, equivalente al 10% de las exportaciones totales. Anzoátegui murió en la pobreza.

Lograda la independencia de Ecuador en 1822, se mantuvo la inestabilidad política y económica durante todo el período de la Gran Colombia. Los empresarios tuvieron que seguir financiando a Bolívar. Con la incorporación de Guayaquil a la Gran Colombia, en más de una ocasión se paralizó el comercio por largas temporadas, debido a las amenazas de Bolívar de tomarse la ciudad. Un manifiesto de Flores enviado en 1847 desde Europa para resaltar el bien que él había hecho al país, desde su perspectiva, resume el caos vivido en Ecuador durante la Gran Colombia:

“Recordad que en 1824 no vacilé en aceptar el mando del ejército de Pasto para concluir aquella guerra larga y azarosa. Recordad que en 1827 no vacilé en hacer frente con 200 infantes y 80 caballos, a los vencedores de Ayacucho, que se lanzaron contra Ecuador. Recordad que en 1829, sin línea de comunicación ni retirada, no vacilé en salir al encuentro de 9.000 invasores, vencidos en Tarqui por 1.200 soldados. Recordad que en 1830, sublevado el ejército contra la nación, no vacilé en someterle y rendirle a viva fuerza”.

Esta situación de inestabilidad no cambió durante la república. Entre las décadas de los treinta y cincuenta del siglo XIX, Ecuador funcionó de revolución en revolución, habiendo sido Guayaquil la ciudad más perjudicada. La epidemia de la fiebre amarilla también devastó la economía guayaquileña. A pesar de tan adverso entorno, continuó el surgimiento de nuevos empresarios que habiendo nacido en hogares no opulentos, con los años se convirtieron en los más poderosos de la ciudad. Entre ellos se encuentra Bernardo Roca, militar panameño radicado en Guayaquil cuyos hijos, Francisco y Vicente Ramón Roca, además de estar entre los patriotas guayaquileños, el primero fue uno de los empresarios más ricos de Guayaquil y el segundo, sin tanta importancia como comerciante, fue Presidente de Ecuador. Sus actividades se desarrollaron en la exportación, importación y ámbito naviero. En las generaciones posteriores, la fortuna desapareció y el apellido Roca dejó de relacionarse con grandes empresas. Entre 1830 y 1870, otros con actividad económica mayor, fueron Pedro Aspiazu Coto y Pedro Pablo García Moreno.

Aspiazu Coto nació en Palenque, hijo de José María Aspiazu Avilés, agricultor que en 1831 tenía una pequeña finca con 10 hectáreas de cacao y 19 animales entre vacas y caballos. Con el transcurso de los años, padre e hijo fueron adquiriendo haciendas; cuando Aspiazu Avilés falleció, sus haciendas producían 2000 quintales anualmente, esta cantidad fue muy superior para la fecha en que murió Aspiazu Coto, quien se dedicó a fondo a incrementar la siembra de cacao y el número de haciendas. Sus hijos, Lautaro, Julián, Efrén, Aurelio y Jacinto, continuaron con la estrategia del padre y abuelo y para fines del siglo XIX contaban con 57 haciendas valorizadas en más de tres millones de sucres, fabulosa fortuna, si se considera que el presupuesto del Estado ecuatoriano era 9 millones de sucres en 1900. Ellas producían aproximadamente 100,000 quintales anuales. Lautaro fue el que más se destacó como gran empresario; fue accionista de casi todas las empresas que modernizaron Guayaquil, creadas entre fines del siglo XIX y primeros años del XX. Entre ellas se encontraban Empresa de Carros Urbanos, la primera de transporte público con rutas definidas; Empresa de Luz y Fuerza; Compañía Nacional de Seguros, etc. Por las epidemias de cacao, la familia Aspiazu perdió su fortuna, las haciendas de Julián Aspiazu fueron embargadas por el Banco Comercial y Agrícola. Para 1940, la cuarta generación de los Aspiazu tuvo que buscar trabajo, el enorme poder económico era cosa del pasado.

Pedro Pablo García Moreno, tuvo una niñez de escasez a raíz del fallecimiento de su padre, pero logró superar su situación económica al convertirse en uno de los empresarios más poderosos de mediados del siglo XIX. Sus actividades incluyeron agricultura, ganadería, comercio y Banca. En esta última, fue uno de los accionistas más importantes del Banco de Ecuador, la institución financiera más grande del país durante medio siglo. Fue propietario de grandes extensiones cacaoteras en Vinces, tuvo negocios en Perú y Chile. García Moreno se destacó entre 1855 y 1870 como uno de los principales exportadores ecuatorianos. Fue dueño de la enorme hacienda Mapasingue que incluía la Atarazana. En 1869, la vendió a Francisco X. Aguirre Jado, quien a su vez veinte años más tarde, vendió parte de ella, la Atarazana, a la Junta de Beneficencia de Guayaquil. En las tierras que fueron de García Moreno se encuentra todo el norte de Guayaquil, incluyendo la zona industrial ubicada en la carretera a Daule. Con el transcurso del tiempo, su apellido desapareció del mundo de los negocios.

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8 comentarios

  1. Gracias por esta entrega producto de sus profundas investigaciones. Breve, sin Guayaquil y sus emprendedores no hubiera habido el Ecuador rico y progresista de otrora y que ahora subsiste tan bien que pueda.

    Con tristeza veo la emigración de grandes capitales volar hacia cielos más clementes. Se los comprende de todos modos; por un lado hay la globalización, y la facilidad de las comunicaciones que facilitan la instalación de empresas en países mas acogedores. Es de suponer que esa es también una consecuencia de las políticas obstructivas de quienes no comprenden, ni quieren entender, que hay que producir riqueza e incentivar el esfuerzo antes de ponerse a repartir el dinero que no les pertenece.

    A este paso nos llenaremos de funcionarios, para que dentro de cincuenta años les anuncien que de nada han servido, y que deberán retirase con una mano atrás y otra adelante, como ya está sucediendo en Cuba, que es el modelo que persiguen los soñadores que gravitan en el régimen.

    Por favor siga comunicándonos su saber. Solo la instrucción nos salvará.

  2. Gracias por la información sería interesante conocer cómo la hacienda Mapasingue y Atarazana que sino me equivoco pertenecieron a Don Miguel de Anzoátegui luego de ser «expropiadas» por J.J Flores pasa a manos de Pedro Pablo García Moreno.

    Gracias

    1. Hola amigo mi abuelo es nieto de Jacinto Azpiazu Febres-Cordero, mi abuelo es hijo de Rosa jacinta Azpiazu Molina, mi abuelo esta vivo tiene 96 años y le encantaría reunir a sus familiares y conocerlos mejor. escribame al correo ayrtonarreaga@gmail.com

  3. Para más información sobre los Aspiazu, recomiendo leer el suplemento dominical Memorias Porteñas, hay dos o tres artículos publicados sobre ellos. El suplementeo tiene dos años en circulación

  4. Soy descendente (bisnieto) de Maria Aspiazu Ramirez, quisiera saber mas de sus padres y demas familia, para mi genealogia, alguien me podra ayudar?

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