17 mayo, 2024

Castañuelas

Cada música tiene su compás e instrumentos que la caracterizan y diferencian de las demás. Allá por 1954, Richard Adler y Jerry Ross hicieron un musical titulado “The pajama game”, en cuyo final se interpreta un tango que fue muy acogido internacionalmente.

Su nombre “Hernando´s Hideaway” (El escondite de Hernando) que llegó a popularizarse mucho y que tenía una característica diferente de los otros tangos, se daba su compás por el ruido de castañuelas y terminaba con un fuerte ¡Olé! como si se tratara de una producción andaluza o de otra parte de España.

Este tipo de cambios llaman la atención y provocan el reclamo de los puristas de la materia, que los rechazan considerando una ofensa los cambios realizados, tal como se provoca reacción contra el pretendido socialismo del Siglo XXI (a mi modo de ver, una forma mal enmascarada del ya pasado de moda comunismo), por tratar de ser diferente del socialismo que se vive racionalmente en los países europeos.

Nadie puede negar que son necesarios cambios, pero estos cambios deben ser civilizados, no violentos, con leyes claras y principalmente con respeto, libertad, manos limpias y responsabilidad. No se puede decir una cosas y obrar en contra de lo que se dice. El respeto a la ley debe ser igual para todos, gobernantes y gobernados. Todos debemos ceñirnos a la ley y cumplir con lo establecido por ella, respetando y poniendo por encima de todo al la persona humana. Los principios de la Doctrina Social de la Iglesia, que nuestro Papa Benedicto XVI vuelve a destacar en su última encíclica “CARITAS IN VERITATE” (la caridad en la verdad), deben ser el eje central de una política de respeto a la dignidad del ser humano, de buscar el bien común, el destino universal de los bienes, con la lógica subsidiaridad, participación común y solidaridad, sin enfrentamientos que destruyan o dañen la dignidad del ser humano. La base debe ser el respeto, la verdad, la justicia y el amor.

La irónica y brillante respuesta al Escondite de Hernando, llegó pronto en forma de un tango, con el nombre “CASTAÑUELAS” escrito por Alberto Castillo con el seudónimo de Riobal y entre sus cantores estuvo Enrique Echagüe. Gracias a mi dilecto amigo Ismael Serratore poseo una copia de este tango que entre otras cosas dice: Nuestro tango es otra cosa, es ternura, amor y ruego, alegría de mi pueblo, sentimiento y emoción… ¡Es alma de mi Argentina metida en un bandoneón! ¿En que coso te premiaron, explicámelo Hernando, castañuelas en el tango para marcar el compás? Castañuelas, dejaló tranquilo al tango, ¿qué te hicimo´ a vos, Hernando pa´quererlo disfrazar?… ¿Dónde han visto castañuelas, marcando el ritmo del tango? como el coso de ese Hernando que lo acaban de importar. Tomá pronto la Panagra (única línea aérea de ese entonces), aterrizá por Corrientes, hacéte un poco de ambiente y después, me la contás… Oiga Hernando, ahí le mando una fonola, con selecciones de ahora y salúte, ¿Qué? ¡Good bye!”

Espero que nuestro país tome el rumbo correcto, que vayamos a un cambio sin violencias, con justicia social, respeto, responsabilidad igualdad y recto proceder.

Artículos relacionados

Absurdistán

Los últimos 12 años han sido de grandes pérdidas económicas. A pesar del atraco cometido y los continuos embates contra la racionalidad, la riqueza bruta del país es aún más que abundante. […]

El verdadero rostro de la oposición

Comenzábamos a maldecir la sinrazón de todo lo que acontecía. Un cuarto de siglo había transcurrido desde la reinstauración de la democracia y nuestro desarrollo seguía incipiente . El peso de los intereses privados resultaba ominoso y el anhelado despegue económico se enervaba pese a los esfuerzos de gente emprendedora que ponía el lomo al sol con una visión obviamente individualista pero generadora de riqueza. La ayuda estatal a la inversión privada y la inversión estatal misma en el área social, pese a los discursos en contrario, eran tremendamente deficitarios. Se requería, pues, de un cambio. Un cambio en democracia, con el pragmatismo y el tesón necesarios que no puedan confundirse con demagogia barata ni con terquedades de mula. Había una democracia raquítica que despedía a sus Presidentes al exilio , pero en la que , sin embargo, gozábamos de libertad de expresión y de información, que daban fluidez a la libertad de acción, así como la convicción de ser titulares plenos de nuestros derechos civiles. Repudiábamos ,aunque con pasividad, el predominio egoísta de las oligarquías representadas por grupos de presión que crecían en el ámbito financiero, político, sindicalista y militar, entre otros, así como a la cortesanía capitalina que se iba adueñando paulatinamente de todo el gran espectro económico nacional. Pero, a pesar de este reprochable “sistema”, nos sentíamos libres y creyentes de un destino forjable con nuestra capacidad y eficiencia.

Y llegó Correa, el Mesías, con sus encendidas proclamas moralizadoras y grandes planes de inversión social, sintonizando con el malestar nacional. Las esperanzas se volcaron en él, atraídos por sus cantos de sirena. En cuanto a mí, su agresividad e intemperancia, unidas a sus desatinadas e innecesarias alusiones hirientes a todos cuantos no comulgaban con sus ideas, me hicieron prever el peligro que significaba lo pueril y lo efervescente gobernando una Nación. Pero me uní, íntimamente, a la esperanza de los demás. Y la nueva y triste historia del Ecuador comenzó…

No hay comentarios

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

×