30 mayo, 2024

Guayaquil

En mi artículo “La ofensa continúa” de octubre 31 del año próximo pasado, señalaba textualmente, entre otras cosas: …”Los guayaquileños habíamos pensado que la ruindad y el odio se habían calmado; estábamos equivocados del medio a la mitad; quien sabe qué otras vilezas están preparando los enemigos de Guayaquil y de Guayas”… Hubiera querido estar en un error, mas, desafortunadamente, el tiempo me dio la razón y los ataques contra Guayaquil nunca cesaron, fueron “in crescendo”. En aquella ocasión invoqué a los guayaquileños de nacimiento y de corazón a que defendamos a nuestra ciudad iniciando una campaña para despertar el espíritu cívico de la población bajo la égida de nuestra bandera celeste y blanco.

A este respecto transcribo un pensamiento de Xavier Benedetti tomado de una nota suya titulada “Ser guayaquileño”, en la que se refiere a esta ciudad y su lábaro celeste y blanco: “El guayaquileño no viste de guerrero. Es guerrero. No proclama victorias antes de actuar. Es la victoria. Cuando yo oigo que de una manera u otra se contradice a Guayaquil, miro la Bandera de Octubre. Naturalmente no la encuentro en las astas de donde penden las banderas. La encuentro en el cielo. Ahí está. Blanco y celeste. Olmedo tuvo la genial visión de hacer de los colores del cielo guayaquileño la Bandera que sería histórica. Al estar permanentemente izada en el cielo, nada ni nadie podría arriarla jamás. Así es, pues, Guayaquil: Una Bandera jamás arriada y una pasión encendida jamás apagada.

Cuando recuento los golpes y las palabras con que se trata de doblegar el alma jamás doblegada, veo un vil y pequeño intento. No se puede llegar a tocar una Bandera que flota en el cielo y que preside la historia misma del Ecuador”…(SIC)

Ardorosas palabras que traigo a colación en virtud de que, desde el propio inicio del gobierno del economista, Guayaquil ha sido, y sigue siendo, blanco de sus ataques, mezquindades, agravios, además de innúmeros y demenciales intentos por ponerla de rodillas. Esto hay que detenerlo de una vez por todas. Para nadie es desconocido el conjunto de maniobras tendientes a desestabilizar la vida de la ciudad y, por consiguiente, la de sus habitantes; recordemos solo unos cuantos arteros ataques:

Cercenó a la provincia; aupó a los que ofendieron a la bandera de Guayaquil; insultó a la mujer guayaquileña en la persona de Margarita Arosemena; agrede permanentemente a Jaime Nebot por ser el primer personero de la ciudad considerando que así lesiona a Guayaquil.; disolvió la Fundación para la Seguridad Ciudadana con lo que consiguió, para su satisfacción, que se incremente el índice de la delincuencia; le quitó la autonomía a la Comisión de Tránsito del Guayas; su sueño es tomarse el aeropuerto José Joaquín de Olmedo y la terminal terrestre Jaime Roldos Aguilera; le quitó el 25% de las rentas que eran donaciones de los habitantes de la ciudad para obras municipales; le retiró el 30% de las asignaciones para la Universidad de Guayaquil; intentó sembrar el caos en el puente Rafael Mendoza Avilés; pretendió despojar de sus rentas al Archivo Histórico de Guayaquil para desaparecerlo; se propone eliminar la autonomía municipal con aquello del distrito metropolitano; actualmente está obsesionado con mandar a invadir las calles a los llamados comerciantes informales con lo que aspira ganar votos en su referéndum, además de destruir a la ciudad llevándola al desastre que era antes del año 1992, para lo que –a decir de Jaime Nebot- se vale de conocidos agitadores profesionales y da la habitual guardia de choque representada por el MPD.

Lo dicho de manera sucinta es parte del programa presidencial para doblegar a Guayaquil, lo que no ha logrado ni logrará. Hay que llamarse Guayaquil para recibir tanta agresión y permanecer incólume.

Venturosamente ya está haciéndose presente la reacción de la ciudad que, consecuente con su historia, no conoce otra palabra que no sea “Libertad”; que tiene claro los legados de sus ilustres hijos Olmedo y Rocafuerte; que no olvida que el verdadero grito de independencia se dio en Guayaquil en octubre 9 de 1820, a despecho de quienes maliciosamente, o por indocumentación, pretenden desconocerlo; que en su mente se mantiene vivo el hecho de que la batalla del Pichincha –de mayo 24 de 1822- fue llevada acabo por un ejercito formado y financiado por guayaquileños, y que fue la gloriosa celeste y blanco la bandera que flameó en ese día; que no permitirá más alucinantes agresiones, y que sabrá responder con un rotundo NO a las pretensiones de la Asamblea y del economista cuando tenga que asistir a un referéndum para decidir el destino de una Constitución que –si como hasta ahora se han presentado las cosas- tanto mal le causará al país en general, y a Guayaquil y al Guayas en particular, en el evento de ser aprobada por el pueblo ecuatoriano.

Guayaquil mi ciudad, la ciudad de todos, principal puerto ecuatoriano; Guayaquil, la ciudad ínclita; Guayaquil, la ciudad de la Fragua de Vulcano; Guayaquil, la ciudad del 6 de marzo de 1845; Guayaquil, la ciudad de la bandera celeste y blanco, que con sus eternas 3 estrellas está recordándonos que constituye nuestro deber y nuestro derecho el defenderla de sus enemigos encubiertos y de los otros, y continuar –como siempre lo ha hecho- construyendo la gran historia del país.

Guayaquil ciudad hermosa,/ de la América guirnalda,/ de la tierra bella esmeralda/ y del mar piedra preciosa”…

Juan Bautista Aguirre

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No hay comentarios

  1. Excelente su artículo, pero de qué vale si mil demonios tiene una capacidad para engañar a todo el mundo y el colmo es que los propios guayaquileños y los de otras provincias que viven aquí le siguen dando el voto? Yo creo que esta gente es masoquista.
    Mayra.

  2. Excelente su artículo, pero de qué vale si mil demonios tiene una capacidad para engañar a todo el mundo y el colmo es que los propios guayaquileños y los de otras provincias que viven aquí le siguen dando el voto? Yo creo que esta gente es masoquista.
    Mayra.

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