28 mayo, 2024

La nueva democracia

Les escribo desde Europa. Mejor, desde Italia: lo cual no es lo mismo.

El  Viejo Continente está vacilando bajo muchos golpes: crisis económica, perdida de identidad, cambio de valores, amenazas terroristicas, calientamento global y otros varios. Su historia, su cultura, su experiencia deberian ser los motores para que reaccione y descubra su nuevo rumbo.

Si Atenas llora, Esparta no ríe: eso decíán los antiguos. Si Atenas es Europa y Esparta es Italia, entonces Esparta no debería limitarse a no reir, sino llorar hasta su última lagrima pegando gritos que suban al cielo. Aquí ya no hay democracia. Nos encontramos bajo una verdadera dictadura que nos quita aire, libertad, esperanza y sueños: la dictadura de la anarquía.

Los Griegos, sabios filósofos y padres de la democracia, elaboraron un concepto desarmante por su sencillez: en un contexto de vida democrática, la libertad de uno termina donde empieza la del otro. Eso presupone que hayan reglas que no puedo adaptar a mi manera, sino objetivamente formuladas y respetadas, cuya violación contemple sanciones igualmente bien definidas e iguales para todos. Es un mecanismo tan perfecto (y quizás por eso algo utópico) que hay que cuidarlo con mucha atención, no bajando nunca la guardia, estando siempre al tanto de cada pequeña variación: porque la perfección tampoco está en el inmovilismo, sino en la innovación que mejora el día a día siguiendo un fil rouge a lo largo del tiempo, o sea el patrimonio de costumbres, tradiciones, usos que hacen de un grupo de personas una comunidad.

En Italia, el cambio de la democracia a la anarquía tuvo una aceleración muy fuerte en el período del gobierno de Silvio Berlusconi: sin considerar aquí las consecuencias políticas, es suficiente subrayar como la arrogancia, el descaro, la frivolidad y la falta de ética manifestados a diario por Berlusconi y su entorno se hayan convertido muy pronto en patrimonio popular, en ejemplo. Ha empezado la época de los listos, de los que gritan más fuerte posiblemente con el lenguaje más ordinario, que tienen dinero para comprar todo y a todos. En muy pocos años el patrimonio cultural de nuestro pais ha ido reduciéndose frente a la prioridad de “las tres i”:  internet, inglese, impresa. La misma Ministra de Educación y Cultura de Berlusconi justificó la riducción de horas y programas de historia en los colegios con el hecho de que la historia puede ser un obstaculo para el desarrollo de un pais, pues  impide mirar hacia adelante y proyectarse en el futuro. Así los programas escolares se han empobrecidos, los chicos salen del colegio sin tener idea de las normas elementares de la gramática italiana y al final poco les importa, porque un patrimonio que uno sólo lleva por dentro, sin uso comercial, no tiene valor. Así que nos encontramos en una especie de circo donde vale todo y nada, donde yá no existen derecha e izquierda, donde el despertar de cada mañana es una nueva resaca

Pero la vida continúa, los hijos crecen y sigue existiendo gente decente que se pregunta qué es lo que estos niños llevarán en sus manos a las generaciones futuras. Las herencias más preciosas no serán de dinero: para algunos padres el logro más grandes será el de ver a sus hijos apartándose de los demás, despreocupándose por la ropa de marca y buscando su propio camino en el silencio, donde hablan pensamientos y corazón y es más sencillo escucharlos. Darles respuestas a estos chicos no es nada fácil, pero provocar sus preguntas es un deber que tenemos quienes seguimos pensando que nada vale más que manejar su propia vida, la única condición de libertad verdadera que lo permite todo. Así que hay que devolver a nuestros hijos el patrimonio  que les pertenece, conducirlos por caminos poco frecuentados pero adecuados para despertar sus pasiones y sus inquietudes, para que tengan claro lo que vale cada pequeño aporte para la historia de la humanidad. Esto cansa más que cualquier trabajo, pero reconstruir para ellos es un reto que nos devuelve juventud y energía, y casi nos hace vivir con alegría el hecho de ser Europeos transgresores y tener por eso que  inventar una nueva, verdadera y honrada democracia.

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