15 abril, 2024

Eran cinco hermanos…

Por José Fernando Gómez Rosales

Cinco hermanos queridos, hicieron este hogar,
cinco hermanos, que juntos, aprendieron a amar.

Cinco hermanos unidos en la fe y el amor
cinco hermanos en uno, también en el dolor.

Los hermanos crecieron y extendieron su rama
formando cinco hogares, siendo el amor su llama.

Cinco hogares felices donde ha reinado Dios,
donde el amor ha unido para siempre a los dos.

Cinco hogares con frutos de sólo lo mejor,
que han dado ya las muestras de su estirpe y valor.

Y hoy que falta uno de ellos… horrible desazón,
cuatro almas que sollozan con roto corazón

Artículos relacionados

A Guayaquil, barca novia de un río y un mar

Manuel Benítez Carrasco nació en el barrio el Albayzín de Granada, España, el 1 de diciembre de 1922. Allá por los años cincuenta deja España y viene a América, donde vive en algunas Ciudades, entre ellas, Guayaquil.

Bohemio de alma y poeta prolífico, escribió muchas poesías, entre ellas las famosas “Soledades” (soledad del amor desprendido, Soledad del amor indiferente, soledad del amor generoso), Tus cinco toritos negros, El perro cojo, Tengo el caballo a la puerta y esta preciosa poesía que regaló a Guayaquil.

Este hermoso poema describe al Guayaquil de ese entonces, cuando aún no estaba en la cima del Cerro del Carmen, el monumento al Corazón de Jesús, el Cristo que nos protege, y en su lugar había una cruz grande y hermosa. Pero dejemos que sea Manuel Benítez Carrasco quien nos describa ese Guayaquil, sus hermosas mujeres, ese enamorado río y el fuerte brazo de mar.

La madre

Otra preciosa poesía de Héctor Gagliardi es, sin duda, el reclamo que le hace al joven sobre el trato a la madre. La ternura y el reconocimiento a lo que es una […]

1 comentario

  1. Lindo escrito y triste también. No imagino el dolor y tristeza de perder un hermano.
    Me ha traído recuerdos de mi niñez, de tiempos lindos, de hermandad.
    En mi familia, éramos cuatro hermanos.
    Hasta que un día trajeron a un niño ya mayor que todos. Mi papá lo presento como un hijo de su solteria. Pronto aprendimos a quererlo y con el tiempo sería “ el hijo amado, el hermano querido”. Después, trajo mi abuelita a otro niño! También, sería un hermano más! Entonces, ya éramos seis!
    Crecimos juntos y con mucho cariño. El pensar que uno de los seis se vaya, nos partiría el corazón.
    Gracias, José Fernando por tu escrito
    Abrazos

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

×