16 junio, 2024

La corrupción, estúpido*

El Gobierno continuará en su intento por promover la inversión extranjera a través de una nueva ley de fomento productivo. Craso error. Esa ley no será otra cosa que el atajo más seguro hacia lugar ninguno.

¿Qué ofrece Ecuador que los inversionistas no puedan conseguir en Colombia o Perú? El salario mínimo nacional es 49% y 33% mayor que en Colombia y Perú. La inversión extranjera promedio en Ecuador es 23 y 11 veces menor que en Colombia y Perú. La posición de dichos países supera en casi cuatro veces la del Ecuador en el ranking de libertad económica del The Heritage Foundation.

Aún no existen razones válidas por las que los capitales deberían invertirse en un país socialista, de transición, altamente endeudado por su adoptada doctrina, peligrosamente corrupto por sus propias huestes, potencialmente fuera de un default por un inminente acuerdo con el FMI, con una Constitución doctrinariamente politizada y de poco valor, un riesgo país superado regionalmente solo por Venezuela, y carente de competitividad e institucionalidad, entre otros.

No todo está perdido, pero mientras la actual administración sea la conductora de los destinos de la nación, su rumbo no cambiará significativamente. ¿Será posible una lucha frontal contra la corrupción? Difícil creer en el harakiri del kikuyo. Las evidencias demuestran por sí mismas que los inversionistas demandan reglas claras y libertad económica. Moreno seguirá perdiendo el tiempo de los ecuatorianos intentando producir resultados que jamás se darán bajos sus condiciones.

* Título adaptado del original producido por James Carville, “The economy, stupid”.

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Hacinamiento Urbano

Guayaquil vivió décadas de oscuridad municipal y la planificación urbana quedó a merced de la ocurrencia, de un juego de toma y daca sin obedecer a una cultura urbanística hecha carne en ingenieros, arquitectos, empresarios de la construcción y, especialmente, de los funcionarios municipales. Es así como se explica la construcción de ese edificio denominado Macro, al pie del Estero y que ni está claro siquiera para donde evacuan sus aguas. Se incumplieron conceptos básicos en cuanto a altura y volúmenes. Tampoco se respetó la línea de retiro claramente demarcada hasta Plaza Quil que es la edificación vecina. Es así que se robaron todo el espacio necesario para dar acceso a un húmedo y anti técnico parqueo subterráneo. Esa franja usurpada tarde o temprano impedirá la ampliación del puente de Urdesa que es el embudo donde termina la Avenida Plaza Dañín.

Recuerdo que cuando se iba a aprobar el paso a desnivel del Policentro las observaciones que como concejal hice al temido León advirtiendo que todo lo que se iba a ganar en rapidez vehicular con esa obra se la perdería con la estrechez del puente de Urdesa. Nuestro alcalde quería obras y no le alcanzó el tiempo para terminar las soluciones viales correspondientes a ese sector, pues abrió muchos y simultáneos frentes en toda la ciudad. Me respondió, mi recordado burgomaestre, que ya habría tiempo para que otros alcaldes se ocupen dar esa solución. Han pasado casi dos décadas ya y la congestión vehicular se centuplicó. Hace ocho años funciona, a pocos metros de ese mencionado edificio, el centro comercial San Marino construido también a escasa distancia del Policentro que tiene 30 años de antigüedad. El sector está saturado porque incluso se permitió a la Clínica Kennedy ampliarse a costillas del parqueo ajeno. Incluso allí pegado funcionan Las Vitrinas, otro centrito comercial, para terminar de congestionarlo todo. En resumen, ese sector del Guayaquil moderno, adolece de una notoria falencia en cuanto a planeamiento urbano.

2 comentarios

  1. La clásica figura conceptual neoliberal, oprime al pueblo al maximo, entrega los recursos del estado para que los administre y disfrute el Empresário privado, endeuda al país engordando a la banca mundial y su representante el FMI, has de los medios de comunicación el baluarte principal de tu poder confundiendo y haciendo sumiso al pueblo

  2. A la final, después de tantos años, se llega a la conclusión de que el mejor manejo de la economía nacional lo hicieron las «dictablandas» militares entre los años 1972 al 79. Digan lo que digan, transformaron al país y fué el comienzo del desarrollo. Uno de sus aciertos lo tuvieron en la creación de la fábrica de estructuras del IESS, para nombrar algo, que le dieron vivienda a millones de ecuatorianos. Después, en los gobiernos civiles, eso quedó abandonado. Y los militares tuvieron otro acierto en inversión extranjera: la figura del inversionista nacional, o sea que el extrajero que tenía un capital en dólares y quería invertirlo en el país, se le daban ciertas ventajas, pero no podía ya sacar del país ni el capital ni las utilidades. Hoy en día, si lo vuelven a proponer, ese plan, con la dolarización en marcha, sería mucho más apetecible. Se evitarían los capitales golondrina y la inversión especulativa. Eso si, recuerdo: la visa solamente se la daban al inversor directo, su mujer, y sus hijos menores de 18 años.

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