25 mayo, 2024

¿Está maduro, o se pudrió?

Hemos mirado atónitos la tragedia que vive nuestra hermana Venezuela. Su sufrimiento se inició el siglo pasado, con una revolución que muchos creyeron que iba a cambiar las cosas para bien. El período Chavista, empezó con unas reformas en beneficio de las clases necesitadas y empezó a crecer el movimiento en popularidad. Luego empezó a venir el ataque a las Instituciones privadas y, al igual que en nuestro país, los ataques la prensa, los insultos a los opositores, las expropiaciones y, lógicamente, el pueblo empezó a aplaudir estas maniobras que les daba la oportunidad de sentir que podían crecer y tener, sin mayor esfuerzo lo que no habían tenido antes. Mientras tanto, las élites del Gobierno venezolano se enriquecían, llevándose el dinero de un país que, al ser millonario por el petróleo que producía, tenía recursos para ofrecer al pueblo, y para enriquecerse los de la élite al mismo tiempo. Una de las personas más ricas del mundo, en los momentos actuales, es la hija del ex Presidente Chávez.

Al morir Chávez, la Revolución chavista escogió como su sucesor a Nicolás Maduro, quien continuó con la revolución, y con las mismas tácticas de expropiación, de restricción de opinión, y el pueblo que ya había comenzado a despertar del sueño de opulencia al que el Gobierno lo había llevado, empezó a padecer las consecuencias de los casi 20 años de este tipo de Gobierno, en los que se les daba a todos alimentos, ya no producidos por Venezuela, puesto que se habían expropiado fábricas y haciendas, sino importados y subsidiados por el Estado, hasta que estalló la hambruna. Como no se pagaba a los importadores, empezaron a escasear los alimentos, las medicinar y los productos de primera necesidad, hasta que el pueblo no aguantó más y salió a las calles a defender su vida. La situación es tan patética que el mundo ha podido seguir el Vía Crucis del pueblo venezolano, ante la indolencia de los países hermanos que, por respeto a las normas internacionales, no se atreven a frenar esta barbarie.

Ya van más de tres meses de asesinatos que comete el Gobierno venezolano contra su propio pueblo. Hay ya casi un centenar de muchachos asesinados, ya sea por el Ejército, la Policía o los delincuentes asalariados, que forman parte de las fuerzas de “los Colectivos” fuerza paramilitar armada que creó la Revolución. ¿Es posible que el mundo siga permitiendo esto? ¿Somos tan indolentes que permitimos que nuestros hermanos venezolanos sigan sufriendo? Por lo que se ve en las noticias, la oposición es mucho mayor que la gente que apoya al Gobierno. Ya lo demostraron en las elecciones de la Asamblea, que el Gobierno se vio obligado a cuestionar para que no alcancen la mayoría, que los hubiera mandado a la casa.

Impactan las declaraciones de Maduro de que ésta revolución sigue, aunque tengamos que matar. Están, aparentemente tan arraigados a esta forma de vida, y de atraco, que están decididos a continuar, pase lo que pase.

El pueblo, en su gran mayoría, quiere un cambio. Lo que piden es elecciones libres. Están tan seguros de ser mayoría, que no desean otra cosa que elecciones libres, pero ¡YA! El Gobierno de Venezuela quiere una Constituyente para cambiar la Constitución y convertir Venezuela en una segunda Cuba. ¿Debe el mundo aceptar que esto ocurra?

Todo lo que vaya en contra de la autoridad dictatorial, no es válido para el Gobierno, aunque venga de sus propias filas. Automáticamente la persona en contra, pasa a ser oposición y debe ser eliminada. Igual que lo que vivíamos en el Correato y que, aparentemente al menos, está cambiando. El mundo debe intervenir y cambiar esta desgracia del pueblo venezolano.

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Guayaquil abre sus fiestas julianas y yo la siento amarrada con una soga que termina en un nudo gordiano. Desde hace 44 años que vivo con curiosa intensidad este periodo que se extiende desde julio hasta octubre, meses durante los cuales la ciudad se percibe o percibía diferente al resto de sus otras ciudades hermanas. Esto se reflejaba en el rostro de sus gentes que exhibía con pletórico orgullo esa expresión de sentirse libre e independiente sin ayuda de nadie sino de su propia idiosincrasia.

¡Cuantas veces exalté en mis columnas el inicio de julio, y saludé gozoso durante esos meses de vacaciones libertarias! Está bien que seamos una sola república, me decía, pero no por ser parte de ella dejemos de ser nosotros y dejemos de exaltar las diferencias con las que enriquecemos a esa misma república.

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3 comentarios

  1. Ojalá que esta situación nunca llegue a tocarnos a nosotros. Con la braveza nunca lograremos nada, ni tampoco con una contemplación pasiva. No me gusta para nada que sigan en el nuevo gobierno personas que colaboraron con el gobierno anterior; es un simple reciclaje.

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