20 abril, 2024

La encantadora Ellen DeGeneres

La nueva ceremonia de la entrega de los premios Oscar en su 86ª edición trajo gratas y variadas sorpresas. Las dos y más horas del espectáculo se vieron animadas, manteniendo el interés de los televidentes. El centro del show no fueron los premios tal largamente deseados y anhelados, sino la participación entusiasta, alegre y descomplicada de la su conductora, la gran comediante Ellen Degeneres. Ellen se lució conduciéndolo, lo manejo brillantemente, con una improvisación que ayudó a mantener el interés de un evento promocionado tanto, que constituye una gala esperada por los amantes del cine, casi mil millones de espectadores se supone que vimos esta fiesta de las películas.

Humanizo a las estrellas de cine, Hollywood humano como cualquiera de nosotros, eso fue en resumidas cuentas lo destacado de Ellen. Esas estrellas de cine que lucen tan fríos y distantes, a los que uno ve y admira por sus destacadas y memorables actuaciones, de pronto ahí dejando su glamour para comer de unas pizzas que la presentadora ofreció para pasar el hambre, con un Brad Pitt repartiendo platos y servilletas para que se sirvan. Eso me pareció genial, digno de recordar. Ahí se destaca lo bello de lo cotidiano, la belleza de lo simple, nadie es más, todos somos mortales y gustamos de comer pizza, de chuparnos los dedos, de comer mientras trabajamos, lo simple elevado a nuestra común forma de vivir.

En todo momento la conductora se mostró relajada, dispuesta a romper el molde, lo rígido, lo estático, lo formal que rodea estas solemnidades. Puso su gracia y quedo encantador. Según cuenta ella misma, lo del vendedor de pizzas fue una resolución que se tomo en ese instante. Mando a pedir las pizzas, llego el joven vendedor y lo invito al show, así de sencillo. La cadena que vende las pizzas no tuvo que pagar ni un dólar por tan grande promoción. ¿Pasaría algo similar en nuestra tal rígida televisión? En la que estas si pagas. Esa parte y la de la foto más retuiteada de la historia son improvisaciones que marcan un antes y un después en la realización de estos grandes shows de televisión.

El triunfo de Ellen en la conducción de los premios Oscar, es que ya nada puede ni debe ser tomado plano ni cuadrado. La rigidez del espectáculo la tiro por los suelos, para fortuna de los productores del show y los televidentes, que fuimos los que ganamos, quienes nos damos cuenta que en la sociedad actual, ya nadie es ni parece majestad, ni es intocable, ni se puede considerar tótem sagrado. Por ahí en las últimas elecciones un perdedor intento hacer escándalos con denuncias sin fundamentos, mal intencionadas y la gente lo rechazo. Son tiempos de gracia, en los que todo lo que creíamos que no podía pasar está pasando. Las grandes ideas ya no sirven, los grandes sabelotodo ya no están, aquellos que soñaban con quedarse en el poder 500 años o ya se murieron o se están muriendo. Este es el siglo 21, el tiempo nuevo.

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