12 julio, 2024

¿Dónde estamos los católicos?

Yo tengo claro que no se puede separar fe y vida. He comprendido que los seres somos orgánicos, integrales y que nuestros valores y espiritualidad deben estar presentes en todos los aspectos de nuestra vida (escribí antes sobre la coherencia).

Hace algunos años entre algunos amigos católicos formamos un grupo que buscaba participar en la política siguiendo los postulados de la Doctrina Social de la Iglesia. Queríamos una sociedad mejor, más justa, más equitativa, que diera oportunidades a todos. Queríamos pensar en dirigentes políticos más éticos, más honestos….. cristianos.

Sin embargo en los últimos años ante la polaridad política que vivimos y ante el rol que algunos miembros de la Iglesia Católica han adoptado frente al poder político del Ecuador me he cuestionado.

En busca de sentido

Cuando leo los discursos de Martin Luther King pienso que la fuerza de este hombre estaba en sus convicciones. El creía y soñaba con un mundo en el que fuéramos realmente libres e iguales. El nos contó su sueño y luchó para lograrlo: “Tarde o temprano todas las personas del mundo tendrán que descubrir el camino hacia una convivencia pacífica y entonces poder transformar esta elegía cósmica en un salmo de hermandad”. Luther King Jr. murió por defender sus ideales. Sus asesinos pensaron que este hombre firme y “convencido” era demasiado peligroso.

Eduardo Maruri me dijo un día que existen dos tipos de personas y que lo que las divide es cómo reaccionan ante el miedo. El primer grupo se paraliza y el segundo reacciona y actúa. Dijo entonces que los que reaccionan y actúan son los que hacen que las cosas pasen. La verdad es que él tiene mucha razón. El mundo es de los que deciden, el mundo es de los que anhelan algo, el mundo es de los que creen firmemente y luchan por conseguirlo.

The Protester – El Manifestante

Pertenezco a una generación que no se rebela porque está ocupada comprando, haciendo dinero o buscando el éxito. Aprendimos desde pequeños que lo importante era trabajar para conseguir seguridad económica y el triunfo personal. Temprano aprendimos que si teníamos suficiente dinero podíamos adquirir mucho confort, una buena casa, un buen carro, y artículos de lujo que nos permitieran vivir de la manera “correcta”.

Personalmente me sentía algo incómoda en estas reglas del juego porque me consideraba una “idealista” algo fuera de lugar, hablando de justicia y de doctrina social de la iglesia en medio de un mundo consumista muy cómodo haciéndose de la vista gorda. Pero como lo concreto y tangible es muy atractivo, me compraba mi dosis de anestesia y por algunas temporadas viví en paz con el sistema imperante.

Alguien se ha llevado nuestro queso

Una excelente noticia porque la verdad es que la manera en que los habitantes del Ecuador y del mundo estábamos produciendo el queso era extralimitada, por decir lo menos.

Estábamos acostumbrados a producir el queso para alimentar a unos pocos, pero explotando y utilizando el talento y la mano de obra de muchos. Llegábamos a acuerdos a puerta cerrada sobre los procedimientos a seguir y sobre las ganancias que recibiríamos. Nos funcionó por mucho tiempo pensar que la ley del más fuerte y el más talentoso nos había otorgado esos privilegios y con ese consuelo relegábamos a muchos de usar también sus talentos, prepararse y tener la oportunidad de soñar.

Hace poco un amigo me decía que un político muy fuerte y conocido de la vieja guardia debe liderar nuestro país y yo le respondí que esa manera de hacer las cosas ya quedó atrás. Los ciudadanos de hoy (en Ecuador y el mundo) ya saben que pueden opinar y que su opinión sí importa. Saben que pueden exigir transparencia y que los acuerdos a puerta cerrada son “inmorales”. Ya se han dado cuenta que una rosca de amigos se encarga de los contratos en el gobierno de las ciudades, de las provincias, del país y del mundo y que eso tiene que acabar.

Oh Wow! Oh Wow! Oh Wow!

Steve Jobs

Fueron las últimas palabras de Steve Jobs antes de morir según su hermana Mona Simpson. Ella dice en su artículo que no dejó de descubrir y sorprenderse hasta el último momento. También cuenta que aún en los peores momentos de su enfermedad no dejaba de pensar en cómo resolver problemas de diseño y de crear. Pero lo que más me sorprendió de este testimonio es la parte en la que cuenta que cada vez que su esposa entraba a una habitación el sonreía. Que anhelaba llevar al altar a sus hijas en el día de su boda, lo que evidentemente no sucederá.

Pensé que lo que más llama la atención de la vida de una persona son sus éxitos profesionales, las condecoraciones recibidas, los títulos académicos, los cargos públicos. Con pena también pensé que a veces le dedicamos mucho tiempo y esfuerzo a estos reconocimientos públicos y a la carrera de los logros profesionales y les pedimos un sacrificio enorme a nuestros familiares.

Me quedo aquí

Anoche estuve en la premiere del Documental sobre la migración de italianos a Ecuador, “Yo me quedo aquí” del director italiano Carlo Tozzi ; un extraordinario trabajo profesional de este joven cineasta que además ama al Ecuador.

Desde niña conocí a amigos de mis padres y de mis hermanos mayores con apellidos italianos. Algunos de ellos muy queridos y muy cercanos. Tenían ese aire de extranjeros que los ecuatorianos vemos con admiración. Yo creía que eran más simpáticos, definitivamente más acomodados – eso creía yo – usaban productos extranjeros, su lenguaje y acento sonaban sofisticados y conocían lugares fascinantes.

Viendo el documental,recordé a una de las mejores amigas de mi hermana mayor, Giulliana Bigalli y su esposo Eduardo Sbarbaro. Me acuerdo que viajaban mucho a Europa y otros países del mundo y que tenían un estilo de vida muy natural , muy generoso. Siempre recibían personas en su casa , donde además se comía muy rico. Eran muy sencillos , aunque siempre tenían productos importados de gran calidad. Otra cosa que ahora veo con más admiración aún era el gusto por la comida ecuatoriana, por los cangrejos para ser exactos. A Eduardo le encantaban y era un experto con el martillo. Los recuerdo generosos, muy generosos y muy orgullosos de su herencia familiar y del legado de sus padres italianos. Una fábrica de sombreros, primero de paja y luego de lana en Quito eran la empresa familiar en la que los nietos adultos se desarrollaron laboralmente.

El Matrimonio

The sexes were originally three, men, women, and the union of the two

En las últimas semanas he tenido ciertas coincidencias: estuve en el matrimonio de la hija de una querida amiga, un compañero de trabajo se está casando y personas queridas han celebrado su aniversario de boda; y me he puesto a pensar en el matrimonio. A pensar que el matrimonio se ve más lindo en la fiesta, en el romance, en el tiempo de enamoramiento y que luego las parejas se van acomodando de acuerdo a modelos familiares aunque hayan jurado nunca ser como sus padres. Aunque según una buena amiga, cada nueva generación tiene mejor calidad de vida emocional que sus padres.

El matrimonio es romance, puro romance antes de casarse. Es novedad y estreno de casa, de relación, de cuerpos, y eso los mantiene distraídos por un tiempo. Luego viene la lucha de poder en la que ella quiere tener la casa de sus sueños, el esposo de sus sueños, la vida de sus sueños; mientras el esposo solo quiere algo de libertad y tranquilidad. Algunos matrimonios mueren justamente en esta etapa pues el egoísmo disfrazado de “yo solo quiero lo mejor”, o “yo quiero sentirme amada”, o” y a pesar de todo lo que doy no veo que es valorado”…… Justamente por esto es mejor postergar la maternidad, porque si le añadimos un llanto demandante a esta mezcla, lo más seguro es que fracasen o sigan adelante con la sensación de fracaso escondida, o que usen al pequeño para que reemplace emociones frustradas o sueños incumplidos. Y la verdad es que estos pequeños merecen padres con la película clara y su situación personal resuelta. Padres a quienes mirar y admirar, que muestren amor verdadero y desinteresado y que pongan reglas claras para crecer en un ambiente seguro.

La Coherencia

Un día descubrí que este era el punto en el que las personas dejamos ver la madera de la que estamos hechos. Nos gusta hacer cosas buenas por los demás para sentirnos bien, nos gusta que nos quieran y nos acepten y para lograrlo haríamos algunos esfuerzos. Pero también descubrí que nos gusta decir cosas muy lindas, que nos gusta descubrir errores ajenos y dar hermosos discursos. Lo que pasa es que también descubrí que no estamos muy dispuestos a pagar el precio de la coherencia.

Hablar de coherencia y tratar de ponerlo en práctica son dos cosas muy diferentes. Cuando uno elige un estilo de vida comprometido y respetuoso con el prójimo el reto de mantenerlo y de no traicionarse a uno mismo es realmente difícil. Hace falta paciencia y determinación para mirar a cada persona que nos sale al encuentro diariamente con los mismos ojos y sin prejuicios. Hace falta voluntad para resolver todos los días ser una buena persona y escuchar a otros con respeto y cariño aunque sospechemos que no están haciendo bien las cosas.

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