Contexto
La primera gran Logia de Londres nació el 24 de junio de 1717.
La masonería original u operativa inició en el gremio de los constructores de las impresionantes catedrales europeas de la Edad Media; eran canteros y arquitectos o constructores libres que picaban en piedra. De allí viene la palabra freemason o constructor libre.
Con el paso de los siglos dejaron de construirse tantas catedrales gigantescas. Entonces estos gremios empezaron a admitir a personas que no picaban en piedra: nobles, pensadores, burgueses y librepensadores; y se les llamó masones aceptados.
En vez de construir edificios de piedra, se reunían en un lugar seguro para intentar construir un mundo mejor a través del debate filosófico y científico, a salvo de la censura de los reyes absolutistas y de la Iglesia.
En resumen, habían cambiado los ladrillos reales por ladrillos morales.
Estos grupos de pensadores deciden salir a la luz, unirse y organizarse oficialmente creando la Gran Logia de Londres en 1717 y aquí es donde oficialmente nace la masonería especulativa o moderna.
La masonería fue ramificándose por toda Europa durante el siglo XVIII y XIX.
Pero, en 1877 ocurrió una gran ruptura: por un lado las logias británicas habían terminado agrupándose en la Gran Logia Tradicional de Inglaterra, creada en 1813; y por otro lado la masonería francesa se había reorganizado bajo el Gran Oriente de Francia, constituida oficialmente el 24 de junio de 1773.
El Gran Oriente de Francia con el tiempo empezó a adoptar ideas más progresistas. El choque estalló cuando los franceses tomaron una decisión histórica: eliminar de sus reglas la obligación de creer en Dios, para poder admitir libremente ateos y agnósticos. A los ingleses les pareció una traición a las reglas originales y en 1877 cortaron toda relación entre ellos, creando el cisma que permanece hasta hoy.
Para ver más claras las diferencias entre las dos corrientes de logias irreconciliables:
En la masonería regular, la institución principal es la Gran Logia Unida de Inglaterra, que exige a sus miembros creer en un Ser Supremo al que llaman el Gran Arquitecto del Universo. Prohíbe hablar de política y religión en sus reuniones y tradicionalmente no admite mujeres.
En la masonería liberal, la institución principal es el Gran Oriente de Francia. En 1877 dejó de exigir creer en Dios, admitiendo a ateos y agnósticos. Debate activamente sobre política, defiende el laicismo y los derechos civiles, y admite a las mujeres. Es una masonería mixta.
Mientras que los británicos regulares buscaban estabilidad y se aliaron fuertemente con la monarquía.
Ambas logias tienen sus similitudes y sus códigos; su forma de enseñar es cien por ciento con imágenes, símbolos y alegorías para transmitir ideas profundas para ser mejores personas.
El objetivo principal de cualquier masón es pulirse a sí mismo para ayudar al progreso de la humanidad.
Empiezan considerándose una piedra bruta, una persona en su estado inicial con instintos, prejuicios e imperfecciones, y trabajan duro estudiando, reflexionando y guardando silencio para convertirse en una piedra cúbica. Alguien equilibrado y listo para incorporarse en la sociedad a nivel mundial donde han colaborado con su capacidad en varios gobiernos, incluido el Ecuador.
La Gran Logia del Ecuador (GLE) es una Gran Logia regular porque se ajusta a las reglas compatibles en todos los aspectos con las Antiguas Regulaciones, Tradiciones y antiguos Usos y Costumbres del Oficio de la masonería inglesa.
Esta fábula utiliza símbolos inspirados en la historia de la masonería para transmitir una enseñanza sobre el crecimiento personal y la construcción de una mejor sociedad, y suena así:
La fábula de las dos canteras
Hace muchos siglos, en un lejano reino, existía una hermandad de canteros que levantaba las catedrales más grandiosas del mundo. Cada piedra era colocada con paciencia, precisión y respeto. No cualquiera podía llamarse constructor; primero debía aprender a dominar el cincel antes de pretender levantar un templo.
Con el paso de los años, las grandes catedrales dejaron de construirse. Muchos pensaron que el oficio desaparecería. Sin embargo, el anciano Maestro de la Cantera reunió a los artesanos y les dijo:
—Si ya no podemos levantar templos de piedra, levantemos templos en el corazón de las personas.
Desde entonces comenzaron a recibir en sus reuniones no solo a canteros, sino también a filósofos, científicos, comerciantes y pensadores. Ya no llegaban con martillos, sino con preguntas; ya no cargaban bloques de granito, sino ideas.
Los antiguos ladrillos se transformaron en valores. La escuadra pasó a representar la rectitud; el compás, la prudencia; el nivel, la igualdad entre los seres humanos.
Durante mucho tiempo caminaron juntos. Pero un día surgió una gran discusión.
Un grupo sostenía que la vieja tradición debía mantenerse intacta, respetando las enseñanzas heredadas de los antiguos maestros y evitando que las diferencias políticas o religiosas dividieran la hermandad.
El otro grupo creía que los tiempos habían cambiado y que era necesario abrir las puertas a toda persona de buena voluntad, permitiendo debatir libremente sobre los asuntos de la sociedad y aceptando distintas formas de entender el mundo.
Ninguno logró convencer al otro.
Así, la gran cantera terminó dividiéndose en dos caminos. Uno continuó defendiendo la tradición; el otro abrazó nuevas ideas. Aunque caminaron separados, ambos siguieron tallando la misma materia prima: el ser humano.
Los años pasaron y las dos canteras siguieron enseñando mediante símbolos, alegorías e historias. A cada nuevo aprendiz le entregaban una piedra sin pulir.
—Esta piedra eres tú —decían los maestros—. Nadie nace terminado.
Algunos golpeaban la piedra con violencia y la rompían. Otros la abandonaban porque era demasiado difícil. Pero quienes trabajaban con paciencia, estudiaban, escuchaban más de lo que hablaban y corregían sus propios defectos, poco a poco transformaban aquella piedra bruta en una piedra perfectamente labrada.
Entonces comprendían la verdadera lección:
No importa cuántos templos construyas afuera si antes no has construido el que llevas dentro.
Se dice que, con el paso de los siglos, hombres y mujeres formados en distintas escuelas llevaron ese ideal de perfeccionamiento personal al servicio de sus comunidades. En muchos países, incluido el Ecuador, ciudadanos pertenecientes a diversas corrientes masónicas participaron en la vida pública, convencidos de que una sociedad mejor comienza por ciudadanos mejores.
Moraleja
Las instituciones pueden dividirse por sus ideas, pero la verdadera grandeza de una persona no depende de la logia a la que pertenezca, sino de cuánto haya logrado pulir su propia piedra. Quien vence sus prejuicios, cultiva el conocimiento y actúa con rectitud, siempre estará construyendo el templo más importante: el de su carácter.
