19 agosto, 2026

Nicaragua bajo el régimen de Ortega

La historia nos enseña la obsesión de algunas personas por someter la voluntad de los demás. Por ejemplo, en la Roma clásica asistimos al trágico espectáculo de Julio César, un genio militar que, enceguecido por el aplauso de las masas, decidió herir de muerte a la República autoproclamándose dictador perpetuo. Siglos más tarde, las estepas asiáticas vieron surgir a Gengis Kan, un caudillo nómada cuya voluntad omnímoda se convirtió en una ley de sangre y fuego, forjando un imperio descomunal sobre las cenizas de pueblos exterminados.

Por otra parte, el siglo XX, que debió ser el siglo de la razón, terminó siendo el laboratorio de los totalitarismos más feroces. El delirio ideológico alcanzó cimas monstruosas con Iósif Stalin en la Unión Soviética, quien mediante las purgas, el Gulag y el terror sistemático trituró cualquier atisbo de disidencia. En el extremo oriental, Mao Zedong llevó a China a la catástrofe demográfica más espantosa con experimentos sociológicos radicales que afectaron a ese país. Asimismo, Europa central padeció la locura de Adolf Hitler, quien arrastró al pueblo alemán al abismo del Holocausto, mientras que en Italia, Benito Mussolini ensayaba el fascismo. No podemos olvidar a Francisco Franco, quien congeló a España en un autoritarismo durante casi cuatro décadas. Además, al norte de la península coreana, la dinastía Kim perfeccionó el control totalitario, transformando a un país entero en un inmenso y hermético cuartel donde el culto a la personalidad sustituye a la religión.

América Latina, por desgracia, también ha tenido varios dictadores. Recordemos la tiranía de Rafael Leónidas Trujillo en la República Dominicana, Augusto Pinochet en Chile, Jorge Rafael Videla en Argentina, y Alfredo Stroessner en Paraguay. No podemos olvidar la tragedia en Cuba o los abusos en Venezuela que terminaron con la detención de Nicolás Maduro, entre otros casos.

Pero la noticia que hoy nos convoca es el anuncio de Daniel Ortega declarando la abolición de las elecciones en Nicaragua, al suprimir formalmente las urnas, tratando de acabar con el régimen democrático.

Ortega gobierna junto a su esposa y han creado un régimen de terror persiguiendo a la iglesia, desterrando escritores, clausurando periódicos y encarcelando opositores.

Como latinoamericanos nos sentimos solidarios con el pueblo de Nicaragua. Asimismo, mantenemos la esperanza de que de manera inmediata los gobiernos latinoamericanos y los organismos internacionales actúen para evitar que la familia Ortega termine con la democracia en Nicaragua.

1 comentario

  1. El poder elegir, si lo que se elige es entre las opciones que los distintos regímenes te permite, no es libertad, Cuba es el mejor ejemplo en las Americas.

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