10 agosto, 2026

La buena historia se repite

«Aquellos que no pueden recordar el pasado, están condenados a repetirlo» (1905/1906). Alude, por condenados, a los hechos negativos registrados. Parafraseando la reflexión en positivo, sin embargo, puede afirmarse que quienes recuerden los hechos que derivaron en prosperidad y bienestar, siempre tienen la oportunidad de repetirlos y mejorarlos, dejando, atrás, quizás para siempre, los periodos de estancamiento, decadencia y malestar general.

Guayaquil y su pueblo están cerrando sus fiestas julianas, las de la fundación española. Lo hacen, lamentablemente, en medio de la incertidumbre, de una muy pobre y cuestionada gestión municipal que, por ignorar la historia, desconocimiento de la realidad local y cantonal, incompetencia administrativa y actos reñidos con las leyes, entre otros, los han vuelto a la vida de la desatención a las necesidades urgentes, de la inseguridad ciudadana, del abandono de la obra pública y la regeneración urbana, de la indispensable y oportuna atención de los temas sociales.

Pocos años han sido suficientes para que Guayaquil y su población sufran las consecuencias y hayan sido condenados a repetir lo que sucedía en las alcaldías anteriores a las de León Febres-Cordero y Jaime Nebot: corrupción, desorden, desaseo, déficit marcado de obra pública, escasez e inexistencia de servicios, etcétera. Los festejos de julio y octubre en los periodos de Febres-Cordero y de Nebot fueron repletos de inauguraciones, inicios de obras, suscripción de nuevos contratos, convocatorias de concursos y licitaciones, momentos de unción cívica, fomento y realización cultural, turístico, deportivo, gastronómico. Esa programación era solamente el complemento de lo mismo que se hacía a lo largo de los 10 meses restantes. Posible de hacerlo porque del 100 % del presupuesto 85 % se destinaba a las necesidades de la población y 15 % al gasto corriente, incluyendo el pago de salarios a los servidores municipales. Eso fue lo que entonces elevó, con justa razón, la autoestima de la población y su sano orgullo de vivir en Guayaquil; autoestima y orgullo que ahora se desvanecen.

El Guayaquil de hoy —y de la patria también—, requiere con urgencia repetir la buena historia y desterrar para siempre la mala y que condena. Las elecciones seccionales de noviembre próximo son ocasión propicia para hacerlo. Los aplaudidos, nacional e internacionalmente, gobiernos de Febres-Cordero y de Nebot, pueden repetirse y, por qué no, ser mejores, en manos apropiadas y experimentadas, coadyuvantes en la implantación del modelo exitoso de gestión que, por lo demás, debería emularse en el resto de cantones del Ecuador.

1 comentario

  1. Muy triste, Jorge. Las dos últimas administraciones municipales destruyeron las obras del Ing. Leon Febres Cordero Ribadeneyra y de Jaime Nebot Saadi. La ciudad está inmunda, todo se alquila o se vende. Campea el robo y la inseguridad. La administración es una burla y lo peor es que no se perfila que va a mejorar. Guayas sí con Juan Carlos González, gran médico y hombre honesto. Leiste lo de los nuevos parquímetros? están vendiendo las calles y atorando a sus habitantes.

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