«Aquellos que no pueden recordar el pasado, están condenados a repetirlo» (1905/1906). Alude, por condenados, a los hechos negativos registrados. Parafraseando la reflexión en positivo, sin embargo, puede afirmarse que quienes recuerden los hechos que derivaron en prosperidad y bienestar, siempre tienen la oportunidad de repetirlos y mejorarlos, dejando, atrás, quizás para siempre, los periodos de estancamiento, decadencia y malestar general.
Guayaquil y su pueblo están cerrando sus fiestas julianas, las de la fundación española. Lo hacen, lamentablemente, en medio de la incertidumbre, de una muy pobre y cuestionada gestión municipal que, por ignorar la historia, desconocimiento de la realidad local y cantonal, incompetencia administrativa y actos reñidos con las leyes, entre otros, los han vuelto a la vida de la desatención a las necesidades urgentes, de la inseguridad ciudadana, del abandono de la obra pública y la regeneración urbana, de la indispensable y oportuna atención de los temas sociales.
Pocos años han sido suficientes para que Guayaquil y su población sufran las consecuencias y hayan sido condenados a repetir lo que sucedía en las alcaldías anteriores a las de León Febres-Cordero y Jaime Nebot: corrupción, desorden, desaseo, déficit marcado de obra pública, escasez e inexistencia de servicios, etcétera. Los festejos de julio y octubre en los periodos de Febres-Cordero y de Nebot fueron repletos de inauguraciones, inicios de obras, suscripción de nuevos contratos, convocatorias de concursos y licitaciones, momentos de unción cívica, fomento y realización cultural, turístico, deportivo, gastronómico. Esa programación era solamente el complemento de lo mismo que se hacía a lo largo de los 10 meses restantes. Posible de hacerlo porque del 100 % del presupuesto 85 % se destinaba a las necesidades de la población y 15 % al gasto corriente, incluyendo el pago de salarios a los servidores municipales. Eso fue lo que entonces elevó, con justa razón, la autoestima de la población y su sano orgullo de vivir en Guayaquil; autoestima y orgullo que ahora se desvanecen.
El Guayaquil de hoy —y de la patria también—, requiere con urgencia repetir la buena historia y desterrar para siempre la mala y que condena. Las elecciones seccionales de noviembre próximo son ocasión propicia para hacerlo. Los aplaudidos, nacional e internacionalmente, gobiernos de Febres-Cordero y de Nebot, pueden repetirse y, por qué no, ser mejores, en manos apropiadas y experimentadas, coadyuvantes en la implantación del modelo exitoso de gestión que, por lo demás, debería emularse en el resto de cantones del Ecuador.

Muy triste, Jorge. Las dos últimas administraciones municipales destruyeron las obras del Ing. Leon Febres Cordero Ribadeneyra y de Jaime Nebot Saadi. La ciudad está inmunda, todo se alquila o se vende. Campea el robo y la inseguridad. La administración es una burla y lo peor es que no se perfila que va a mejorar. Guayas sí con Juan Carlos González, gran médico y hombre honesto. Leiste lo de los nuevos parquímetros? están vendiendo las calles y atorando a sus habitantes.