Una parte del Mundial está a la venta, y la familia Trump anda cerca de la mesa de negociación
211 federaciones, una carta y una amenaza fue la «oferta» que la FIFA no quería que se rechazara.
Gianni, así no
«No puedo quedarme de brazos cruzados mientras la FIFA se plantea vender una participación en el Mundial. Es un mal acuerdo para las federaciones, para el fútbol y para el futuro a largo plazo de este deporte.» Con esas palabras renunció Carlos Cordeiro, hasta hace días el principal consejero de Gianni Infantino.
«Esta no es una forma responsable de determinar el futuro del fútbol mundial. La responsabilidad de la FIFA no es maximizar los beneficios comerciales a cualquier precio, sino proteger y fortalecer el fútbol para las generaciones futuras. Cuando estos principios entran en conflicto, el fútbol debe ser lo primero.»
¿Qué provocó la renuncia? Infantino anunció hace pocos días la venta del 20 % de las acciones del Mundial. La filial se llama FIFA Forward Enterprise (FFE), está valorada en 20 000 millones de dólares y concentraría derechos audiovisuales, patrocinios, entradas y licencias de las competiciones de la FIFA. El principal vehículo de inversión es Thrive Eternal, de Joshua Kushner, hermano de Jared Kushner, yerno de Donald Trump. La FIFA aclara que Jared Kushner no es inversionista, aunque sí lo es su hermano.
Detrás del anuncio, poco margen para disentir: según las cartas enviadas a las 211 federaciones, Infantino ofreció bonos de 20 millones de dólares por federación y advirió recortes de hasta el 75 % en los fondos para quienes no respaldaran el plan. Es decir, extorsión.
Por su parte y como era de esperarse, la UEFA, Concacaf, AFC y varios clubes europeos cuestionaron la falta de transparencia, el «cero detalle sobre quién se beneficia» y la lógica de convertir el Mundial en un activo comercial.
¿Entonces el fútbol es un negocio? Evidentemente, sí. La pregunta es otra: ¿también debe convertirse en un activo financiero ligado a los grandes intereses políticos y económicos? Infantino ha mostrado una cercanía difícil de ignorar con Trump y con esos capitales. Vincular así la competición más importante del deporte no lo fortalece: lo vuelve dependiente, y con ello pierde parte de su esencia.
El fútbol no se vende; al menos, no de forma tan descarada, Gianni.
