La economía adolece de muchas deficiencias, entre recientes y antiguas, unas más serias y otras con menos agravantes, pero en general, aún sin las correcciones necesarias para fomentar la generación de trabajo. El mercado, en mayor o menor medida, es impulsado por un lavado de activos que podría llegar a ±$5 millardos anuales.
Si ese monto tuviese grado de inversión produciría ±250,000 empleos al año. Al corresponder a una economía subterránea, empero, provoca empleo de muy mala calidad —sin afiliación al IESS, etc.— y cortoplacista. Es decir, permea en la estructura económica nacional, a través del consumo y la adquisición de activos relativamente nuevos y de alto valor, pero sus efectos destruyen igualmente cualquier incipiente iniciativa por corregir una malversada productividad fundamentada en todo, menos en institucionalidad.
La propaganda gubernamental —propia y de sus agentes periodísticos— es presumiblemente solo un gasto dentro y fuera del PGE por el que se intenta maquillar una realidad sostenida por los bajísimos índices de inversión extranjera directa: no hay —y no habrá por mucho tiempo— trabajo en la dimensión requerida por una creciente masa poblacional.
Puede que el pueblo no lo entienda conceptualmente, pero sus penurias están enraizadas en un mercado encapsulado por una gran burbuja de corrupción. La solución está definitivamente en la racionalidad de la libertad económica generada por el Estado de derecho y la institucionalidad derivada del mismo. La verdad es la verdad y los demás son cuento.

Mientras no se elimine la corrupción, nose podrá generar empleos con personal eficiente ya que los que sobornan para conseguirlo son por ende parte dela propia corrupción, y desgraciadamente en nuestro país ese es el cuento del gallo pelón . Un abrazo Gonzalo