10 agosto, 2026

¿Red de ketamina en Quito?

La ketamina es un anestésico disociativo de acción corta que se desarrolló en la década de 1960, inicialmente para uso en el campo de batalla. Desde 1970 está aprobada para uso médico en humanos y animales en Estados Unidos. En niños, especialmente en países en desarrollo, sigue siendo utilizada como anestésico general.

En dosis bajas, puede provocar efectos alucinógenos y sensaciones de separación del entorno. A pesar de su origen como medicamento de emergencia, hoy la ketamina se ha convertido en un tratamiento emergente para pacientes con depresión resistente, trastornos de ansiedad, ideación suicida y dolor crónico.

El aumento de su popularidad en contextos psiquiátricos se ha dado en paralelo con un uso recreativo creciente, lo que ha despertado alertas tanto entre profesionales de la salud como en quienes encontraron, en el norte de Quito —donde resido temporalmente—, más de 450 cajas de ketamina y 150 recipientes químicos. Ocho personas resultaron detenidas y se descubrió un centro ilegal funcionando dentro de una empresa. En Quito, a la ketamina se le conoce como la droga rosa, que se utiliza como inhaladores e inyectables. Están involucradas varias empresas farmacéuticas que comercializan desde Ecuador y Colombia, y ante las que la Fiscalía mira para otro lado.

Con esta información puedes ayudarme con una fábula para alertar a la ciudadanía, de máximo tres o cuatro minutos para un video, y un exhorto público.

Fábula: La niebla rosada del valle

En un valle rodeado de montañas vivía una comunidad de animales trabajadores. Allí había abejas que cultivaban miel, ardillas que almacenaban semillas y colibríes que alegraban los amaneceres con su canto.

Un día apareció una extraña niebla rosada que salía de una vieja bodega escondida entre los árboles. Al principio, muchos animales no le dieron importancia. Algunos decían que era un perfume moderno; otros aseguraban que servía para olvidar las penas, el cansancio y las preocupaciones.

La niebla era fabricada por un grupo de zorros astutos que trabajaban en secreto. Ellos prometían felicidad instantánea y ganancias rápidas. Poco a poco, algunos conejos, mapaches y aves comenzaron a acercarse a la bodega.

Al inhalar aquella neblina, sentían una euforia pasajera. Creían volar más alto, correr más rápido y ser más felices. Pero cuando el efecto desaparecía, regresaban más confundidos, más débiles y más dependientes.

Las familias del valle empezaron a sufrir. Los castores abandonaban sus represas, las hormigas olvidaban sus tareas y los jóvenes animales dejaban de perseguir sus sueños. Mientras tanto, los zorros seguían acumulando riquezas.

Una noche, una vieja lechuza reunió a todos los habitantes en la plaza del bosque.

—La niebla rosada no es un regalo —dijo con voz firme—. Es una cadena disfrazada de libertad. Quien comercia con la debilidad ajena roba el futuro de toda la comunidad.

Los animales comprendieron entonces que el problema no estaba solo en quienes consumían la niebla, sino también en quienes la fabricaban, la distribuían y en aquellos guardianes del bosque que, pudiendo actuar, preferían mirar hacia otro lado.

La indignación se transformó en acción. Los habitantes denunciaron los escondites, exigieron controles y recuperaron los espacios donde antes reinaba el silencio. La bodega fue clausurada y el valle comenzó lentamente a sanar.

Antes de morir, la vieja lechuza dejó escrita una frase en el tronco de un gran árbol:

«Cuando el veneno se disfraza de medicina y la ambición se disfraza de progreso, el silencio de los buenos se convierte en el mejor aliado de los traficantes».

Moraleja

Una sociedad que cierra los ojos ante el tráfico de sustancias peligrosas termina entregando a sus hijos lo más valioso que posee: su libertad, su salud y su futuro. La vigilancia ciudadana, la denuncia responsable y la educación son las mejores defensas contra quienes convierten el dolor humano en negocio.

Exhorto público

Ciudadanos:

Las drogas ilícitas y las redes clandestinas no distinguen condición social, edad ni barrio. Detrás de cada laboratorio ilegal, de cada sustancia comercializada fuera de control y de cada organización que lucra con la dependencia humana, existe una amenaza para nuestras familias y comunidades.

Exijamos investigaciones transparentes, controles efectivos y sanciones para quienes participen en estas actividades. Pero también fortalezcamos la prevención, la educación y el acompañamiento a nuestros jóvenes.

No normalicemos aquello que destruye vidas. No guardemos silencio ante aquello que pone en riesgo a nuestros hijos. Una comunidad informada y vigilante es siempre más fuerte que cualquier red criminal.

1 comentario

  1. Gracias. Por esta denuncia Publica Ciudadana… que como se lo lee se presume normalizar como medicina y nada más, y como un logro más para el Organismo estatal qué le toque regular.
    Cuando el veneno se disfraza de medicina y la ambición se disfraza de progreso, el silencio de los buenos se convierte en el mejor aliado de los traficantes».
    Gracias compartiré su artículo en mis redes.
    Shalom Abrahim.

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