10 agosto, 2026

Fábula N.º 28: El reino del pozo sin fondo

Había una vez un reino llamado el país de Manuelito, una tierra rica en montañas, ríos y gente trabajadora. Durante muchos años sus habitantes vivieron convencidos de que, aunque los problemas existían, siempre habría una salida.

Pero con el paso del tiempo comenzaron a ocurrir cosas extrañas.

Los caminos dejaron de ser seguros. Los comerciantes viajaban con miedo. Los campesinos ya no sabían si regresarían tranquilos a sus hogares. Los jueces discutían entre ellos, los guardianes del reino parecían correr detrás de las sombras y los gobernantes se culpaban unos a otros mientras el pueblo observaba cómo la inseguridad crecía cada día.

En medio de aquella incertidumbre, apareció un enorme pozo en la plaza central.

—¡Hemos tocado fondo! —gritaban algunos.

Entonces el rey convocó a los sabios del reino para que descubrieran qué tan profundo era aquel pozo.

Llegó el Búho Jurista y lanzó una piedra.

Pasó un minuto.

Pasaron diez.

Pasó una hora.

Y jamás se escuchó el golpe.

—Este pozo no tiene fondo —dijo preocupado.

Luego llegó el Zorro Político.

—No se preocupen —afirmó—. Pintemos la boca del pozo y parecerá más pequeño.

El pueblo aplaudió por unos días, pero el pozo siguió creciendo.

Después apareció el Mono Reformista.

—Yo propongo poner una tabla encima para que nadie lo vea.

Y durante algún tiempo funcionó. Sin embargo, la tabla terminó rompiéndose y varias personas cayeron nuevamente.

Finalmente llegó una vieja Tortuga que había recorrido muchos reinos.

Observó el pozo y dijo:

—Todos están equivocados. El problema no es el pozo. El problema es quién lo cavó y con qué herramienta jurídica nos dejó sin salidas, quién permitió que creciera y quién sigue alimentándolo.

Los habitantes guardaron silencio.

—Cada mentira lanzó una pala de tierra.

—Cada acto de corrupción cavó más profundo.

—Cada abuso de poder ensanchó sus paredes.

—Cada ciudadano que prefirió callar añadió otra piedra.

—Y cada gobernante que pensó primero en sí mismo ayudó a hacerlo interminable.

Un joven colibrí preguntó:

—¿Entonces debemos seguir cavando hasta encontrar el fondo?

La Tortuga negó con la cabeza.

—No. Deben dejar de cavar y comenzar a construir.

—¿Construir qué? —preguntó el pueblo.

—Constituciones fuertes.

—Leyes justas.

—Autoridades honestas.

—Ciudadanos vigilantes.

—Y una nueva cultura donde el poder pertenezca realmente al pueblo y no a quienes se sirven de él.

Los animales comenzaron a discutir.

Unos querían cambiar solamente las paredes del pozo.

Otros querían cambiar la cuerda.

Algunos proponían pintar nuevamente la plaza o reformas cosméticas.

Pero la Tortuga insistía:

—Cuando los cimientos están agrietados, no basta con cambiar las ventanas. ¿No sé si me hago entender?, cuando la Constitución está vacía y sin política pública integral, las reformas parches no sirven.

Aquella noche, los habitantes comprendieron algo importante: ningún reino cambia solamente reemplazando a sus gobernantes.

Cambia cuando transforma las reglas que están en la Constitución de Montecristi que permiten los abusos y cuando la ciudadanía asume la responsabilidad de defender la libertad, la justicia y el bien común.

Con el tiempo, el pozo dejó de crecer.

No porque desaparecieran todos los problemas, sino porque el pueblo dejó de esperar salvadores y decidió convertirse en el verdadero guardián de su destino.

Moraleja

Los pueblos no tocan fondo cuando sufren crisis; tocan fondo cuando pierden la esperanza y renuncian a cambiar la norma madre que está caduca. La verdadera revolución comienza cuando las mentes despiertan, la ciudadanía participa y el poder deja de ser un privilegio para convertirse en un servicio al pueblo.

Reflexión

La sociedad está cansada y los ecuatorianos estamos hartos. El sentimiento es general. Hemos perdido la tranquilidad de poder circular libremente por nuestro país sin temor a ser asaltados o secuestrados. Hay una pérdida total de confianza en las autoridades y en las instituciones destinadas a dar paz y seguridad: la Policía, el sistema de justicia, con jueces presos y fiscales cuestionados, y el propio Estado sin rumbo fijo.

Vivimos en un entorno de arbitrariedad, de ilegalidad y de violencia semiheredada y ¿cómo lo combatimos en este gobierno? Lamentablemente, con más arbitrariedad, ilegalidad y violencia. No creo que es el camino correcto.

A mi juicio es imprescindible, inaplazable insistir en una NUEVA CONSTITUCIÓN.

La voluntad popular, la aspiración de nuestra sociedad impone la imprescindible e inaplazable reforma de la Constitución vigente para superar la tragedia en la que nos ha llevado la polarización de las fuerzas políticas y el desengaño de las consultas que, inducidas a decir No, nos están pasando factura.

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