Tras los terribles terremotos gemelos registrados en Venezuela, la estela de muertos, heridos, desaparecidos y destrucción de bienes materiales alcanza cifras escalofriantes. Se sabe que, junto a la furia de la naturaleza, una gran culpa la tienen quienes durante 27 años continuos gobiernan ese país: red de salud en pésimas condiciones; marcado déficit de servicios de agua potable, alcantarillado (pluvial y sanitario), telecomunicaciones y energía eléctrica; escasez notoria de equipos, maquinarias, ambulancias, albergues y recursos humanos para las operaciones de búsqueda y rescate; y, entre otros ejemplos, la pésima construcción, con materiales de ínfima calidad, de los programas habitacionales oficiales, que se han derrumbado como castillo de naipes. Sencillamente, la tragedia ha desnudado por completo lo que se ha denunciado siempre: la corrupción ha gobernado esa nación y hoy, en medio de la tragedia, su pueblo cosecha tenebrosos resultados.
Los alcaldes de Pujilí, Guayaquil, Esmeraldas, Jipijapa y Machala guardan prisión acusados de la comisión de delitos. Cada uno de ellos —como lo hacen todos, incluidos sentenciados y prófugos de la justicia— se ha declarado «perseguido político». Este comentarista no los declara culpables, ellos merecen un proceso justo y su derecho a defenderse. Sin embargo, en esas ciudades y en otras tantas del Ecuador, bien se sabe que el poder político está infiltrado por el crimen organizado (lavado de dinero, narcotráfico, minería ilegal, enriquecimiento ilícito, contratación pública irregular), provocando grandes fortunas. La corrupción domina el panorama mientras los pueblos siguen sin servicios básicos, sin atención a sus más urgentes necesidades.
El presidente Trump llama al presidente de la FIFA, Gianni Infantino. Gestiona y consigue el levantamiento de una expulsión del goleador norteamericano y este es alineado para el partido siguiente. Los árbitros favorecen a los «grandes» en sus decisiones. Pitan faltas (foul) que no son, dejan jugar ante faltas evidentes y nadie entiende cuándo ciertamente se cometieron estas. Los encargados del VAR, finalmente, hacen un trabajo lleno de misterios. Corrupción manifiesta en el fútbol, en el deporte con el mayor número de seguidores en el globo terráqueo.
La corrupción es un fenómeno que aparece en las primeras civilizaciones y hay quienes sostienen que es inmanente al ser humano; sin embargo, la ciencia la descarta «como una condición genética», pues sostiene que se trata de la pobreza ética que existe en todas las sociedades, del odio a la transparencia. Nadie, individual o colectivamente, ha podido erradicarla, y los mejores esfuerzos para lograrlo, con resultados altamente positivos, se observan en Nueva Zelanda y los países nórdicos (Dinamarca, Finlandia, Islandia, Noruega y Suecia), donde los pueblos confían en sus gobiernos, vecinos y Estado; donde denunciar el fraude «es un deber civil natural»; donde la equidad social y económica es real; donde se respeta la independencia de poderes y se imparte justicia verdadera; donde se aborrece y desprecia la corrupción. Sin duda que, si el resto de naciones los emulara, por supuesto, este sería un mundo mejor.

Buen artículo y muy triste realidad