En un extenso valle llamado Transparencia vivían muchos animales que elegían cada cierto tiempo a quienes administrarían los graneros, los caminos, los puentes y las reservas de agua de la comunidad.
Entre ellos destacaba un elegante pavo real llamado Don Plumaje. Había llegado al poder prometiendo cuidar cada semilla del pueblo y construir obras para todos. Al principio, los animales lo admiraban porque recorría los caminos saludando a todos y hablaba de honestidad y servicio.
Pero con el paso del tiempo, algo cambió.
Don Plumaje comenzó a rodearse de un grupo de amigos zorros que siempre le decían lo mismo:
—No escuches las críticas. Eres el mejor administrador que ha tenido este valle de Antonio Ante y de Esmeraldas.
Cada día el pavo real pasaba más tiempo contemplando su reflejo en los espejos de su palacio y menos tiempo revisando las cuentas de los graneros.
Las preguntas en la comunidad
Mientras tanto, entre los animales reunidos en las canchas de vóley empezaron a surgir preguntas.
La hormiga contadora preguntó:
—¿Por qué algunos contratos siempre terminan en las mismas patas?
El castor constructor preguntó:
—¿Es verdad que ciertos proveedores deben entregar parte de sus ganancias para obtener trabajo?
La lechuza observadora preguntó:
—¿Cómo es que algunos funcionarios comenzaron su gestión con modestos nidos y ahora poseen mansiones en las colinas?
El conejo agricultor preguntó:
—¿Los recursos del pueblo están financiando obras necesarias o campañas para las próximas elecciones?
Y el colibrí trabajador preguntó:
—¿Por qué hay tanto temor a mostrar las cuentas si todo se ha hecho correctamente?
Las preguntas se multiplicaron por todo el valle de Antonio Ante y Esmeraldas.
Molesto, Don Plumaje respondió:
—¡Quien me cuestiona está contra mí!
Pero la vieja tortuga de la justicia lo corrigió:
—Te equivocas, señor alcalde. La fiscalización no es enemiga de la autoridad. Es la mejor amiga de quien administra con honestidad.
La llegada de la fiscalización
Pasaron los meses y un día llegó al valle una comisión de búhos auditores. No fueron únicamente a revisar la gestión del pavo real. También visitaron a los lobos prefectos, a los zorros concejales, a los monos administradores y a todos aquellos que manejaban recursos del pueblo.
Algunos se sintieron ofendidos.
Otros intentaron victimizarse.
Pero los búhos respondieron:
—No venimos a condenar a nadie. Venimos a verificar. Quien sea inocente saldrá fortalecido. Quien haya abusado de la confianza pública deberá responder.
Entonces ocurrió algo inesperado.
Muchos animales honestos celebraron la revisión de sus cuentas porque pudieron demostrar que cada moneda había sido utilizada correctamente.
Y aquellos que habían confundido el servicio público con un negocio privado comenzaron a preocuparse.
La tortuga reunió al pueblo y dijo:
—La transparencia no persigue a nadie. La transparencia protege a todos.
—Cada contrato irregular detectado a tiempo es una escuela que puede construirse.
—Cada sobreprecio evitado es un camino que puede repararse.
—Cada acto de corrupción sancionado es un hospital que puede equiparse.
—Y cada autoridad honesta que demuestra la limpieza de su gestión fortalece la confianza de la comunidad y tendrá derecho a su reelección.
Don Plumaje bajó la mirada.
Por primera vez dejó de observar su reflejo en los espejos y empezó a observar las necesidades del pueblo.
Y comprendió que ningún cargo público es un privilegio para enriquecerse, sino una responsabilidad para servir.
Desde entonces, en el valle de Transparencia quedó escrita una frase en la plaza principal de las canchas de vóley:
«Quien administra recursos del pueblo no debe temer las preguntas; debe estar preparado para responderlas.»
Moraleja
La soberbia lleva a las autoridades a creer que están por encima del control ciudadano. Pero en una verdadera democracia, la rendición de cuentas no es una ofensa, sino una obligación. La fiscalización no debilita a los gobiernos honestos; los fortalece y protege los recursos que pertenecen a todos.

Muy buena comparación que lleva a una toma de conciencia y a la honestidad en el manejo de fondos públicos. Gracias Sr. Periodista.