“El Súper Niño”
Por Ab. Sucre Calderón Calderón.
En el último “Niño”, en la provincia de El Oro, existían muchas bananeras que tenían sus plantaciones junto a la ribera del río Jubones. Algunos bananeros levantaron muros junto al río, hasta de dos metros de altura; otros no, alegando que no tenían dinero. Justo el río Jubones penetró por dichas bananeras y las destruyó, afectando también a las otras bananeras que sí habían construido dicho muro.
Cuando se hace una advertencia, como la del Súper Niño, como la que ha hecho el presidente Noboa Azín, los problemas los crean los propios advertidos. No creen: “El presidente Noboa está exagerando”, dicen; “No ha de ser tan fuerte”, dicen unos; otros acuden a una respuesta más común: “No tenemos plata”.
El presidente Noboa Azín, que conoce de fuente cierta lo que se dará en el océano Pacífico, entre las costas de China continental y las islas Galápagos, debería recurrir a los organismos de crédito internacional por préstamos emergentes no reembolsables o al 1% de interés a largo plazo, para realizar las obras necesarias para paliar los posibles daños que este fenómeno marítimo pudiese causar a nuestras costas, en especial a las de las provincias de Manabí y de Esmeraldas, al igual que a las provincias de la Sierra y del Oriente, por los estragos que causan las lluvias: inundaciones, derrumbes, puentes caídos y otros desastres, como ha ocurrido en la actualidad en la provincia sur del Oriente ecuatoriano, en Zamora Chinchipe, donde la sra. gobernadora y cinco de sus diez acompañantes acudieron a salvar a las personas de tal sector, sin que hasta la presente fecha aparezcan.
He escuchado por la radio y la TV a muy pocos prefectos que han anunciado las obras emergentes que han realizado, como el drenaje de ríos, la limpieza de canales de riego, la profundización de estos y quizás muros ribereños; pero no he escuchado a los alcaldes de Guayaquil, de Babahoyo, Jujan, Vinces, Milagro y otros sitios que se encuentran en las riberas de sus ríos: ¿qué están haciendo? Al igual que en las costas de Santa Elena, no sería mala idea que junto a las playas de tales poblaciones pongan grandes rocas para evitar que las aguas del mar inunden tales sectores, como se lo hizo en Salinas, años atrás, para construir un espigón para los yates de vela y de paseo en el S.Y.C. Pero el costo del traslado no lo permitirá y el tiempo para hacerlo podría ser demasiado corto.
La situación es muy incierta. Solo me queda rogarle a Dios y a la Dolorosa del Colegio que nos proteja una vez más y nos salve de una catástrofe.
