10 agosto, 2026

Fábula No. 22: La lechuza, los ecos y el bosque digital

En este mundo invadidos por la información, a los que somos viejos y divorciados con la tecnología a veces nos está quitando el pensamiento crítico y pensamos que la culpa es de esa palabra que invade todas las redes sociales, los algoritmos, que están decidiendo por nosotros. De eso se trata esta fábula, un tema de jóvenes interpretado por un viejo que odia en retiro.

En la Universidad de Navarra, España, en octubre del 2024 nos dieron charlas sobre diferentes tópicos de la tecnología, incluida la inteligencia artificial. Lo que logré comprender es que «los algoritmos no son buenos ni malos. Son como un espejo que aprende de nosotros. El problema comienza cuando dejamos que el espejo piense por nosotros». La fábula es la No. 22 y comienza así:

En un inmenso bosque vivía una lechuza llamada Sofía. Cada noche observaba cómo los animales se reunían alrededor de unos extraños espejos mágicos que les mostraban noticias, historias y conversaciones de todo el bosque.

Un día, el conejo publicó en uno de aquellos espejos:

—¡Encontré una zanahoria gigante!

Muchos animales lo miraron, comentaron y compartieron la noticia. Entonces ocurrió algo curioso: el espejo comenzó a mostrar la historia del conejo a más y más animales.

La ardilla observó aquello y preguntó:

—¿Quién decide qué vemos en estos espejos?

La lechuza respondió:

—No es un rey, ni un juez, ni un consejo. Son los Ecos Invisibles.

—¿Y quiénes son esos? —preguntó el venado.

—Son reglas ocultas que observan qué nos gusta, qué compartimos, cuánto tiempo miramos algo y con quién hablamos. Luego deciden qué mostrarnos después.

Los animales quedaron sorprendidos.

Pasaron los días y el lobo comenzó a publicar mensajes alarmantes:

—¡El río se va a secar! ¡El bosque está en peligro!

Muchos animales reaccionaban con miedo y compartían sus mensajes sin verificar nada. Los Ecos Invisibles notaron que esas publicaciones llamaban mucho la atención y empezaron a mostrarlas cada vez más.

Pronto, todo el bosque hablaba del supuesto desastre.

Pero una tortuga sabia decidió investigar. Caminó hasta el río y descubrió que el agua seguía corriendo normalmente.

Entonces reunió a los animales y les dijo:

—Los espejos mágicos no siempre muestran lo más verdadero; muestran lo que más nos hace reaccionar.

La lechuza asintió.

—Los Ecos Invisibles son útiles para encontrar lo que nos interesa, pero también pueden encerrarnos en una cueva donde solo escuchamos lo que ya pensamos o sentimos.

Desde entonces, los animales aprendieron a hacer tres cosas antes de compartir cualquier mensaje: verificar, reflexionar y contrastar.

Y aunque los Ecos Invisibles siguieron funcionando, ya no gobernaban las mentes del bosque.

Porque los animales descubrieron que la inteligencia más importante no era la del espejo, sino la de quien lo observaba.

Moraleja

Los algoritmos pueden decidir qué aparece ante nuestros ojos, pero solo nosotros decidimos qué creer, qué compartir y qué pensar. La tecnología guía la atención; la responsabilidad guía la conciencia.

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