10 agosto, 2026

Y se quedó en silencio la Ciudad de la Furia

Se quedó en silencio la Ciudad de la Furia, un día frío y nublado que anunciaba una final que no esperaban… Buenos Aires se preparaba para celebrar la victoria. La gente se concentró en distintos sitios para ver el partido, con la intención de terminar el festejo en el Obelisco. El silencio expectante se interrumpía por los gritos de aliento y de felicidad, hasta el minuto 106 de la prórroga cuando llegó el gol de Ferran Torres … Y de ahí hasta el silbato final de la Copa Mundial de la FIFA 2026 en el MetLife Stadium de Nueva Jersey… Un silencio sepulcral.

España ganó su segunda corona, es el nuevo monarca del fútbol mundial, tras vencer 1-0 a la defensora del título, Argentina. En redes sociales estalló la alegría porque al fin un equipo bien parado, frenaba a una selección albiceleste que llegó a la final manchada por las sombras del debate internacional. Como sabemos, la euforia por el espectáculo en la cancha ha coexistido durante todo el campeonato con un encendido debate en las plataformas digitales y medios deportivos sobre la disparidad de criterios institucionales y el supuesto favoritismo de la FIFA hacia la delegación argentina. 

Muchos piensan, me incluyo, que la justicia del fútbol premió a la Roja. El equipo dirigido por Luis de la Fuente completó un torneo impecable. Tras liderar sólidamente el Grupo H, España superó con solvencia y autoridad a rivales de gran peso histórico como Portugal, Bélgica y Francia. España no solo sumó la segunda estrella masculina a su escudo, igualando a Francia y a Uruguay, sino que concretó un hito sin precedentes en la era moderna: ostentar de manera simultánea los mundiales vigentes en las categorías masculina y femenina. ¡Lo vivimos!, la final ante Argentina fue de alta tensión, aunque el combinado español impuso condiciones y asfixió el mediocampo rival, se topó constantemente con una muralla defensiva apuntalada por las atajadas de Emiliano Dibu Martínez. Incluso jugando en inferioridad numérica tras la expulsión de Enzo Fernández antes del tiempo extra, tarjeta roja que medio mundo aplaudió, el conjunto sudamericano resistió admirablemente. 

Las dos caras del mundial.

Pese a ser historicamente un gran equipo, no se puede ignorar el escándalo por el “favoritismo” de la FIFA. El debate sobre el mal arbitraje y la permisividad con la Selección Argentina marcó gran parte de la narrativa de la Copa Mundial 2026. Los datos oficiales exponen una realidad numérica clara: Argentina terminó el torneo como el equipo que más faltas cometió en todo el Mundial (113 infracciones en total). 

Hay tres puntos importantes en este tema del “favoritismo”: 

  1. Desviación estadística en penales y tarjetas: Los rivales de Argentina sufrieron una desviación positiva inusual en el volumen de castigos: de 13 oponentes analizados en el último ciclo, 8 recibieron un promedio sustancialmente mayor de penales en contra y 10 acumularon más amonestaciones de las que registraban habitualmente en el resto del torneo. Esta ventaja ha sido interpretada como un factor de protección arbitral sistemático. 
  2. Disparidad en concesiones y protocolos: Claro descontento debido al manejo de los permisos institucionales por parte del ente regulador. Tras el fallecimiento del exjugador argentino Antonio Ubaldo Rattín, la Asociación del Fútbol Argentino (AFA) solicitó autorización para portar un brazalete negro en señal de duelo, petición que la FIFA aprobó de inmediato. La polémica estalló porque, apenas una semana antes, la federación de Francia había solicitado un gesto idéntico en memoria de la madre de su seleccionador, Didier Deschamps, el cual fue denegado de forma tajante bajo el argumento de mantener una estricta neutralidad institucional. Las redes sociales y los medios internacionales calificaron este hecho como una muestra clara de un doble estándar organizativo. 
  3. El Factor comercial de Lionel Messi: Desde una perspectiva de industria, diversos analistas deportivos señalan que el magnetismo comercial de Lionel Messi lo convierte en el activo más valioso de la FIFA de cara a los patrocinadores, la venta de derechos televisivos y el impacto cultural en Norteamérica. Bajo esta teoría, asegurar la permanencia de Argentina hasta las instancias definitivas garantizó un retorno económico exponencial para la organización, lo que inconscientemente influyó en las decisiones operativas, de calendario y de asignaciones arbitrales del campeonato. Un estudio realizado por la consultora digital DINAMIC reveló que más del 90% de las conversaciones de los usuarios en plataformas como X (Twitter) y TikTok mostraron un sentimiento negativo y de desconfianza hacia la gestión tecnológica (VAR) y arbitral de la FIFA, evidenciando que la percepción de un presunto beneficio es una corriente ampliamente extendida entre el público internacional. 

 

Un ente aparte: El Caso de Lionel Messi.

A nivel individual, Lionel Messi cometió únicamente 2 faltas reglamentarias en los 7 partidos que disputó en el torneo. En su caso, las quejas del público no se centraron en faltas cometidas por él, sino en reclamos de que los árbitros supuestamente castigaban con mayor severidad las entradas que recibía, o bien por protestas airadas hacia los colegiados (como las ocurridas en la semifinal ante Inglaterra) que no terminaron en tarjeta por desobediencia. Hay una jugada específica de Messi, objeto de duras críticas, ocurrió durante el debut de Argentina en la fase de grupos contra Argelia. Alrededor del minuto 30, Lionel Messi cometió una infracción sobre el defensor argelino Aissa Mandi y, en la inercia de la caída, terminó asentando los estoperoles de su botín directamente sobre el gemelo/pierna del rival. Esta acción desató la polémica arbitral más grande en torno al capitán argentino durante el torneo. El debate sobre si debió ser expulsado divide las opiniones bajo algunos criterios técnicos: Hay quienes sostienen que Messi debió ser expulsado, (incluyendo analistas de la prensa internacional y la delegación de Argelia) se basan en la rigurosidad del reglamento de la FIFA para la Copa del Mundo 2026: El pisotón fue directamente en una zona blanda y desprotegida (el gemelo). Según las directrices arbitrales modernas, cualquier plancha o contacto con los tacos por encima del tobillo que ponga en riesgo la integridad física del rival se tipifica como juego brusco grave. Medios especializados como el diario As señalaron posteriormente que, con el reglamento en la mano, la acción era perfectamente merecedora de una expulsión directa.  

Sin embargo, hay también, argumentos a favor de la No Sanción (Acción Accidental). El árbitro principal del partido, el polaco Szymon Marciniak, observó la jugada de cerca y cobró la falta técnica inicial, pero decidió no mostrar ninguna tarjeta. Los motivos para no expulsarlo fueron tres. La falta de intencionalidad por inercia, la acción se interpretó como un movimiento accidental, ya que Messi no tenía margen físico para retirar el pie o cambiar la trayectoria de su pisada en milésimas de segundo. El Inmediato arrepentimiento, Messi inmediatamente levantó las manos y pidió disculpas a Mandi. Y, el criterio del VAR que determinó que no se trató de un error manifiesto. 

¿Debió ser expulsado? Desde el punto de vista técnico y riguroso del reglamento, sí existían los elementos reglamentarios suficientes para castigar la jugada con tarjeta roja debido al peligro del pisotón. No obstante, el criterio arbitral que imperó sobre la cancha valoró la total falta de intención y la inercia de la carrera, salvando a Messi de lo que habría sido una de las expulsiones más escandalosas de su trayectoria en los Mundiales. 

Hablemos de periodismo…

Un asunto importante que no quiero dejar pasar antes de terminar mi artículo, es el de los comentaristas argentinos, tachados por muchos, como “insoportables”. Toda falta de los rivales la magnificaban, toda falta de Argentina la minimizaban. Cuando el VAR anulaba goles o tarjeteaba a los rivales era justicia y cuando en la final expulsaron a Fernández dieron el grito al cielo. No cantaron el gol de España, y cuando todos queríamos ver a los jugadores españoles festejando, ellos solo enfocaban a Messi llorando. Pienso que los comentaristas deportivos le “jugaron en contra” a su propia selección, ganándose el odio del público. Su narración cargada de fanatismo, aun en otros partidos en los que no jugaba Argentina, fue desesperante. Sumamente parcializados, endiosando a sus jugadores, sobre todo a Messi, de una forma casi enfermiza. 

Un periodismo deportivo, que lejos de ser objetivo, llegó a hablar de las faltas de los jugadores argentinos como “faltas tácticas o técnicas”. Al tratarse de infracciones reiteradas, pero distribuidas entre varios futbolistas y sin excesiva violencia física que permitieron estirar al máximo el reglamento sin activar las amonestaciones. Periodismo deportivo que en redes sociales ha sufrido rechazo multitudinario. 

Chao Messi, hola Yamal.

El Mundial 2026 cierra su telón dejando dos realidades incuestionables. En el plano estrictamente deportivo, España se consolida como la propuesta futbolística más brillante, compacta y justa del planeta. En el plano institucional, la FIFA enfrenta un reto mayúsculo de transparencia y consistencia en sus criterios, pues el ruido de los despachos y las estadísticas arbitrales amenazan con restarle brillo a las gestas que los propios futbolistas conquistan con sudor sobre el césped. 

Y aquí en el silencio de la habitación de un hotel, cuando toda la ciudad sigue tan callada, yo me atrevo a escribir estas líneas congratulándome con quienes pensamos que al final, en La Final, se hizo justicia. Ver el partido, lejos de la multitud bonaerense, fue una decisión acertada. Sufrí el partido y lo  disfruté.

¡Viva España! ¡Viva el Rey!



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