19 agosto, 2026

Fábula No. 20: Antonio Ante ya tiene fábula

La lógica de las trincheras en las elecciones adelantadas de 2026 produce obras no priorizadas y con financiamiento oscuro

Con esta introducción les comparto la fábula No. 20 para mi cantón Antonio Ante.

En un fértil valle rodeado de montañas existía el Bosque de los Anteños, una tierra trabajadora donde vivían venados, conejos, colibríes, zorros, búhos y muchas otras especies que soñaban con prosperar.

Cada cierto tiempo, los habitantes elegían a un Administrador del Bosque para cuidar los caminos, los puentes, los cultivos y las fuentes de agua.

Durante algunos años gobernó un astuto Zorro Constructor. Al principio prometió modernizar el bosque, traer progreso y convertirlo en el más admirado de toda la región. Los animales le dieron su confianza.

Pero cuando se acercaba el tiempo de elegir un nuevo administrador, algo extraño comenzó a ocurrir. De pronto aparecieron caminos nuevos donde antes no estaban previstos, carrozas relucientes llegaron al bosque, se anunciaron obras apresuradas y grandes carteles proclamaban:

—¡Nunca antes se había hecho tanto por ustedes!

Muchos animales aplaudían.

Sin embargo, el viejo Búho, que acostumbraba revisar las cuentas del bosque, empezó a preocuparse.

—¿De dónde sale tanto dinero? —preguntó.

Nadie respondía.

Los castores encargados de las finanzas revisaron los pergaminos de planificación y descubrieron que muchas de aquellas obras no aparecían en los planes originales aprobados por la Asamblea del Bosque.

Entonces surgieron rumores.

Los venados comentaban entre sí:

—Dicen que el próximo administrador recibirá una montaña de deudas.

Los conejos murmuraban:

—¿Quién pagará estas nuevas carrozas?

Los colibríes preguntaban:

—¿Por qué las obras aparecen justo cuando se acercan las elecciones?

Pero cada vez que alguien formulaba una pregunta, los partidarios del Zorro respondían:

—¡Estás contra el progreso!

Y los opositores replicaban:

—¡Todo es corrupción!

Pronto el bosque dejó de discutir soluciones y comenzó a dividirse en bandos. Unos defendían al Zorro. Otros querían expulsarlo. Nadie hablaba ya del futuro del bosque. Solo importaba derrotar al adversario.

Al observar aquello, una anciana Tortuga convocó a una reunión.

—Compañeros —dijo con serenidad—, el problema no es únicamente el Zorro ni quienes se le oponen. El verdadero peligro es que hemos convertido las elecciones en una guerra.

Los animales guardaron silencio.

—Cuando un gobernante construye pensando únicamente en reelegirse, las obras dejan de servir al pueblo y comienzan a servir a la campaña.

—Cuando los ciudadanos votan por odio, dejan de exigir explicaciones.

—Cuando las preguntas se consideran ataques, desaparece la transparencia.

—Y cuando cada nuevo administrador destruye todo lo anterior para vengarse del anterior, el bosque vuelve a empezar desde cero.

El viejo Búho agregó:

—Las deudas no votan, pero las pagan nuestros hijos.

—Las obras pueden verse hermosas, pero si nacen sin planificación ni explicación clara, terminan convirtiéndose en cadenas para quienes vienen después.

Entonces una pequeña Ardilla preguntó:

—¿Y cómo distinguimos el verdadero progreso de la propaganda?

La Tortuga respondió:

—Muy sencillo: el verdadero progreso puede explicarse con cuentas claras, documentos públicos y beneficios duraderos. La propaganda necesita aplausos inmediatos y preguntas prohibidas.

Aquellas palabras recorrieron todo el valle. Y cuando llegó el día de las elecciones, muchos animales comprendieron algo que habían olvidado: que el Bosque de los Anteños no necesitaba más bandos. Necesitaba rumbo. No necesitaba salvadores. Necesitaba administradores responsables. No necesitaba discursos de guerra. Necesitaba cuentas claras.

Y entendieron que quien busca gobernar debe explicar no solo lo que construye, sino también quién lo paga, cómo lo paga y quién cargará con las deudas mañana. Porque endeudarse sin planificación y ya de salida huele a reelección forzada.

Moraleja

«Un pueblo que vota por revancha entrega su futuro al conflicto; pero un pueblo que exige transparencia, planificación y responsabilidad construye un progreso que sobrevive a cualquier elección. Porque las obras se inauguran en un día, pero las deudas pueden perseguir a varias generaciones.»

Esta fábula dedicada a la actual administración de mi pueblo Antonio Ante mantiene un tono crítico, pero evita acusaciones directas o afirmaciones no verificadas sobre personas específicas. De esa manera, el mensaje político y ciudadano conserva fuerza moral y resulta más difícil de descalificar como un ataque personal.

Suerte a los precandidatos.

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