10 agosto, 2026

Fábula No. 19: El zorro, el maletín y el bosque de los trámites

En un rincón del gran bosque andino vivía un viejo Búho (yo), conocido por llevar siempre consigo un pequeño maletín negro donde guardaba sus semillas, sus credenciales y los pergaminos que acreditaban su oficio de consejero.

Un sábado, el Búho decidió compartir la mesa con su familia en la posada «El Viche del Bosque». Mientras esperaban los alimentos, un astuto Zorro observó desde la distancia el maletín reposando sobre una silla.

Aprovechando un instante de descuido, el Zorro tomó el maletín y desapareció entre los arbustos sin hacer ruido, sin amenazas y sin violencia. Nadie lo vio. Nadie lo detuvo.

Cuando el Búho descubrió la ausencia de su maletín, sintió que le arrancaban mucho más que unas cuantas monedas. Allí estaban sus documentos, sus llaves, sus credenciales y parte de su historia.

—¡Revisen las ramas vigilantes! —pidió el Búho a los administradores de la posada, señalando los ojos mecánicos que observaban el lugar día y noche.

Pero los Castores encargados del establecimiento respondieron:

—Primero debes recorrer el camino oficial. Sin un pergamino de denuncia, no podemos mostrar nada.

El Búho regresó a casa con el corazón pesado. Atuntaqui. Pensó que la peor parte había sido el hurto. Se equivocaba.

A los tres días, luego del feriado del Nene Noboa, emprendió viaje hacia el Reino de la Fiscalía, donde largas filas de Tortugas avanzaban lentamente cargando expedientes. Luego tuvo que visitar el Banco de los Castores para bloquear sus tarjetas. Después acudió a la Casa de los Seguros para llenar formularios interminables. Más tarde recorrió oficinas para recuperar documentos, solicitar copias, firmar declaraciones y demostrar una y otra vez que era quien decía ser.

Mientras tanto, el Zorro ya estaba lejos.

Y el Búho comprendió algo doloroso: en el bosque moderno, el ladrón hurta una sola vez. Pero la víctima revive el hurto, que no fue robo, que es muy diferente, que es con fuerza en las personas o bienes a sustraerse. Cada vez que debe explicar lo ocurrido, cada vez que llena un formulario y cada vez que escucha que la solución depende de una ventanilla más.

Al enterarse de la historia, los animales del bosque discutían sobre si aquello había sido hurto o robo.

El Búho respondió:

—Los sabios decidirán cómo llamarlo según las leyes. Pero para quien pierde sus bienes, sus documentos y su tranquilidad, el nombre importa menos que la necesidad de encontrar justicia.

Y añadió:

—Un bosque seguro no es aquel donde las víctimas aprenden a cuidarse solas, sino aquel donde cada animal, cada negocio y cada autoridad ayuda a encontrar la verdad cuando ocurre un delito.

Desde entonces, los habitantes del bosque comenzaron a exigir más vigilancia, más colaboración y menos indiferencia. Porque descubrieron que cuando un Zorro roba a un Búho y nadie ayuda a encontrarlo, mañana cualquier habitante del bosque puede convertirse en la siguiente víctima. Mañana la víctima puedes ser tú, no te burles.

Moraleja

El delito empieza con la mano del ladrón, pero la impunidad crece con la indiferencia de quienes pudieron ayudar y no lo hicieron. Una sociedad justa protege a la víctima y preserva la verdad antes de que desaparezca junto con las huellas del culpable.

Aclaración necesaria

Siempre pongo como ejemplo a seguir los casos y circunstancias de mis propias vivencias. Este hecho del hurto fue verídico, sucedido en la ciudad de Quito el 23 de mayo de 2026, que te prevengo para que no tengas que sufrir las consecuencias de mi falta de previsión y de la tortura de los trámites burocráticos y judiciales en la Fiscalía, que tiene el turno 13.586 solo de este año 2026, y creo que me tocará resignarme y comprar otro maletín con alarmas incluidas.

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