Me siento incómoda por confesar lo siguiente. Por asuntos familiares debí viajar a Santo Domingo de los Tsáchilas. Era la primera ocasión que lo hacía. Su carretera en una gran extensión es amplia y segura originando tener confianza en el viaje.
Con más tranquilidad a pesar de lo desconocido que me resultaba, fue lentamente cambiando mi estado de ánimo, ¿Por qué? La exuberancia del terreno, ese verdor que significa vida nuestro País lo tiene hasta en sus últimos confines de nuestra territorialidad, sea al norte, sur, este u oeste finalizando con las estribaciones en el Pacífico.
Dios nos ha regalado gran riqueza y variedad ambiental: desierto como el de Palmira, islas entre las más destacadas internacionalmente: Galápagos. Unidas las cuatro regiones constituyen cuatro mundos donde existen todos los climas sin faltar alguno.
La Sierra con su variedad de micro-climas, temperaturas que oscilan entre el 7° a 24°, entreverando dos estaciones: seca y lluviosa, cuya belleza se hallan en las cumbres andinas rondando bajo O°.
La Costa, tropical y cálido con sus veranos que se asemejan a la primavera norteña; el Oriente, tropical húmedo y cálido, producto de su inmenso océano verde; y, Galápagos con clima sub-tropical y cálido, variando entre 16° hasta 31°, pretendiendo enseñarnos la evolución del Planeta.
Entonces ¿Por qué decimos que somos bendecidos con un país bellísimo en y por su Naturaleza?
Vivir en el paraíso no nos hace raros como nos criticó el sabio Humboldt, no nos hace insensibles para apreciar la riqueza natural que tenemos, la vivimos a diario; pero, aquello no nos exonera de vigilarlo y protegerlo. Ojalá no seamos como hijo de millonarios, cuando ese hijo pierde la fortuna de sus padres, ahí lamentará, llorará y se preocupará de su suerte.
Confío en equivocarme y hacer una mala la comparación. Espero no lleguemos a ese extremo, precisamente, por ser *sobrados* sin darle el verdadero cuidado ambiental para el mantenimiento de la vida humana debido a la inmensa contaminación ambiental y agresividad en la explotación y uso de sus recursos naturales.
Actualmente, la minería explotada en su mayoría por extranjeros, anhelantes por no tener en sus países de origen la riqueza que poseemos, debe ser de cuidado extremo para que sea solo nuestro.
Está en nosotros, nadie va a venir a cuidarlo, somos los únicos con derecho y deber proteger y vigilar el futuro de nuestro lindo Ecuador.

Es verdad lo que dices, Regina. La última vez que fui a Manabí, vi una vegetación maravillosa, pero la vera del camino estaba llena de basura. Me acordé de Costa Rica donde han cuidado y mantenido su ecología. Por qué no hacemos lo mismo?