El caso más antiguo que conozco es el del filósofo Platón. De mucha fortuna, mantenía una escuela de jóvenes gimnastas que eran sus favoritos. Tales eran las orgías que se llevaban a cabo, que Platón fue detenido y encarcelado. Tomó la decisión de tomar cicuta, envenenarse y morir.
Siglos más tarde, los españoles armaron una excursión al Oriente ecuatoriano, en busca del país de la canela. En su ruta descubrieron a las amazonas, de quienes viene el nombre del gran río. Las amazonas eran unas mujeres bellísimas, blancas, altas y muy guerreras. Para sobrevivir como grupo humano, utilizaban a los hombres exclusivamente para reproducirse. Presumiblemente eran lesbianas.
Cuando vivía en el centro de Guayaquil, acostumbraba llevar mi automóvil a arreglar al norte de la ciudad. Crucé la calle a una tienda para comprar un cigarrillo; en ese instante una joven de unos 16 años, alta y delgada, enamoraba a la hija de la tendera, luego se fueron juntas.
En algún viaje a la Costa, paré en alguna de las gasolineras de la Ruta del Spondylus para ir picando para el viaje, que era cerca de San José. Cuando estaba pagando en la caja, había dos chicas bajitas, autóctonas (del lugar). La cajera me indicó: «Ellas dos son lesbianas»; las miré y me dijeron: «Sí, lo somos».
Años después, en mi lugar preferido para tomarme un cafecito, un par de jovencitas se tomaban un refresco. Entablamos conversación y me contaron que eran pareja. Una de ellas era manabita, la otra guayaquileña. Se encontraron de casualidad en Cuenca, donde ambas familias habían ido a celebrar las fiestas del 3 de noviembre. Se vieron y se enamoraron a primera vista. Me contaron que estudian Arquitectura y viven juntas en una de las ciudadelas del sector. Podría citar más casos, pero sería abundar demasiado. Lo que sí es cierto es que hay cierto auge del lesbianismo entre las chicas jóvenes.
«Las pijamadas» (invitaciones colectivas a dormir en casa de una compañera) son una buena oportunidad para quienes tienen esa tendencia, pues otro día invitan solo a una compañera. Ellas tienen las mañas para conquistarlas.
Ante el auge de homosexuales y lesbianas mayores y de sus ceremonias matrimoniales, un sacerdote de la iglesia Santa Teresita del Niño Jesús, en la homilía, indicó que el único matrimonio que acepta la Iglesia católica es entre un hombre y una mujer. Fue suficiente motivo para que una agrupación de ellos/as lo enjuiciara ante el Defensor del Pueblo. Las damas de la iglesia recogieron miles de firmas para presentarlas al Defensor del Pueblo, quien las analizó y archivó el caso.
El famoso llamado «Orgullo Gay» está aumentando en número, significativamente. Cada año más de 600.000 personas diferentes desfilan por las calles de Los Ángeles, cogidas de la mano y besándose frente a las cámaras de TV.
Los padres de familia tienen que observar sigilosamente a sus hijas/os sobre su comportamiento, amigos/as y medios televisivos que miran y escuchan, y hablarles de que la naturaleza humana tiene por finalidad el unirse con personas de distinto sexo. Cierto es que existen excepciones, como su renuncia voluntaria: el sacerdocio o aquellos que por anormalidad humana así nacieron.

Apreciado Sucre: has tocado un tema sensible, y al respecto yo lo resumo con tres ideas:
1.- Debemos respetar a las personas homosexuales.
2.- No debemos discriminarlos.
3.- No permitir que se presente el homosexualismo como algo natural. Al contrario, manifestarlo como una anormalidad.