Un mundial que nos trae decepciones, alegrías, derrotas y no sabemos cómo transformar estas heridas abiertas para México, Ecuador, Colombia, EE. UU., Uruguay, Brasil, Alemania, Portugal, Ghana, Japón, Países Bajos, Costa de Marfil, Paraguay, Suecia, RD del Congo, Austria, Croacia, Argelia, Cabo Verde, Senegal, etc., y quién sabe de los sobrevivientes quién sigue en los cuartos de final.
No lo puedo creer, pero esto que nos ocurre en el fútbol nos ocurre en la vida real.
El fracaso es un aspecto con el que todos, inevitablemente, debemos enfrentarnos en la vida cotidiana. Yo mismo soy un cúmulo de fracasos camino al éxito.
La frase de Mandela: “Nunca pierdo, o gano o aprendo” nos recuerda que el fracaso no es, y no debería ser, considerado un elemento negativo. Al contrario, representa una valiosa oportunidad para aprender, crecer y mejorar.
La clave radica en la manera en que reaccionamos ante nuestros fracasos: si los afrontamos de manera constructiva, viéndolos como oportunidades, podemos transformarlos en una herramienta de crecimiento. Por el contrario, si los percibimos como derrotas definitivas o permitimos que socaven nuestra confianza, corremos el riesgo de convertirlos en un obstáculo en el camino hacia nuestros objetivos.
Podemos reflexionar sobre cómo este evento o cualquiera como el mundial de fútbol, que muchos considerarían un “fracaso”, puede ser utilizado como un trampolín para alcanzar el éxito, aprovechando los errores cometidos como punto de partida para la mejora.
A mí me parece fácil aconsejar en mis fábulas, pero qué difícil es aplicar en la práctica.
Lo de fondo es cómo levantarse del fracaso
Uno de los primeros pasos es tomar conciencia de que la derrota es el resultado de una actuación deportiva, del modo en que hemos afrontado la competición, de nuestro compromiso y entrega en el juego. Tanto la derrota como la victoria son la consecuencia de un proceso que se construye con todo lo que hacemos antes, durante y a veces incluso después de la competición.
En este contexto, resulta fundamental enfocarse en lo que no ha funcionado y analizar las causas del fracaso, ya que esto permite desarrollar nuevas estrategias para la futura preparación. Después de una derrota, es útil establecer objetivos realistas y alcanzables, que ayuden a reforzar la confianza y mantener la motivación alta.
De hecho, incluso los mejores atletas y equipos, tras una derrota, establecen nuevos objetivos con el fin de lograr un buen rendimiento, más que un buen resultado. Si nos centramos únicamente en el resultado, corremos el riesgo de generar una presión mental que puede llegar a bloquearnos. En cambio, enfocarnos en el desarrollo de una buena actuación competitiva nos sitúa en las condiciones mentales adecuadas para dar lo mejor de nosotros mismos, lo que también representa un excelente antídoto ante el fracaso: sin remordimientos ni rencores.
Otro factor clave que puede mitigar los efectos negativos del fracaso y reducir el miedo al mismo es la resiliencia. Se conceptualiza como la capacidad de recuperar el nivel normal de funcionamiento tras un evento estresante, como puede ser una derrota como la del mundial de fútbol del 2026.
La resiliencia implica la habilidad de levantarse después de un revés. Los atletas resilientes ven los fracasos como temporales y mantienen una mentalidad positiva. Comprender que el progreso no ocurre de la noche a la mañana ayuda a mantenerse motivado y a perseverar, incluso cuando los resultados no son inmediatos.
Por último, es esencial tratar de no buscar más culpables y evitar ser demasiado duros con uno mismo. La autocrítica excesiva puede aumentar la frustración y esto es una lección para mis fábulas; a veces uso el sarcasmo picante contra los políticos, gobernantes y la corrupción pensando que puedo mejorar el mundo, mi país y mi pueblo Antonio Ante.
A veces ni siquiera puedo con el desamor, la familia, los achaques de la puta vejez, pero sigo vivo con mis 50 fábulas que tratan de los fracasos, de los éxitos y una nueva forma de hacer política sin políticos corruptibles.
