Introducción
En la PUCEM, que educamos a jóvenes que deben salir como profesionales capaces de construir una sociedad donde impere la justicia, la dignidad de la persona, el diálogo y la inclusión; estamos muy preocupados que seas éxitos en ese punto, a lo mejor en la capacidad de repetir un conocimiento y aplicarlo a los problemas de siempre. Pero que nuestra sociedad sea justa, igualitaria y pacífica está lejos de los indicadores de logro de quienes son autoridad, empresarios, directivos de instituciones. Vale escuchar los análisis del Papa León que nos ayuden a pensar en la realidad del tipo de persona que sale de nuestros centros educativos: ¿sabemos usar la tecnología para el bien común o el bien particular? (Introducción de Fabricio Alaña, SJ).
El reto de construir una humanidad más justa
Vivimos conectados, opinamos rápido, estudiamos en pantallas, trabajamos en plataformas y cada vez más decisiones pasan por algoritmos. La inteligencia artificial no es más cosa de películas futuristas: está en los celulares, en las tareas, en los filtros, en las búsquedas, en los videos que se vuelven virales y en las aplicaciones que usamos todos los días. En ese contexto, el capítulo I de la encíclica Magnifica Humanitas del Papa León XIV plantea una pregunta de peso para nuestra generación: ¿la tecnología está haciendo que seamos más humanos o simplemente más veloces, más productivos y más dependientes?
El capítulo se titula “Un pensamiento dinámico fiel al Evangelio”. Puede sonar muy académico, pero su mensaje es muy actual: la Iglesia no quiere hablar del mundo digital desde el miedo ni desde la moda. Quiere discernir. Es decir, ver a fondo, pensar con lucidez y preguntarse qué está pasando con la dignidad humana en medio de tanta innovación. El Papa no se pronuncia a favor o en contra de la IA. La pregunta es más seria: ¿IA para qué?, ¿IA para quién?, ¿IA bajo el control de quién?, ¿IA al servicio de qué tipo de sociedad?
La encíclica recuerda que la Doctrina Social de la Iglesia no es un museo de frases antiguas. Es una tradición viva. Cuando León XIII escribió Rerum novarum, la gran preocupación era la cuestión obrera: explotación laboral, salarios injustos, poder del capital y sufrimiento de los trabajadores. El Papa León XIV nos plantea hoy una nueva cuestión social: la cuestión algorítmica. Ya no se trata solo de fábricas y maquinaria industrial, sino de datos, plataformas, inteligencia artificial, vigilancia, manipulación digital y concentración de poder tecnológico.
Esto va dirigido directamente a los jóvenes. Muchos de nosotros utilizamos IA para estudiar, resumir, escribir, diseñar, traducir o para resolver problemas. Eso puede ser positivo. La tecnología puede ayudarnos a aprender mejor, a incluir a personas con discapacidad, a facilitar investigaciones, a conectar comunidades y a abrir oportunidades. Pero también nos puede volver más dependientes, menos críticos, más impacientes y más manipulables. Si utilizamos IA para dejar de pensar, para copiar, para aparentar o para atacar, entonces no estamos creciendo: estamos renunciando a nuestra libertad.
Por eso, el capítulo I insiste en el discernimiento. La Iglesia no pretende reemplazar a científicos, docentes, programadores o legisladores. Su aporte es recordar un dato básico: la persona humana no puede ser reducida a dato, perfil, rendimiento o consumidor. Un joven no vale por sus métricas, sus notas, sus seguidores, su productividad, ni por su capacidad de adaptarse a la tecnología. Vale por su dignidad. Esa es una idea profundamente cristiana y, al mismo tiempo, profundamente humana.
Una imagen muy potente de la encíclica es la de Babel. Babel representa el deseo de poder sin Dios, sin comunidad y sin respeto por la diversidad. Hoy podríamos hablar de una Babel digital cuando la tecnología se usa para dominar, excluir, enriquecerse sin límites, manipular emociones o convertir a las personas en mercancía. En cambio, el camino de Nehemías representa reconstrucción: trabajar juntos, escuchar, cuidar los lazos y levantar una ciudad más justa. La IA puede servir a Babel o puede servir a Nehemías. Depende de cómo la orientemos.
Aquí entra una clave teológica muy importante: el código no es el Logos. El código procesa datos, información; el Logos, que para la fe cristiana es Cristo, comunica vida, verdad y sentido. Una IA es capaz de producir textos correctos, pero carece de conciencia, corazón y responsabilidad moral. Puede ser de ayuda, pero no debe sustituir nuestro juicio. Puede servir como herramienta, pero no debe convertirse en un ídolo.
Para los jóvenes, particularmente de Manabí, este mensaje tiene una aplicación bien definida. En un país golpecido por la violencia, la desigualdad, la polarización y la desinformación, no podemos utilizar la tecnología para aumentar el odio, los rumores o la indiferencia. Hace falta una cultura digital más humana: verificar antes de compartir, estudiar con honestidad, usar IA con transparencia, crear proyectos que resuelvan problemas reales y no dejar que el algoritmo decida por nosotros qué pensar, qué desear o a quién despreciar.
El capítulo I de Magnifica Humanitas no es un texto contra el futuro. Por el contrario, es una invitación a construirlo mejor. Nos dice que el verdadero progreso no es tener más tecnología, sino en ser más humanos; es decir, empáticos, solidarios y resilientes. La gran pregunta para los jóvenes no es si vamos a utilizar IA. Ya la estamos usando. La pregunta es si seremos lo suficientemente maduros ética, espiritual y socialmente como para utilizarla sin perder la conciencia, la libertad y la capacidad de cuidar a los demás.
La tecnología puede acelerar la historia, pero solo una humanidad con corazón puede orientarla y darle sentido.
Por: Daniel Castillo, docente de Ética de la PUCEM.
Para pensar
¿Cómo sé que los jóvenes saben usar la tecnología?
Por la libertad en emplearla y por los resultados en la sociedad al aplicarla.
¿Qué se requiere en los centros educativos para formar bien?
Producción de proyectos reales que solucionen problemas reales.
¿Cuál es el criterio determinante para saber usar la tecnología?
Discernir siempre en el uso que es un medio y no un fin. El fin es el desarrollo humano.

Excelente gracias por clarificar y expresar sabiamente. Me fue muy util