El día que sea llamado y me toque partir…
Cuando abandone esta vieja piel y comience nuevamente.
Te parecerá que duermo, más no seré lo que soy.
Estaré como ausente, pero aun así pensando..
No tendré miedo y extrañaré tu presencia.
Al recordarte nacerá mi nuevo estado de conciencia.
Cuando esté en el silencio, te oiré.
Nuestro amor va más allá del no respiro y las circunstancias.
En esa transición te necesitaré tan fuertemente que estando ya en el cielo, no será cielo hasta que tú también hayas llegado.
Mi nueva realidad empezará conmigo pero terminará contigo.
De lo que dejo, la peor parte será el dejarte.
No te podré mirar, ni podré besarte.
No te podré tocar, ni podré abrazarte.
Añoraré tus costumbres y tu forma de ser.
Apenas llegue a lo desconocido, te empezaré a construir una estrella…
La haré con amor y paciencia,
No brillara hasta que tu también hallas llegado.
Hasta ese día será sólo sueños, anhelos y espera…
Sin embargo, trataré de no irme del todo
Descubrirás mi presencia en las cosas que te rodean
Si te suceden hechos inexplicables, seré yo quien está junto a ti.
En un atardecer cualquiera,
Al rosarte las pequeñas brisas que acarician tus mejillas,
Serán mis labios con ternura que te besan suavemente por premura.
Lo restante de tu vida, no lo vivas con tristeza.
El camino que te falta recorrer no se compara a lo que comenzaremos a vivir.
Cuando contemples a esa estrella, te estaré esperando en ella.
Porque la vida vive contigo…
Y morirse no es morir.
