13 julio, 2026

Fábula: El zorro y los pozos de fuego

En una extensa llanura llamada Ecuadorian, donde miles de hormigas trabajaban desde el amanecer hasta la noche para llevar alimento a sus hogares, existían unos valiosos pozos de fuego líquido que permitían mover carros, molinos y carretas.

Durante muchos años, el fuego líquido fluyó con normalidad. Pero un día comenzaron a aparecer largas filas de animales frente a los depósitos.

—¡No queda suficiente fuego líquido! —gritaban algunos cuervos.

Las hormigas, preocupadas, abandonaban sus tareas para esperar durante horas bajo el sol.

Sin embargo, el viejo búho del bosque observó algo extraño.

—Si los pozos siguen produciendo igual cantidad de fuego líquido, ¿por qué hay escasez en las gasolineras? —preguntó.

Intrigado, decidió seguir discretamente el rastro de varios zorros comerciantes. Pronto descubrió la verdad. Mientras difundían rumores de escasez, los zorros escondían grandes cantidades de fuego líquido en cuevas secretas. Esperaban que el miedo creciera para luego venderlo a precios más altos.

—Mientras más asustadas estén las hormigas, más monedas ganaremos —se reían.

Las hormigas comenzaron a sufrir. Algunas no podían transportar sus cosechas; otras perdían días enteros de trabajo. El daño se extendía por toda la llanura.

Cuando el cóndor guardián recibió las denuncias del búho y de las hormigas, convocó a los venados vigilantes.

—No basta con anunciar que hay suficiente combustible —dijo el cóndor—. Hay que descubrir quién está escondiéndolo.

Los vigilantes recorrieron el territorio y encontraron las cuevas repletas de reservas ocultas. Los zorros fueron llevados ante el Consejo del Bosque.

—Solo aprovechábamos una oportunidad —intentaron justificarse.

Pero el anciano búho respondió:

—Quien se enriquece provocando necesidad entre los demás no demuestra inteligencia; demuestra falta de honor.

El Consejo ordenó devolver el combustible retenido y sancionó a los responsables. Poco a poco las filas desaparecieron, el trabajo volvió a la normalidad y las hormigas recuperaron la tranquilidad.

Desde entonces, en Ecuadorian se repite una enseñanza que debe pasar de generación en generación:

“No todo el que presume de vivo es sabio. Hay quienes llaman astucia a lo que en realidad es traición al bien común”.

Moraleja

Quien acapara bienes esenciales para lucrar con la necesidad ajena no practica la viveza, sino una forma de robo contra toda la comunidad. El bienestar colectivo exige vigilancia, justicia y responsabilidad ciudadana y abogados que no litiguen solo por el vil dinero en tiempos de crisis. Un aporte de Raíz Ciudadana y la Tercera Vía.

1 comentario

  1. MUY INTERESANTE SU ARTICULO, FELICITACIONES DESDE MONTERREY JAIME POZO PINO EX CONSUL HONORARIO DE ECUADOR EN MONOTERREY

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