Antecedente: la propuesta de reforma de la Ley Orgánica del Sistema y Servicio Eléctrico que presentó la presidenta encargada, Delcy Rodríguez, fue aprobada en primera discusión por la Asamblea Nacional. Permitirá inversiones del capital privado en un sector gravemente deteriorado. Y Ecuador quiere copiar esa ley.
La fábula, que es la número 14 de una serie de 50, dice así:
En un reino rodeado de montañas vivían millones de animales que dependían de la luz que llegaba desde el Gran Sol y de la fuerza de los ríos que descendían desde las cumbres.
Durante muchos años, los guardianes del reino administraron las represas, los molinos y los caminos de la energía. No siempre lo hicieron bien. Algunas máquinas envejecieron, otras fueron abandonadas y algunas terminaron dañadas por la corrupción, la negligencia y la falta de previsión.
Entonces llegaron al reino unos astutos zorros mercaderes conocidos como los Mercaderes del Relámpago.
—Nosotros podemos resolver todos sus problemas —dijeron—. Déjennos controlar los molinos y las represas. Invertiremos nuestras monedas y la luz volverá a brillar.
Muchos animales, cansados de los apagones y las penurias, comenzaron a escuchar con atención.
Sin embargo, una vieja lechuza pidió la palabra en el Consejo del Bosque.
—Antes de entregar los ríos, debemos recordar una vieja historia.
Los animales guardaron silencio.
—Hace muchos años —contó la lechuza—, un pueblo entregó su único pozo de agua a unos comerciantes. Al principio construyeron nuevas tuberías y todos celebraron. Pero cuando el agua se volvió indispensable, los comerciantes elevaron los precios y el pueblo descubrió que ya no era dueño de aquello que le daba vida.
Los zorros se incomodaron.
—¿Acaso desconfías de nosotros? —preguntaron.
—No desconfío de las inversiones —respondió la lechuza—. Desconfío de la entrega irresponsable de aquello que pertenece a todos. El problema no es que el capital privado participe; el problema es que el interés común quede subordinado al interés de unos pocos.
Entonces habló el viejo río:
—Yo nací para servir al reino entero, no solamente a quienes puedan pagar más.
Y el Sol agregó desde lo alto:
—La energía es como mi luz. Puede administrarse con eficiencia, puede modernizarse y fortalecerse, pero jamás debe olvidarse que su propósito es iluminar a todos.
Los animales comprendieron entonces que el verdadero debate no era entre lo público y lo privado, sino entre el bien común y la codicia.
Por ello solicitaron a sus representantes de la Asamblea Nacional que actuaran con prudencia, transparencia y visión de futuro. Les exigieron reparar primero los errores de la gestión, combatir la corrupción, fortalecer las instituciones y garantizar que ninguna reforma convirtiera un derecho colectivo en un privilegio de mercado.
Desde aquel día, cada vez que un gobernante proponía entregar los bienes estratégicos del reino, los animales repetían una frase que quedó grabada en las piedras del Consejo:
—Los ríos pueden recibir ayuda para seguir corriendo, pero nunca deben dejar de pertenecer al pueblo que bebe de ellos.
Moraleja
Cuando un servicio esencial falla, la solución no siempre es venderlo. Los pueblos sabios distinguen entre mejorar la administración de un bien común y renunciar a él. La energía puede admitir inversión, pero jamás debe perder su vocación de servir a toda la sociedad.
Reflexión
Esta fábula deja abierta una posición equilibrada: reconoce los problemas de gestión del sector eléctrico, pero advierte sobre los riesgos de una privatización que no garantice el interés público, algo que puede resultar más persuasivo para lectores de distintas corrientes políticas y dejar de improvisar con leyes de otros países como Venezuela, que es distinta a la crisis energética ecuatoriana.
