Retrocederemos hasta el año 1950.
Mi familia (papá, mamá y hermanos) habíamos llegado a la ciudad de Esmeraldas; íbamos a vivir en ella, ¿por cuánto tiempo?, lo ignorábamos. Lo cierto era que esa decisión la habían tomado los padres y ninguno en la familia podía replicar. Antes era así, eso era respetar a los mayores y aceptar sus decisiones. Por lo tanto, ninguno habló, yo menos que nadie, ya que apenas contaba con ocho o nueve años.
Era la última de siete hermanos, casi no hablaba con los grandes, como yo solía decirles. Por lo regular hablaba una que otra palabra para poder comunicarme con ellos cuando era necesario. Con el que conversaba era con un hermano que era mayor a mí por dos años. Él era mi amigo en esa época de mi vida; él tenía 11 años y yo casi 9. Con ese hermano conversábamos; él me contaba que le gustaría viajar mucho y me decía que había que esperar crecer, estudiar y tener una profesión. Yo lo escuchaba y a veces no sabía qué responderle, ya que yo tenía mi cerebro y mente en otro patín.
En esa época había una revista que se llamaba Billiken, donde salían animales, casitas, arbolitos, etc. Entonces los dos nos dedicábamos a recortar todas esas cosas y formábamos nuestra propia historia. Hasta las seis de la tarde jugábamos, ya que a esa hora nos daban luz y teníamos que hacer otras cosas.
Recuerdos de la infraestructura urbana
Ah, me había olvidado: cuando llegamos a vivir en la ciudad de Esmeraldas, no había luz eléctrica ni agua potable. Se usaban las famosas lámparas de Aladino; había que ponerles kerosene para prenderlas, daban una luz fuerte. Estas lámparas tenían una base de vidrio y era necesario sacarle la parte de arriba para prenderlas; luego no había cómo tocarlas porque te quemabas la mano, por eso cuando se apagaban había que dejar que se enfríen. En lo que se refiere al agua potable tampoco había; se llenaban tanques para tenerlos en casa, así al menos era en la nuestra.
Después de un año hubo luz y agua potable. En ese entonces estaba de presidente del Ecuador José María Velasco Ibarra, una persona muy querida y respetada por los habitantes de la ciudad de Esmeraldas.
El gran incendio de Barrio Caliente
Más o menos en los años cincuenta y uno o cincuenta y dos, era un día cualquiera lleno de sol, un calor que asfixiaba característico de la ciudad de Esmeraldas. Era día de vacación, si no me equivoco, sábado o posiblemente cualquier otro día. Lo que no olvidaré jamás fueron los gritos terribles, la gente que corría y el sonido de una sirena. En esos gritos se lograba escuchar: «¡Incendio, incendio, por Dios! ¡Se quema Barrio Caliente!».
Este barrio quedaba cerca de un colegio llamado Cinco de Agosto; era un colegio superconocido donde estudiaban los jóvenes de la ciudad de Esmeraldas. Al decir jóvenes me refiero a mujeres y hombres. Era un excelente colegio, muy respetado y querido; las personas creían que también se estaba quemando el colegio. Pero no era así, el que estaba en llamas era Barrio Caliente, que quedaba un poco antes del colegio Cinco de Agosto. Hubiera sido una verdadera locura si los chicos hubieran estado en clase.
Este incendio fue terrible, destruyó un barrio muy antiguo y conocido por los habitantes de la ciudad de Esmeraldas. Nadie lo podía creer. Cada una de las personas que aparecían para contar la tragedia decían lo que se les ocurría, que alguien provocó el incendio; en fin, no deseo escribir lo que en esa época escuchaba de los mayores. Muchas personas salían despavoridas de sus casas, solo con la ropa que tenían puestas; todo se les perdió. Fue algo espantoso. Yo, a mi corta edad, me sentía muy mal porque no sabía qué hacer; pasábamos agua con mis hermanos a las personas que deseaban tomar, y eran todas las que tenían sed.
¿Por qué fue el incendio? Ya reflexionando, este flagelo no fue provocado, sucedió por un descuido de una persona que tenía una vela encendida; ella salió de su hogar, un viento botó a la vela, que posiblemente se enredó en alguna cortina y se prendió el fuego. Pero esto sucedió porque en esa época casi todas las casas eran de madera y caña; había sus excepciones, pero eso era en la propia ciudad. Por lo tanto, todo esto contribuyó a que las llamas se extendieran con facilidad.
Se logró extinguir el incendio después de mucho luchar. Del río Esmeraldas, que queda a un costado de la ciudad, sacaban el agua, lo que ayudó mucho a que el fuego se extinguiera.
Reconstrucción y memoria
Al comienzo de este relato comenté que estaba en la presidencia del Ecuador el doctor José María Velasco Ibarra; hay que reconocer que tuvo un gesto maravilloso: al enterarse de lo que pasaba en Esmeraldas, al otro día llegó y organizó gente bastante preparada para empezar la reconstrucción de Barrio Caliente. Una semana después estaban trabajando, logrando en poco tiempo cambiar la imagen; ya no eran casas de caña, ahora eran villas, como se llamaban en esa época, muy bonitas de cemento con jardincito, con baños y servicios higiénicos que no habían tenido. Quedó un lugar muy lindo.
No podré olvidar nunca esa tragedia que marcó la vida de una ciudad entera. Yo, a mis nueve años, fue tal la impresión que hoy sigo recordando esa terrible tragedia. Me quedó dentro de mí como huella imborrable.
Gracias, gracias, gracias por leer mis artículos.

Qué interesante relato! Es una valiosa parte de la historia de Esmeraldas. Gracias por compartir con el público lector estas historias que nos permiten conocer y valorar mejor nuestro pasado.
Qué relato interesante. Me gustó mucho cómo comparte sus recuerdos de la infancia y un momento tan importante en la historia de Esmeraldas. Gracias por preservar estas memorias y compartirlas con nosotros.