Tras la victoria de Ecuador en el estadio sonó la música de Julio Jaramillo con la canción Nuestro juramento.
Increíble. Carmelina Parra nos narra lo que pocos pudimos percibir en esos momentos de euforia para derrotar a una de las máquinas más frías, perfectas y ganadoras en la historia del fútbol del mundo: Alemania.
Vamos al contexto
Ecuador derrotó a Alemania 2 x 1. El estadio estuvo a punto de estallar. Lo lógico sería que el público cantara un grito de guerra o una conquista, pero sucedió algo inesperado: de repente, miles de voces ecuatorianas se unieron en un estadio a miles de kilómetros de sus casas para cantar un bolerito melancólico de los años 50 intitulado Nuestro juramento de Julio Jaramillo, el Ruiseñor de América: «Hemos jurado amarte hasta la muerte y si los muertos aman, después de muerto amarte más».
El internet se volvió loco, se conmocionó con este momento y no es para menos. Lo que sucedió en el estadio es mucho más grande que el fútbol. Es cuando el fútbol se rinde ante el alma; es uno de los triunfos culturales más hermosos que nos ha dejado este mundial.
Hoy, en esta fábula y narrativa, vamos a analizar desde la historia, desde la psicología y la filosofía, ¿por qué entonaron Nuestro juramento de Julio Jaramillo tras vencer a Alemania?
Para los que no son de Ecuador, les quiero contar que Julio Jaramillo es conocido como el Ruiseñor de América y no es solamente un cantante, es un alma pura de Ecuador hecha voz.
Julio Jaramillo nació en Guayaquil y se convirtió en el ídolo absoluto de la música popular latinoamericana cantando pasillos, valses y boleros, música de rocola. De hecho, me atrevería a decir que la mayor parte de los latinoamericanos hemos entonado a grito herido alguna de las canciones de Julio Jaramillo. A mí me ocurría cuando vivía en Colombia, Perú o el Oriente ecuatoriano.
Una de las canciones más emblemáticas justamente es Nuestro juramento. Fue escrita por el puertorriqueño Benito de Jesús e inmortalizada por Julio Jaramillo. Es una canción, si se quiere, trágica, que habla de un amor tan profundo que trasciende a la muerte misma. Para el ecuatoriano no es solamente una música de rocola o de nostalgia, sino que es uno de los signos no oficiales de la banda sonora de sus abuelos, de sus padres, de sus amigos, de sus despedidas, de sus desamores, de sus desencuentros y, por lo mismo, cantarla en un mundial es una forma de llevar un pedacito de su tierra en la garganta.
¿La pregunta es por qué cantarla todos juntos en el clímax de una victoria de carácter deportivo?
El sociólogo francés Émile Durkheim, con su concepto de la efervescencia colectiva, dice que cuando un grupo de personas se reúnen y experimentan una misma emoción intensa, la individualidad desaparece, se disuelve en esa efervescencia colectiva. Es decir, ya no eres tú cantando en el estadio, sino que eres una nación entera y, en ese momento, el estadio deja de ser un lugar profano y se convierte en un templo secular al entonar Nuestro juramento tras derrotar a un gigante como Alemania.
La sociedad ecuatoriana estaba creando un rito de unión, el «sí se puede», y lo hicimos con nuestro propio esfuerzo, con nuestra música, con nuestro dolor de inmigrantes, con nuestro romanticismo.
Análisis psicológico: el inconsciente colectivo
Desde la psicología, en el concepto del inconsciente colectivo, dicen que existen memorias, símbolos o arquetipos de nuestros antepasados.
Julio Jaramillo funciona en ese contexto como un arquetipo. Cuando suena esa guitarra y esa voz, el cerebro del hincha ecuatoriano no solamente escucha una melodía, sino que se activa en él un código genético y emocional que despierta la memoria del que tuvo que migrar, y vuelve por un momento a las calles de Quito, Guayaquil, Antonio Ante y de todas las ciudades del país.
Psicológicamente la canción actúa como un ancla y, en medio de ese caos y adrenalina del mundial, el inconsciente colectivo busca un refugio seguro, un lugar que huele a casa, y para Ecuador ese refugio, ese calor de hogar, tiene nombre y apellido: Julio Jaramillo.
Análisis filosófico: la razón contra la pasión
Esto nos lleva al análisis filosófico. El español Miguel de Unamuno nos regala una reflexión poética de este suceso que tiene el choque de dos mundos: Alemania, que representa la filosofía de la razón pura, la eficiencia, la máquina, el cálculo; y, por otro lado, está el Ecuador celebrando con una canción que destila melancolía y dolor. En su obra Del sentimiento trágico de la vida, Miguel de Unamuno nos enseña que el alma hispanoamericana está profundamente atravesada por la tragedia y la pasión.
En otras palabras, los ecuatorianos no somos de victorias frías, somos profundamente apasionados. En la conciencia del dolor y la muerte es donde más se reafirma el amor por la vida; entonces, cantar sobre la tristeza y sobre el amor eterno en el momento de mayor gloria deportiva es la máxima y la más bella rebelión filosófica al derrotar a la máquina alemana, demostrando que el espíritu humano herido, apasionado, romántico, siempre será más fuerte que la fría estadística de los pitonisas deportivos de nuestro país.
Para los músicos famosos, en cambio, nos revelan que la música no es como las demás artes: la música no imita a la realidad, es la realidad misma.
Por eso, cuando cantan los ecuatorianos en el estadio la música de Julio Jaramillo, es la copia directa de la voluntad del universo, no estamos solo haciendo música. Y es aquí cuando las lágrimas fluyeron en mi ser y ya no me importa el resultado de los demás encuentros, sino que al escuchar a jóvenes y viejos cantar Nuestro juramento de Julio Jaramillo, la identidad durará para siempre. La victoria no solo se quedará solamente en el marcador; nos recordará siempre que no hay triunfos válidos si nos olvidamos de dónde venimos, de las tradiciones de nuestros ancestros.
Tumbar a Alemania para mí fue un acto de resistencia cultural muy hermoso. Es decirle al mundo que los gigantes de Europa pueden tener la táctica, la tradición, la máquina y la estadística, y nosotros tenemos el alma, y solo nos basta con nuestro juramento.
