En un valle cercano a Ecuador habitaba una gran comunidad de gorriones que cada cierto tiempo elegían a quien debía guiarlos durante los años venideros.
En la ocasión del 31 de mayo del 2026 aparecieron tres candidatos, pero en la realidad solo dos de izquierda y otro de derecha: Cepeda y De la Espriella.
El primero era un viejo búho que había dedicado toda su vida a observar el bosque. Conocía los secretos de los ríos, comprendía los ciclos de las estaciones y hablaba de justicia, prudencia y armonía. No poseía grandes riquezas ni prometía abundancia inmediata. Su mayor virtud era pensar antes de actuar: Iván Cepeda.
El segundo era un astuto zorro. Era enérgico, elocuente y hábil para convencer. Prometía caminos más rápidos, árboles más altos y cosechas más abundantes. Su discurso fascinaba a las aves porque ofrecía resultados inmediatos.
Llegó el día de la elección, el 31 de mayo del 2026.
Muchos gorriones escucharon al búho con respeto, pero pensaron que sus palabras eran demasiado profundas para tiempos difíciles.
—Necesitamos soluciones, no reflexiones —decían.
Otros admiraban la inteligencia del zorro. De la Espriella:
—Quizás no sea perfecto, pero sabe cómo ganar y cómo hacer que las cosas funcionen.
Y así, por mayoría, estrecha pero evidente, eligieron al zorro.
Aquella noche el búho regresó silenciosamente a su árbol. Un joven gorrión, que había votado por él, se acercó entristecido.
—Maestro, ¿cómo puede el pueblo rechazar la sabiduría?
El búho respondió:
—No te equivoques. El pueblo nunca rechaza la sabiduría. A veces simplemente prefiere aquello que entiende con facilidad o aquello que le ofrece respuestas rápidas.
—¿Y quién tenía razón, usted o el zorro?
El búho permaneció en silencio unos segundos.
—Eso no lo decidirán las elecciones de segunda vuelta en junio del 2026 —contestó—. Lo decidirá el tiempo.
En ambos casos, cualquiera que gane en junio del 2026, algunas promesas del zorro se cumplirán y otras no. Algunos gorriones o lobistas prosperarán y otros quedarán decepcionados, pero todos los animales deberemos comprender lo siguiente:
No basta con tener un gobernante sabio si carecía de capacidad para actuar. Tampoco bastaba con tener un gobernante eficaz si olvidaba la justicia y la verdad. El bosque necesitaba ambas cosas o mi proyecto de Tercera vía. Necesitaba alas para avanzar y ojos para ver.
Moraleja
Los pueblos suelen elegir entre la sabiduría y la eficacia como si fueran enemigas. Pero el mejor gobernante es aquel que une la virtud del filósofo con la capacidad de actuar del estadista. La democracia no siempre elige al más sabio ni al más fuerte; el tiempo es quien finalmente juzga a ambos.
Reflexión adicional
Esta elección de los candidatos colombianos permite una moraleja aún más profunda: los pueblos suelen obtener no al gobernante que admiran, sino al gobernante que refleja sus prioridades, sus esperanzas y sus temores del momento. Por eso, en democracia, cada elección termina siendo también un espejo de la sociedad que vota.
