13 julio, 2026

Evangelizar es animar

Nuestra Iglesia tiene mucho el oficio de evangelizar como ofrecer sacramentos, ayuda social como apéndices; obras de misericordia se llamaban. De suyo la estructura de una parroquia es administrar sus servicios y bienes, ofrecer sacramentos y catequesis, hacer ayuda social, que hay que hacerlo, pero comprometerse en lo social es otra cosa. Jesús se las jugaba por la gente, se acercaba a los indigentes y no solo daba de comer, daba dignidad, no solo aliviaba dolores: “tu fe te ha salvado”. Si la liturgia es un servicio más de la estructura de la Iglesia, estamos lejos del Jesús de los evangelios que comía en casa de ricos y pobres, llamaba pecadores, se dejaba tocar de prostitutas, bendecía niños, dignificaba a la mujer, le daba su voz. Y agradecía —eucaristía— al Padre del Cielo, por revelarse a los sencillos.

Los dos últimos Papas que el Espíritu de Dios nos ha regalado a la Iglesia y a la humanidad: Francisco y ahora León, son un ejemplo de cómo evangelizar según el estilo de Jesús. Escuchemos hoy a León XIV y demos gracias a Dios por esa manera cercana, sencilla, poética y energizante de animar a la gente a sentir la presencia de Dios en sus vidas, escuchar que nos llama desde nuestra realidad y a evangelizar dando ánimo y no leyes y normas. (Fabricio Alaña, Para ti joven).

Todos atravesamos mares difíciles.

Hay momentos en los que el miedo aparece sin avisar. Momentos en los que los problemas parecen más grandes que nuestras fuerzas. Momentos en los que sentimos que la vida se convierte en una tormenta y no sabemos hacia dónde navegar.

Precisamente sobre eso habló el Papa León XIV durante uno de los encuentros más significativos de su viaje apostólico a España, que se desarrolla del 6 al 12 de junio. El mensaje fue pronunciado el 11 de junio en la Catedral de Santa Ana, en Las Palmas de Gran Canaria, durante un encuentro con obispos, sacerdotes, religiosos, seminaristas y agentes pastorales de las Islas Canarias. Sin embargo, aunque estaba dirigido a miembros de la Iglesia, sus palabras contienen una enseñanza que puede iluminar la vida de cualquier persona. Porque el Papa no habló solamente de religión. Habló de cómo atravesar las tormentas que todos enfrentamos.

El mar como espejo de la vida

León XIV utilizó una imagen profundamente ligada a la identidad canaria. El mar. Ese océano inmenso que rodea las islas y que para muchos representa hogar, esperanza, distancia y desafío. El Pontífice recordó que el mar puede simbolizar también las dificultades que aparecen en el camino de la vida. Las pérdidas. Las enfermedades. Las crisis familiares. Las decepciones. Los fracasos. La incertidumbre sobre el futuro. Situaciones que muchas veces generan angustia y hacen que una persona se sienta perdida en medio de las olas.

La cruz que ayuda a atravesar el océano

Fue entonces cuando León XIV recuperó una reflexión de San Agustín que conmovió a los presentes. El santo explicaba que muchas veces vemos la meta que deseamos alcanzar, pero entre nosotros y ese destino aparece un gran mar que parece imposible de cruzar.

Y agregaba que Cristo nos dejó una herramienta para atravesarlo. La cruz. Lejos de presentar la cruz como un símbolo de derrota, el Papa la describió como una fuente de fortaleza. Porque abrazar la cruz no significa buscar el sufrimiento. Significa aprender a enfrentar la realidad con fe, esperanza y confianza. Significa no huir cuando llegan las dificultades. Significa seguir caminando incluso cuando no entendemos por qué ocurren ciertas cosas.

Las tormentas no tienen la última palabra

León XIV recordó que los santos también atravesaron momentos oscuros. También sintieron miedo. También enfrentaron incertidumbres. También vivieron pruebas difíciles. Pero encontraron una fuerza especial porque no navegaron solos. Confiaron en Dios incluso cuando las circunstancias parecían adversas. Por eso el Papa invitó a mirar más allá de los problemas inmediatos y descubrir que ninguna tormenta es eterna.

Las olas pasan. Las heridas sanan. Los caminos vuelven a abrirse. Y muchas veces las pruebas terminan fortaleciendo el corazón de quien persevera.

El otro gran secreto: no caminar solos

Además de hablar de la cruz, León XIV destacó una segunda actitud fundamental. La comunión. La unidad. La capacidad de permanecer cerca de los demás. En una sociedad cada vez más individualista, donde muchas personas enfrentan sus luchas en silencio, el Papa recordó que nadie fue creado para recorrer el camino completamente solo. Necesitamos comunidad. Necesitamos personas que acompañen. Necesitamos escuchar y ser escuchados. Necesitamos aprender a sostenernos mutuamente. Porque cuando compartimos las cargas, el peso se vuelve más llevadero.

Una esperanza para nuestro tiempo

El mensaje pronunciado en Las Palmas llega en un momento donde millones de personas enfrentan incertidumbres económicas, familiares, emocionales y espirituales. Por eso sus palabras trascienden las paredes de una catedral. Hablan a cualquier persona que esté atravesando una lucha. A quien siente miedo por el futuro. A quien carga una cruz difícil. A quien piensa que ya no tiene fuerzas para seguir.

León XIV recordó que las tormentas forman parte del viaje. Pero también recordó algo más importante. Que siempre existe un puerto. Que siempre existe una esperanza. Y que incluso en medio del océano más agitado, la fe puede convertirse en la brújula que nos ayuda a no perder el rumbo. Porque la vida no consiste en evitar todas las tormentas. Consiste en aprender a atravesarlas sin perder la esperanza. Y en descubrir que, muchas veces, es precisamente en medio de las olas donde encontramos la fuerza que no sabíamos que teníamos.

Para pensar

¿A qué se parecen las tormentas de la vida?

Al mar; dan miedo, pero se pueden atravesar.

¿Qué armas tenemos?

La cruz como fuerza del amor y la comunión para caminar ligeros.

¿Cómo surge la esperanza en la tormenta?

Reconociendo el puerto, la brújula y la fuerza en medio de la debilidad.

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