Un equipo con abultado bagaje, limitado peso y falta de jerarquía nunca restringió la creatividad de unos pocos avivatos para ilusionar a una gran masa de incautos. Hace 24 años la consigna fue aprender, ¿y esta vez? La clasificación fue meritoria con 3 puntos menos y cambio de estratega en el camino. Así, y contra todo pronóstico, la Tri fue segunda en las eliminatorias, especulándose con una destacadísima participación mundialista —cuando menos cuartos de final— que acabó siendo otro fraude más. Mucha influencia mediática para tan pobre espectáculo de sobrevalorados atletas.
Las altamente cotizadas y aburguesadas individualidades del equipo no brillaron y el resto del “apergaminado”contingente tampoco respondió a un cuerpo técnico —de regularzón palmarés— que no sería gravitante en una cita que sobrepasaba su idoneidad profesional. ¿Por qué los “extraordinarios” DT que transitaron por una selección —de supuesta gran vitrina— nunca desembarcaron en Europa?
El medio local no termina de “cuajar” que no se llega a un mundial para experimentar. Se puede clasificar en base a malogrados empates, pero aquello no sirve en los mundiales. Los mandamases de la FEF deberían marcharse, aunque mejor no, porque seguro el Gobierno se infligiría un nuevo autogol —y de media cancha— con otra intervención por 180 días so pretexto de una irreversible insolvencia dirigencial. El resumen del fracaso: mucha bulla, poca calidad, misma mediocridad, pero dentro de la previsibilidad de resultados por estructuras que se resisten al cambio.
Nota: este artículo se publica tal cual redactado antes del partido Ecuador vs. Curazao.
