20 julio, 2026

La Dignidad no se programa ni se negocia

Cada día el teléfono se ha convertido en un aliado, en muchas ocasiones no nos damos cuenta las innumerables veces que le encendemos. Es parte de nuestro despertar, trabajar, estudiar, nos permite relacionarnos con el mundo a través de la pantalla. Cotidianamente, la inteligencia artificial nos organiza el día, las compras, nuestra dieta hasta el punto de darnos respuesta a lo que pensamos. En este proceso de transformación aparece la encíclica Magnifica Humanitas (2026), del papa León XIV, para cuestionarnos a los creyentes y no creyentes  ¿ cómo proteger nuestra humanidad en la era de la inteligencia artificial?

Este instrumento evangelizador tiene su génesis en una convicción sencilla pero exigente; La tecnología ha traído cambios que no sólo les perteneces a los ingenieros, sino a todos, debido a que esta herramienta se encuentra modificando nuestras relaciones, hábitos y la manera de ser personas. Este modelo al parecer reduce costos, pero maximiza ganancias cerrando la puerta a la economía como un servicio del bien común. Este documento resalta que la dignidad humana no depende de la productividad o eficiencia, sino deja claro que es un valor de la naturaleza humana que ninguna máquina puede otorgar o quitar.

En este sentido la encíclica propone la siguiente hoja de ruta que impide perdernos en la reflexión y la praxis.

La primera parada reflexiva responde a la verdad como bien común, toma las palabras de la pensadora Hannah Arendt para advertir que cuando una sociedad deja de distinguir entre lo verdadero y lo falso el ser humano queda vulnerable para ser manipulado, sobre todo, cuando cada día la avalancha de información  causa confusión, zozobra, miedo; por eso, el papa León XIV invita a potencializar una ecología de la comunicación, para cuidar el espacio público, el ambiente, generando un periodismo serio con reglas transparentes que eduquen. Con estos elementos, surge la siguiente pregunta, en medio de tanto contenido ¿seguimos buscando la verdad o nos hemos acostumbrado a creer en lo primero que aparece en la pantalla?

En una segunda parada, la encíclica visibiliza una advertencia a la que le llama “la máquina perfecta” haciendo referencia a la tecnología que nos adormece hasta quitarnos las ganas de hacernos preguntas difíciles, especialmente en estos momentos que vivimos un mundo complejo donde se necesita pensar. El papa pone atención en los jóvenes mostrando una seria preocupación por el uso del teléfono a tempranas edades debido a que este aparato digital les afecta el sueño, la concentración hasta exponerles al acoso y al aislamiento. Por esto, llama a la vigilancia de los padres, autoridades, escuelas a fin de que se pongan límites razonables y aprendan a habitar con criterio y sin demonizar la tecnología.

Una tercera parada presenta como clave la dignidad del trabajo que ante las promesas de productividad lo único que se nota es la falta de empleo; así, este documento denuncia a trabajadores siendo vigilados, con tareas rígidas y repetitivas, perdidas de trabajo por dar paso a las máquinas que los remplazan, dando como resultado sociedades que se construyen tecnológicamente, pero que humanamente se encuentran vacías. Para evitar este caos, la encíclica propone, una formación continua, reglas claras antes de cualquier innovación y la generación de una buena calidad del empleo.

La cuarta parada pone en escenario a la libertad frente al control, debido a la presencia de la llamada economía de la atención que se encuentra diseñada para aprovechar nuestras debilidades psicológicas con el propósito de debilitar poco a poco nuestra libertad interior. Cada clic deja huella y datos que crean un poder enorme que predicen y orientan nuestras decisiones configurándonos en una sociedad donde todo pensamos de manera parecida, esto es moralmente inaceptable dice el santo Padre.

Una última parada, en la que se debe poner más atención consiste en las nuevas esclavitudes que aparecen detrás de la “magia digital”, donde se encuentran menores recabando minerales en condiciones de riesgo inhumano y sin pago, otros, se encuentran etiquetando contenido tóxico hasta el trauma. La encíclica es muy clara cuando manifiesta que no existe un verdadero progreso si éste se sostiene sobre el sufrimiento escondido del otro. Esto nos lleva a esta nueva pregunta ¿ estamos dispuestos a mirar lo que hay detrás de nuestras pantallas y actuar con solidaridad, o preferimos no enterarnos?

El mensaje de fondo es esperanzador y exigente, nos invita a mirar a la tecnología no como una enemiga, porque el verdadero riesgo se encuentra en dejar que la eficiencia se convierta en el único valor dejando de lado u oprimiendo la dignidad de las personas. La respuesta no es sólo técnica, es ética, educativa, humana , familiar, empresarial, gubernamental y también de la ciudad de Manta quienes estamos llamados a custodiar lo que nos hace humanos.

Dr. Jeverson Santiago Quishpe Gaibor



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