Esta colección de fábulas, que serán más de 50, podría convertirse en una serie titulada «Fábulas para Ciudadanos Libres» o «Cuentos con Valor», donde cada historia aborde un tema distinto: pensiones, corrupción, clientelismo, seguridad social, educación, cultura, justicia, trabajo, pensamiento crítico, participación ciudadana, desamor, motivación al cambio, etc.
Continuemos con la Fábula No. 4. Puede ser tu caso.
La ilusión de la partida doble
No sé por qué algunos hombres, en los que temporalmente me incluía yo, se empeñan en tener dos o tres mujeres al mismo tiempo.
Tuve una esposa y una amante durante algún tiempo. Al principio me sentía el más inteligente y sabido del mundo; pensaba que estaba ganando por partida doble porque, además, era la época de las vacas gordas: era deportista, escritor medio frustrado, abogado, no me faltaba dinero ni los famosos amigos aduladores.
Pero vinieron las épocas de vacas flacas, los achaques de la salud, la quiebra financiera, el desamor en el hogar y comprendí que, matemáticamente, no puedes con dos, peor con tres.
El costo de la duplicidad
Figúrate: dos o tres cumpleaños al mismo tiempo, en todas las fechas especiales; dos o tres problemas al mismo tiempo, dos o tres conversaciones que recordar, dos o tres mujeres esperando atención, dos o tres gastos al mismo tiempo e igual número de mentiras.
Mientras más tiempo pasaba, menos dinero tenía, menos tranquilidad poseía y menos tiempo quedaba para mí y para mi entorno familiar. Vivía con el teléfono en silencio, borrando mensajes, inventando excusas y rezando para que ninguna me descubriera a la otra. Y si vives en un pueblo pequeño, el infierno es grande.
Al final, se destruyó la comunicación en el hogar y las amantes se hicieron humo porque ya no había el culqui suficiente.
Cierre
Moraleja: Muchos hombres —y mujeres también— creemos que tener dos o tres amores es señal de éxito, sin darnos cuenta de que los años no pasan en vano y que la crisis económica afecta a todos. Yo creo que, al final, no sabemos valorar a ninguna.
Reflexión: Antes de que me critiquen: si medianamente podía hacer feliz a una, ¿cómo iba a poder con dos o tres «facturas»?
No te pierdas la Fábula No. 5; está intrigante y es moralmente aplicable a todos.
