13 julio, 2026

Epitafio de unas elecciones amañadas y a contrarreloj

La celebración de elecciones diáfanas y libres es coyuntural para decidir si un candidato, verdadero o presunto líder de cierta causa o gestión, merece vencer en comicios, inéditamente o en una reelección. Hay sujetos elegidos gracias a un encubierto endoso, por ignorancia de los votantes, quizás por algún merecimiento propio, tal vez por descarte entre candidatos o, incluso, una combinación de estos factores. 

Luego de ejercer funciones, empero, no se pueden ignorar algunas consumadas trapacerías por las que los incautos —quemeimportistas incluidos— votaron en su momento. Para resumir, quien: arrastra problemas sin resolver es torpe, incompetente e inepto; esconde información, infringe la ley y manipula la juridicidad, un mísero leguleyo; sobrefactura cuentas, un vil delincuente; amenaza, creyéndose con poder, un vulgar cobarde y bravucón; ofrece, promete y no cumple, un contumaz farsante.

Los electores merecen su propia suerte, pero ya basta de tanta desidia para censurar a quien nunca estuvo a la altura de un cargo por demás procurado, pero éticamente insustentable, ejercido sin pena ni gloria y, además, con plasmada soberbia, solapadas arbitrariedades y oblicuas discrecionalidades. La historia acaso juzgará, pero ¿por qué insistir por aún más subordinados a ese mismo cacicazgo clientelar? Un voto responsable debe constantemente demandar resultados sin perjuicio de la crítica social. El tiempo, por sí solo, no repara un abuso recurrente, pero irremediablemente expone a los sinvergüenzas y al final hace justicia.



1 comentario

  1. Muy certera la descripción pero, que hacer para que la mayoría de electores “analicen y evalúen” las opciones que les sean mas convenientes?

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